En nuestro nombre no

¿Cómo se atreve George Bush a pedir la paz a Israel mientras se reúne con Blair para planear una guerra contra Irak y la muerte de miles de inocentes? 

El presidente George Bush llamó ayer a la retirada de Israel de las ciudades palestinas ocupadas por su ejército durante la última semana. 

Disculpó la violencia de Israel, pero sermoneó a los palestinos y al resto de los países de Oriente Medio con la necesidad de prudencia y de una paz duradera. "Las tormentas de violencia no pueden continuar", dijo Bush. "Basta ya."

Lo que se olvidó de decir es que necesita un momento de calma en la crisis actual para desarrollar sus propios planes de guerra; que mientras habla de paz en Oriente Medio, está planeando secretamente un ataque generalizado a Irak.

Este despliegue flagrante de la hipocresía de Bush se exhibirá en el espectáculo de su rancho de Tejas en el día de hoy, con su colaborador Tony Blair entre el conmovido público.

Sí, basta ya. Es el momento de que Tony Blair confiese ante el pueblo británico su parte de responsabilidad en la violencia que se cierne sobre un pueblo inocente.

A medida que se profundiza la crisis en los territorios palestinos ocupados por Israel, Tony Blair se reunirá hoy con George W. Bush para planear un ataque a otro país, Irak.

Su decisión puede condenar a la muerte a más de diez mil civiles. Este es el "escenario medio" que imagina el Pentágono. Si los estadounidenses llevan a cabo su estrategia actual de "guerra total", con los suministros de electricidad y agua de Irak como objetivo, las consecuencias serán aún peores.

No hay ninguna resolución de las Naciones Unidas que ordene esta invasión. Será tan ilegal como la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi, que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. De hecho, bien podría desencadenar una Tercera Guerra Mundial, atrayendo a los países de la región y más allá.

Ahora que Blair viaja al rancho de Bush en Tejas, se alzan los interrogantes: ¿Por qué condena a Irak pero calla sobre el ataque ilegal y sangriento de Israel a Palestina? ¿Por qué no ha exigido que el Primer Ministro Israelí Ariel Sharon cumpla con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, firmadas por Gran Bretaña, y se retire de los territorios ocupados? ¿Por qué no dice nada de los tanques, cañones y francotiradores que Sharon ha enviado contra los civiles, un gobierno disparando a gente inocente, como la anciana sorda baleada por un francotirador israelí cuando intentaba llegar al hospital? ¿Por qué no pidió por lo menos sanciones militares contra Israel, que posee 200 armas nucleares apuntando a las capitales árabes?

El silencio culpable de Blair viene impuesto por el gobierno estadounidense más peligroso de esta generación. La administración Bush está decidida a atacar Irak y apropiarse de un país que resulta ser el segundo productor de petróleo del mundo. Su objetivo es deshacerse de un viejo amigo de EE.UU. y Gran Bretaña, Saddam Hussein, a quien ya no pueden controlar, e instalar a algún otro gamberro obediente en Bagdad. 

Por eso es que ahora Bush dice a Israel que se retire de las ciudades palestinas que ocupó recientemente mientras continúa abasteciendo la máquina de guerra israelí. Los estadounidenses quieren un Israel desenfrenado que les cubra los flancos mientras atacan a Irak y amplían su control por todo el Oriente Medio, cuyo petróleo es hoy más importante que nunca para la hegemonía militar y económica de EEUU.

Durante casi dos meses, Downing Street ha puesto en circulación dos rumores a través del desacreditado sistema de los comunicados anónimos extraoficiales. El primero es que el Primer Ministro desempeñará un papel importante en la reunión de hoy en Tejas, "aconsejando precaución" a Bush. La segunda es que Blair tenía un "dossier de pruebas detalladas" que "demuestran" que Saddam Hussein tiene "capacidad nuclear" y está "investigando una manera de lanzar bombas nucleares poco sofisticadas" y también está construyendo armas químicas y biológicas.

La ficción de Blair como mano apaciguadora sobre la espalda de su amigo tejano se pone en evidencia en las implacables afirmaciones belicosas de Blair, y sus intentos, contra los deseos de sus asesores militares, de enviar a miles de soldados británicos al lodazal de Afganistán donde la "influencia precavida" que Blair tiene en Bush fue testigo de la muerte de 5.000 civiles en los bombardeos, mientras los talibanes y los líderes de al-Qaeda huían.

Aunque se mantiene callado sobre Israel, Blair es el único en Europa que apoya la idea de un ataque a Irak, una nación de 22 millones de personas con la que los británicos no tienen ninguna disputa. Misteriosamente, el "dossier de pruebas" de los peligros que supone el régimen iraquí está "archivado. Esto es porque no existen tales pruebas y porque de repente más de 130 parlamentarios laboristas se han amotinado, incluyendo miembros actuales y anteriores del gabinete. Parece que muchos de ellos se están dando cuenta de que gran parte del discurso de su gobierno durante la "guerra contra el terrorismo" ha sido un fárrago de mentiras y verdades a medias suministradas por el aparato de inteligencia estadounidense, que intenta cubrirse las espaldas porque no supo prevenir los ataques del 11 de septiembre.

La Mentira Número Uno es la justificación de un ataque a Irak: la amenaza de sus "armas de destrucción masiva". Pocos países han experimentado la destrucción del 93% de su material bélico, según declaró Rolf Ekeus, el presidente del cuerpo de la ONU autorizado para inspeccionar y destruir el arsenal iraquí después de la Guerra del Golfo en 1991. Los inspectores de la ONU certificaron que 817 de los 819 misiles de largo alcance iraquíes habían sido destruidos. En 1999 un grupo de expertos del Consejo de Seguridad registró que las principales instalaciones de fabricación de armas biológicas (proporcionadas originalmente por EE.UU. y Gran Bretaña) "han sido destruidas e inutilizadas.

En cuanto a la "amenaza nuclear" de Saddam Hussein, la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA por sus siglas en inglés) informó que el programa de armas nucleares de Irak había sido eliminado "eficiente y efectivamente". Los inspectores de la IAEA todavía siguen viajando a Irak y en enero informaron que Irak se había sometido completamente a las inspecciones. Blair y Bush no lo mencionan nunca cuando exigen que "se se permita de nuevo la entrada a los inspectores de armamento", ni nos recuerdan que los inspectores de la ONU nunca fueron expulsados por los iraquíes, sino retirados cuando se descubrió que había agentes de los servicios de inteligencia estadounidenses infiltrados entre ellos.

La Mentira Número Dos es la conexión entre Irak y los que perpetraron los ataques del 11 de septiembre. Existía el rumor de que Mohammed Atta, uno de los secuestradores de aviones del 11 de septiembre, se había reunido con un agente de la inteligencia iraquí en la República Checa el año pasado. La policía checa dice que este hombre ni siquiera había estado en su país durante ese año. El 5 de febrero una investigación del New York Times concluyó que: "La CIA no tiene evidencia de que Irak haya participado en operaciones terroristas contra Estados Unidos en casi una década, y está convencida de que Saddam Hussein no ha suministrado armas biológicas o químicas a los grupos terroristas relacionados con al-Qaeda".

La Mentira Número Tres es que Saddam Hussein es el que "está impidiendo que los suministros humanitarios lleguen al pueblo de Irak", y no EE.UU. o Gran Bretaña. (Peter Hain, del Ministerio de Asuntos Exteriores). En realidad sucede lo contrario. EE.UU., con la complicidad de Gran Bretaña, tiene bloqueada la entrada de cinco mil millones de dólares en suministros humanitarios para el pueblo de Irak, una cifra récord. Se trata de cargamentos aprobados por la Oficina de la ONU en Irak, que está autorizada por el Consejo de Seguridad. Incluyen fármacos que pueden salvar vidas, calmantes, vacunas y material de diagnosis del cáncer.

En Gran Bretaña esta negativa injustificable raramente sale en las noticias. Cientos de miles de iraquíes, en su gran parte niños, han muerto como consecuencia de un embargo estadounidense e inglés que recuerda a un sitio medieval. El embargo permite a Irak menos de 100 libras esterlinas al año para cuidar y alimentar a cada habitante. Este es un factor primordial en la muerte de más de 600.000 bebés, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Yo he visto las desastrosas condiciones que soportan los niños iraquíes. He estado sentado junto a una médico iraquí en un hospital moderno mientras despachaba a los padres de niños enfermos de cáncer, parte de lo que ellos llaman la "epidemia de Hiroshima", causada, de acuerdo con varios estudios, por el uranio empobrecido que utilizaron Estados Unidos y Gran Bretaña en la Guerra del Golfo, y que ahora llega a través del polvo del desierto. No sólo se niega a Irak equipamiento para limpiar sus contaminados campos de batalla. También se le niegan drogas para tratar el cáncer y suministros hospitalarios.

Mostré una lista de las drogas proscritas que me dieron los doctores iraquíes al profesor Karol Sikora, que, como jefe del programa de cáncer de la Organización Mundial de la Salud, en el British Medical Journal (Gaceta Médica Británica) escribió: ""El material de radioterapia, las drogas de quimioterapia y los analgésicos se ven bloqueados regularmente por los asesores británicos y estadounidenses (al Comité de Sanciones de la ONU). Parece ser que creen el disparate de que estos productos se pueden convertir en armas químicas o de otro tipo". Me declaró que "Casi todas estas drogas se encuentran en cualquier hospital británico. Suena descabellado que no puedan tener morfina. Cuando estuve en Irak, en un hospital tenían un pequeño frasco de aspirinas para 200 pacientes con dolores". Nadie duda que el asesino Saddam Hussein negaría ayuda a su pueblo si viese alguna ventaja en ello, pero la ONU, en palabras del mismo Secretario General, ha dicho que, a pesar de que el régimen podría hacer algo más, por lo menos no ha retenido los suministros.

Dennis Halliday, Secretario General adjunto de la ONU, dimitió en protesta por el embargo, que describió como "genocida". Halliday era responsable del programa de ayuda humanitaria en Irak. Su sucesor, Hans Von Sponeck, también dimitió indignado. El noviembre pasado escribieron: "La muerte de cinco o seis mil niños al mes se debe principalmente a la contaminación del agua, la falta de medicinas y la malnutrición. El retraso de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña en permitir el envío de equipamiento y materiales es el responsable de esta tragedia, no Bagdad".

A los que mencionan estos hechos les acusan los ministros de Blair de hacer la apología de Saddam Hussein, tan unido está el gobierno a la explotación que Bush está haciendo de la tragedia del 11 de septiembre. Esto ha impedido el debate público de la criminalidad de un embargo que ha perjudicado sólo a los iraquíes más vulnerables, y que se agravará con el crimen de atacar a la nación que lo está sufriendo. Aunque la mayoría del público británico lo ignora, las fuerzas aéreas británica y estadounidense han estado bombardeando Irak una semana tras otra durante más de dos años. El coste de esta operación para los contribuyentes británicos es de 800 millones de libras esterlinas al año. El Wall Street Journal informó que Estados Unidos y Gran Bretaña se enfrentan a un "dilema" porque "quedan pocos blancos". "Ya sólo quedan cobertizos", dijo un oficial del Pentágono.

En cualquier ataque a Irak, la ruta de escape de Saddam Hussein está prácticamente asegurada, del mismo modo que estaba asegurada para Osama bin Laden. Estados Unidos y Gran Bretaña no tienen la intención de liberar al pueblo iraquí de un tirano que la CIA describió alguna vez como su "mayor triunfo". Lo último que quieren es la división de Irak en un estado kurdo y otro chiíta aliado del vecino Irán. Lo que quieren es otro Saddam Hussein: uno que haga lo que ellos quieren.

El 13 de marzo el Ministerio de Asuntos Exteriores agasajó al Brigadier General Najib Salihi, un ex comandante de la Guardia Republicana de Saddam Hussein y jefe de la temida inteligencia militar que tomó parte de la invasión de Kuwait en 1990. Ahora subvencionado por la CIA, el general "negó todos sus crímenes de guerra". No es que se le vaya a arrestar en Occidente: en el Ministerio de Asuntos Exteriores, lo consideran una "estrella de ascenso rápido". Es su hombre, y el hombre de Washington.

Los soldados británicos que participen en la invasión tienen derecho a saber los secretos sucios que están impulsando su acción y empeorando el sufrimiento de un pueblo prisionero de una dictadura y de unos juegos de poder internacionales sobre los que no tienen ningún control. Dos semanas atrás los estadounidenses señalaron que estaban preparados para utilizar armas nucleares "de bajo rendimiento", una amenaza repetida por el Secretario de Defensa Geoffrey Hoon.

¿Cuándo se va a levantar Europa? Si los líderes de la Unión Europea se quedan callados a las puertas de semejante peligro, ¿para qué sirve Europa? En este país hay una consigna honorable que clama: En nuestro nombre no. Debemos impedir que Bush y Blair maten a un gran número de inocentes en nuestro nombre; una postura que, de acuerdo con las encuestas, comparte la mayoría del pueblo británico. Debe implementarse un embargo de armas y material militar a en toda la región, desde el Irak de Saddam Hussein hasta el Israel de Sharon. Pero antes que nada, debe terminar el sitio de los pueblos palestino e iraquí.