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Revista digital de opinión y debate político de las Juventudes Comunistas de la Región de Murcia

La revolución de los pobres.

Raúl,
Cartagena.

Mucha gente ha empleado su tiempo en proferir insultos indiscriminados al Presidente del Gobierno de Venezuela, Hugo Chávez, y al proceso que se está llevando a cabo en dicho país. Y ya no sólo vienen estas críticas desde medios de comunicación claramente de derechas, que vienen a apoyar los intereses económicos de grupos empresariales como el BBVA, Telefónica o Repsol, sino también desde el grupo PRISA, que desde la época de la transición intentó abrirse mercado entre un público más o menos de izquierdas. Pero que este grupo tenga esta imagen no significa que sus intereses no sean los de todo grupo empresarial. Que El País, la SER, Santillana, Canal Plus, las plataformas digitales o las más de 65 televisiones locales que el grupo PRISA posee bailen al son que dicta el PSOE no quiere decir que dejen de apoyar el neoliberalismo, el imperialismo y el capitalismo tanto o más que el propio PSOE. Si además tenemos en cuenta que de los más de mil millones de dólares anuales que el señor Polanco - dueño del grupo PRISA - exprime a sus empresas el 25% procede de América Latina, no es difícil darse cuenta de los intereses que puede tener este grupo en criticar a un gobierno como el venezolano que no sólo ha parado el proceso de privatizaciones, sino que se niega a vender nada más a multinacionales extranjeras.
Todo esto lo comento porque me hace bastante gracia ver cómo personas que se dicen de izquierdas y dicen realizar análisis más o menos independientes de las versiones oficiales de los grandes medios de comunicación luego van cacareando y recitando constantemente la versión de los hechos que les dicta El País, lo que no deja de ser bastante curioso.

Pero centrándome más en el tema, se acusa a Chávez de ser un dictador, a pesar de que su coalición llegara al poder tras unas elecciones presidenciales que ganó por mayoría, y de que, posteriormente, se sometiera a 5 procesos consultivos: un referéndum para convocar una Asamblea Constituyente, la elección de la Asamblea, otro para aprobar la Constitución, otro para relegitimar los mandatos de presidente y los miembros de la Asamblea, gobernadores, alcaldes, concejales, etc., y otro para elegir a la directiva del sindicato CTV, acusado reiteradamente de corrupción. Excepto estas últimas elecciones (al respecto de las cuales la directiva de la CTV jamás presentó las actas electorales), la coalición de Chávez arrasó literalmente. Entonces, a la vista de lo ocurrido, comenzaron a alzarse voces que, no sin cierta prepotencia, argüían que el apoyo a Chávez venía de una población pobre y analfabeta, como si los analfabetos no sufrieran la explotación en sus propias carnes. ¿Quién dice que los que más directamente sufren las consecuencias del capitalismo, quienes se ven abocados a vivir sin cultura ni conocimientos no puedan rebelarse ante el sistema? Y ¿quién establece una línea que separa a los cultos de los incultos si no es el capital y los intereses de los grupos económicos? No hace falta saber leer para conocer bien lo que es vivir en unas condiciones míseras. El apoyo a Chávez se encuentra en los indígenas, en los marginados, en los intelectuales y en otras capas de la sociedad. El hecho de que la gran mayoría del pueblo venezolano saliera a la calle en abril de 2002 para defender al gobierno legítimamente elegido es bastante significativo.

Pero el apoyo a Chávez no es el mismo que obtenían personajes de lo que se dio llamar el "populismo latinoamericano". El populismo, en su definición, caracterizaba a figuras políticas surgidas de repente que tendían a llevar a cabo medidas de caridad con respecto al pueblo mientras que implantaban un modelo económico neoliberal. Esto aleja a Chávez del populismo, porque, si bien muestra en muchas ocasiones gestos que aquí no son bien recibidos y que podrían ser tachados de populismo (como es el hecho de portar una cruz en algunas de sus intervenciones), y a pesar de que Chávez conoce muy bien cuáles son las condiciones del pueblo venezolano, él no entró en el gobierno haciendo promesas vacías, sino que lo hizo con todo un elenco de leyes que se disponía a aprobar en el parlamento y a poner en práctica. Esto impulsó a numerosas organizaciones indígenas y de izquierdas a integrarse en la coalición de gobierno chavista, que al poco tiempo de llegar al poder comenzó a aplicar las prometidas medidas: prohibición de privatizar los recursos naturales, concesión de microcréditos y ayudas a mujeres, jóvenes, indígenas, pequeños productores agrícolas y personas sin recursos, reparto de las tierras, fomento de las cooperativas, paralización del proceso de privatización de la petrolera PDVSA, poner en práctica formas de gestión directa de la ciudadanía en la sanidad y la enseñanza públicas, combatir el hambre y el analfabetismo, etc. Y todo esto con la clara oposición de PDVSA, de la patronal (FEDECÁMARAS) y de la central sindical, claramente vinculada a anteriores gobiernos, CTV (por cierto, que su colaboración con la clase empresarial ha dado lugar a que se esté creando un sindicato alternativo surgido de la unión del 84% de sindicatos del país).

La unión entre la jerarquía controladora de PDVSA (empresa asociada con la norteamericana SAIC, productora de armas y sistemas de destrucción masiva y muy vinculada a la CIA), la patronal, la CTV y los medios de comunicación privados dio lugar al golpe de Estado fallido de abril del año pasado. Precisamente el hecho de que el clamor popular socavara el golpe de Estado hizo que se optara por otras estrategias. Una que fue muy sonada fue la de pedir que Chávez se sometiera a un nuevo referéndum, algo a lo que él no se niega siempre que se respete la Constitución, que dice que para ello han de pasar como mínimo 2 años de la última elección (y eso será, si no me equivoco, en octubre de 2003). Pero la última y más conocida de estas estrategias fue el paro patronal de un mes: un paro que fue vencido por el hecho de que sólo lo secundaron grandes empresas y de que en la petrolera PDVSA, que congeló su producción, se produjeran rebeliones de trabajadores que ponían en marcha algunas de sus centrales sin el consentimiento de la directiva. Entonces, los oligarcas venezolanos llamaron a las empresas a no pagar impuestos, lo que están secundando únicamente grandes superficies, industrias y medios de comunicación privados.

El proceso bolivariano se está viendo atacado por muchos frentes, incluso se está empezando a hablar de una hipótesis en que el ejército estadounidense tendría como estrategia acorralar a las guerrillas colombianas en los límites de la selva de Venezuela para justificar una intervención en este último país. De momento son sólo hipótesis, aunque se vean sustentadas con algunos datos, pero lo que está claro es que existe un claro interés en hacer caer la economía venezolana, en hacer imposible el proceso, en arrinconar al pueblo venezolano y en poner a la opinión pública mundial en contra del gobierno.

Por todo ello, yo no veo el apoyo al gobierno venezolano como una cuestión de simpatías, sino como el apoyo a un proceso esperanzador que se está forjando en toda América Latina, un proceso de construcción de una alternativa al expolio, a la explotación, al imperialismo, a la pobreza... Un proceso de progreso y de emancipación al que me veo obligado a dar la bienvenida y mi más firme y sincero apoyo.

(Internacional)

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