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Creando el enemigo |
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La
reciente historia de las relaciones entre EEUU e Irak podría servir en
las escuelas diplomáticas y de estudios internacionales como ejemplo típico
de creación de un enemigo. Figura que después resulta útil para múltiples
usos: hacer una guerra, pero también ganar elecciones, aumentar el
prestigio popular o recibir más apoyos de los mundos industrial y
financiero. Tras
ser apoyado por Occidente en la guerra de 1980-88 contra Irán, la invasión
de Kuwait en 1990 facilitó la conversión de Irak en un nuevo enemigo,
del tipo habitual en la geoestrategia del petróleo. Entre las razones que
inicialmente se adujeron en Bagdad para justificar la invasión estaba la
existencia de campos petrolíferos en la zona fronteriza, donde la
perforación de pozos en un país podía perjudicar las bolsas subterráneas
que afloraban en el otro. Hasta
ahí todo parecía comprensible, aunque hoy todavía quede por aclarar el
motivo por el que el dictador iraquí interpretó como favorable a sus
designios la opinión de la embajadora de EEUU, cuando expuso ante ella
sus reivindicaciones contra Kuwait. Al fin y al cabo, en aquellos prolegómenos
de la Segunda Guerra del Golfo, todavía EEUU era visto por Sadam Husein
como uno de los países que le ayudaron en la guerra anterior. Pero las
cosas empezaban a cambiar en Washington. El Derecho Internacional, además,
no podía aceptar la impunidad con la que un pez grande devoraba a otro
pequeño, y la guerra de 1991 produjo los resultados por todos conocidos. La
frustración de Bush I —que
no supo, no quiso o no pudo derrocar a Sadam Husein—
llevó a los estrategas del Departamento de Estado a colgar sobre el
dictador una nueva etiqueta. Esta vez se trataba de considerar a Irak como
un estado bandolero, delincuente, proscrito o cualquiera que sea la
traducción más adecuada para el original epíteto washingtoniano de rogue
state. Otros países ya incluidos en esa lista —Corea
del Norte, Libia, Cuba o Irán—
permitían descubrir ahora un nuevo matiz. Expresado en idioma castellano,
se trata de estados poco fiables... para EEUU. Esto no indica que todos
los demás posean un alto grado de credibilidad. Basta recordar cómo EEUU
y el Reino Unido dejaron en la estacada al pueblo kurdo que, instigado por
ambas potencias, justo al final de aquella guerra se sublevó en el norte
de Irak, zona nominalmente protegida por los aliados. La
creación del enemigo siguió avanzando por etapas. Ya antes de los
atentados del 11-S, eran también intereses petrolíferos los que habían
orientado la atención de EEUU hacia Afganistán. Así que la brusca,
brutal e imprevista aplicación del más crudo terrorismo internacional
sobre las dos capitales —política
y financiera—
de EEUU, aparte de otros efectos, tuvo como resultado la ampliación de la
gama de nuevos enemigos. Ahora se trataba de los "estados que apoyan
el terrorismo", porque desde Washington se acababa de pronunciar el
veredicto final: estamos en guerra contra el terrorismo. Otros países,
como España, llevaban varios decenios afrontando el problema del
terrorismo, pero EEUU sólo abrió los ojos cuando lo sintió en su propia
carne. Entonces
EEUU bombardeó Afganistán para destruir los campos de entrenamiento de
los terroristas de Al Qaeda. Miles de inocentes afganos murieron en ese
intento de apresar a Ben Laden y sus auxiliares más próximos. Se recurrió
a la fuerza militar en lo que hubiera debido ser una operación policial
para destruir una red terrorista. Como tal, fracasó. Más de un año
después, ni el Congreso de EEUU ni sus principales medios de comunicación
se preguntan por el acierto de la operación, si se lograron los objetivos
previstos o si se utilizaron los medios más adecuados. Por el contrario,
cada pocos días se asusta desde Washington a la población anunciando la
inevitabilidad de nuevos ataques y sugiriendo la necesidad de adoptar más
medidas de protección y de limitación de libertades y derechos. En
ese esfuerzo por construir una imagen de enemigo total, se ha comprobado
el pavoroso efecto que produce en la opinión pública la expresión
"armas de destrucción masiva". Aunque sólo EEUU las ha
utilizado dos veces contra población civil japonesa, los medios de
comunicación no escatiman esfuerzos para presentar un caótico panorama
en el que armas nucleares, bacterias, gases o virus se abaten sobre los
inocentes pueblos del mundo desarrollado. Soslayando
el pequeño detalle de que el principal poseedor de armas nucleares en
Oriente Próximo es el estado de Israel, Irak es designado, por el dedo
omnisciente de la Casa Blanca, como la quintaesencia del enemigo: Estado
bandolero, gobernado dictatorialmente, dotado de ingentes recursos petrolíferos
y posiblemente provisto de algunas armas de letales efectos. Aunque no se
diga claramente, existe otra circunstancia: Irak es más fácilmente
atacable y bombardeable que una organización terrorista, de difusa
estructura y tentacularmente extendida por varios países. |