De la guerra perpetua

Ahora bien, el establecimiento de vínculos entre la red de Ben Laden y el régimen de Sadam Husein es decisivo para legitimar este conflicto, particularmente a los ojos de la opinión pública norteamericana que continúa traumatizada por los odiosos atentados del 11 de septiembre.

Tantos ciudadanos se movilizan en todas partes contra esta guerra porque ningún argumento sólido parece fundamentarla. Y también por esa razón es imposible no preguntarse cuáles son las verdaderas motivaciones de EEUU. Por lo que se ve, los motivos son al menos tres.

En primer lugar, existe la preocupación, que desde el 11 de septiembre de 2001 se ha hecho obsesiva, de evitar cualquier confluencia entre un "Estado canalla " y el "terrorismo internacional". Ya en 1997, William Cohen, secretario de defensa de la administración Clinton, declaró: "Nos enfrentamos a la posibilidad de que actores regionales, ejércitos de tercer orden, grupos terroristas e incluso sectas religiosas traten de obtener un poder desproporcionado por medio de la adquisición y utilización de armas de destrucción masiva". En un comunicado difundido el 11 de enero de 1999 Ben Laden admitía que esta posibilidad era muy real: "No considero un crimen tratar de adquirir armas nucleares, químicas o biológicas ". Y George W. Bush reconoció que esta posibilidad le obsesionaba: " Lo que tememos es que los terroristas encuentren un país fuera de la ley que pueda procurarles tecnología para matar". Para el presidente de EEUU este "Estado fuera de la ley" no es otro que Iraq. De ahí la teoría de la "guerra preventiva", definida el 20 de septiembre de 2002, y que James Woolsey, ex -director de la CIA resume de la siguiente manera: "La nueva doctrina nacida de esta batalla asimétrica contra el terror es la de la "disuasión anticipada" o de la "guerra preventiva". Puesto que los terroristas siempre tienen la ventaja de atacar en secreto en cualquier parte y en cualquier momento, la única defensa consiste en sorprenderlos ahora, dondequiera que se encuentren, antes de que puedan ser capaces de manifestarse ". Por supuesto, no se solicitará autorización alguna de NNUU.

La segunda motivación, no reconocida, es el control del Golfo Arabo-Pérsico y de sus recursos de hidrocarburos. Más de dos tercios de las reservas mundiales conocidas de petróleo se encuentran concentradas en el subsuelo de algunos Estados situados al borde del Golfo: Irán, Iraq, Kuwait, Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Para los países desarrollados, sobre todo EEUU, grandes dilapidadores de energías, esta región desempeña un papel capital y posee una de las claves de su crecimiento y de su modo de vida.

Así pues, cualquier intervención contra países del Golfo es considerada una amenaza para los "intereses vitales" de EEUU. Desde 1980, en su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente James Carter, Premio Nobel de la paz 2002, definió la doctrina norteamericana para esta región. "Todo intento por parte de cualquier potencia extranjera de tomar el control de la región del Golfo Pérsico será considerado como un ataque contra los intereses vitales de EEUU. Y este ataque será repelido por todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar".

Controlada por los británicos desde el final de la primera guerra mundial y el desmantelamiento del Imperio otomano, la región del Golfo ha visto aumentar la influencia norteamericana desde 1945. Sin embargo, dos importantes países escapan al dominio de Washington: Irán, desde de la revolución islámica de 1979, e Iraq, desde la invasión de Kuwait en 1990. La misma Arabia Saudí se ha vuelto sospechosa tras los atentados del 11 de septiembre debido a sus vínculos con el islamismo militante y a la ayuda financiera que hayan podido aportar los saudíes a la red Al Qaeda. Washington considera que no puede permitirse perder un tercer peón en el tablero del Golfo y menos aún uno de la importancia de Arabia Saudí. De ahí la tentación de ocupar Iraq bajo falsos pretextos y de recuperar el control de la región.

Más allá de las dificultades militares, no será fácil la administración por parte de las fuerzas de ocupación norteamericanas de un Iraq libre de Sadam Husein. En la época en la que era lúcido, Colin Powell evaluaba la inextricable dificultad: "Por mucho que despreciáramos a Sadam Husein por lo que había hecho, EEUU no tenía deseo alguno de destruir su país. En los últimos diez años nuestro gran rival en Oriente Medio ha sido Irán y no Iraq. Queríamos que Iraq siguiera ejerciendo de contrapeso de Irán. Arabia Saudí no quería que los chiítas tomaran el poder en el sur de Iraq. Los turcos tampoco querían que los kurdos se separaran del resto de Iraq (...) Los Estado árabes no quería que Iraq fuera invadido y desmantelado (...) Un Iraq dividido en facciones sunita, chiita y kurda no contribuiría a la estabilidad que queremos en Oriente Medio. La única manera de evitarlo habría sido conquistar y ocupar esta lejana nación de veinte millones de habitantes. No creo que sea eso lo que desean los norteamericanos". Sin embargo, esto es lo que actualmente desea el presidente Bush...

La tercera motivación no reconocida de esta guerra es afirmar la hegemonía de EEUU en el mundo. El equipo de ideólogos que rodea a George W. Bush (Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Perle, etc.) lleva mucho tiempo teorizando acerca de este ascenso hacia el poderío imperial de EEUU. En los años ochenta estaban ya en el entorno del presidente Bush padre. Eran los años finales de la guerra fría y, a la inversa de la mayoría de los estrategas que preconizaban un aligeramiento del instrumento militar, ellos alentaban la reorganización de las fuerzas armadas y el recurso a ultranza a las nuevas tecnologías con el fin de devolver a la guerra su carácter de instrumento de política exterior.

Entonces, cuenta un testigo, "el síndrome de Vietnam estaba aún vivo. Los militares sólo querían recurrir a la fuerza si todo el mundo estaba de acuerdo. Las condiciones dadas requerían prácticamente un referéndum nacional antes de que se pudiera utilizar la fuerza. No era posible ninguna declaración de guerra sin un acontecimiento catalizador como Pearl Harbor". Con todo, en diciembre de 1989 este quipo de halcones logró poner en pie con la ayuda del general Colin Powell, sin la aprobación del Congreso ni la de NNUU, la invasión de Panamá (más de mil muertos) y el derrocamiento de Noriega.

Estos mismo hombres dirigieron a continuación la guerra del Golfo, en el curso de la cual las fuerzas armadas estadounidenses realizaron una demostración de superpoderío militar que sorprendió al mundo.

De nuevo en el poder en 2001, estos ideólogos consideraron los atentados del 11 de septiembre el "acontecimiento catalizador" que llevaban esperando mucho tiempo. Nada parece detenerlos ahora. Por medio de la Patriot Act [Ley Patriótica] han dotado a los poderes públicos de un temible instrumento liberticida; han prometido "exterminar a los terroristas", han propuesto la teoría de la "guerra global contra el terrorismo internacional", han conquistado Afganistán, derrocado el régimen talibán y proyectado fuerzas de combate en Colombia, Georgia, Filipinas...A continuación han definido la doctrina de la "guerra preventiva" y justificado, a base de propaganda y de intoxicación, esta guerra contra Iraq.

Aceptan que Washington se concentre en los verdaderos ámbitos de poder a la hora de la globalización liberal: G7, FMI, OMC, Banco Mundial...Pero poco a poco quieren extraer a EEUU del marco político multilateral. Por esa razón han empujado al presidente Bush a denunciar el Protocolo de Kioto sobre el efecto invernadero, el tratado ABM sobre misiles balísticos, el tratado que instituía un Tribunal Penal Internacional, el tratado sobre las minas antipersonas, el protocolo sobre armas biológicas, el acuerdo sobre armas de pequeño calibre, el tratado sobre la prohibición total de armas nucleares e incluso, la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra respecto a los prisioneros de la base de Guantánamo. El siguiente paso será denegar el arbitraje del Consejo de Seguridad, lo que amenazaría de muerte al sistema de NNUU.

Así, pieza a pieza, en nombre de los grandes ideales -la libertad, la democracia, el libre-comercio, la civilización- estos ideólogos proceden a la transformación de EEUU en un Estado militar de nuevo tipo. Y reestablecen la ambición de todo Imperio: rediseñar el mundo, volver a trazar las fronteras, civilizar a los pueblos.

Los colonialistas de antaño no actuaban de otra manera. "Pensaban", recuerda el historiador Douglas Porch, "que la difusión del comercio, del cristianismo, de la ciencia y de la eficacia de la administración de Occidente ampliaría los límites de la civilización y reduciría las zonas de conflicto. Gracias al Imperialismo, la pobreza se transformaría en prosperidad, el salvaje recuperaría la salud, la superstición se convertiría en razón y se instauraría el orden ahí donde antes únicamente reinaban la confusión y la barbarie" 

Para evitar esta deriva lamentable Francia y Alemania, en nombre de cierta idea de la Unión Europea, han decidido ejercer de contrapeso no-hostil a EEUU en el seno de NNUU. "Estamos convencidos", ha afirmado el ministro francés de Exteriores Villepin, "de que es necesario un mundo multipolar y que una sola potencia no puede asegurar el orden mundial".

Se diseña así el esbozo de un nuevo mundo. Podría constituirse en él un segundo polo de poder bien por parte de la Unión Europea si sabe unirse, bien por parte una alianza inédita París-Berlín-Moscú, o incluso por otras configuraciones variables (Brasil- África del Sur-India-Méjico). La iniciativa franco-alemana constituye un paso histórico que saca por fin a Europa de sesenta años de miedos y le permite redescubrir la voluntad política. Un paso tan audaz que, por contraste, ha revelado la actitud pusilánime de algunos países europeos (Reino-Unido, España, Italia, Polonia..) que han estado demasiado tiempo en condición de vasallos.