SUMARIO

EL SIGLO XXI

Ignacio Ramonet

Llegados al siglo XXI, fecha mítica, durante mucho tiempo sinónimo de futuro que de ahora en adelante será nuestro presente, ¿cómo no interrogarse sobre el estado actual del mundo ?.

El fenómeno central es que todos los Estados se ven envueltos en la dinámica de la globalización. Se trata de una segunda revolución capitalista. La globalización alcanza a los últimos rincones del planeta, ignorando tanto la independencia de los pueblos como la diversidad de los regímenes políticos.

La Tierra conoce así una nueva era de conquista, como en la época de los descubrimientos y las colonizaciones. Pero  mientras que los principales actores de las expansiones conquistadoras precedentes fueron los Estados, los que ahora se proponen dominar el mundo son empresas y conglomerados, grupos industriales y financieros privados. Nunca los dueños de la Tierra fueron tan pocos, ni tan poderosos. Estos grupos están situados en la tríada Estados Unidos - Europa -Japón, pero la mitad de ellos tienen sede en Estados Unidos. Se trata de un fenómeno fundamentalmente estadounidense.

La globalización no apunta tanto a conquistar países cómo a conquistar mercados. La preocupación de este poder moderno no es la conquista de territorios, como en la época de las grandes invasiones o de los períodos coloniales, sino la toma de posesión de las riquezas.

La conquista se acompaña de destrucciones impresionantes. En todas las regiones del planeta industrias enteras resultan brutalmente dañadas, con los consiguientes sufrimientos sociales: desocupación masiva, subempleo precariedad, exclusión, 50 millones de desocupados en Europa, mil millones de desocupados y subempleados en el mundo. Sobreexplotación de hombres y mujeres y, aún más escandaloso si cabe, de los niños; 300 millones de niños son explotados en condiciones de brutalidad sin precedentes.

La globalización es también el pillaje planetario. Los grandes grupos saquean el medio ambiente con medios desmesurados; sacan provecho de las riquezas de la naturaleza que son el bien común de la humanidad y lo hacen sin escrúpulos y sin freno. Esto se acompaña de criminalidad financiera, vinculada a los medios de negocios y a los grandes bancos, que reciclan sumas que superan el billón de dólares por año, es decir, más que el Producto Interior Bruto (PIB) de la tercera parte de la humanidad.

El mercantilismo generalizado de las palabras y las cosas, de cuerpos y espíritus, de la naturaleza y la cultura, provoca un agravamiento de las desigualdades. Aunque la producción mundial de alimentos básicos representa más del 100% de las necesidades, 30 millones de personas siguen muriendo de hambre cada año, y más de 800 millones están mal alimentadas. En 1960, el 20% más rico de la población mundial disponía de unos ingresos 30 veces mayores que los del 20% más pobre.
¡Hoy, los ingresos de los ricos son 82 veces más altos¡.

De los seis mil millones de habitantes del planeta, apenas 500 millones viven holgadamente, mientras que 5.500 millones viven en estado de necesidad. La fortuna de las 358 personas más ricas es superior al ingreso anual del 45 % de los habitantes más pobres, esto es equivalente a los ingresos de 2.600 millones de personas. 

Tanto las estructuras estatales como las estracturas sociales tradicionales se ven arrasadas. En los países del sur el estado está en quiebra. Se desarrollan zonas sin derechos, entidades caóticas ingobernables que escapan a toda la legalidad y que se hunde en una situación de barbarie, donde sólo los grupos saqueadores están en condiciones de imponer su ley, extorsionando a la población civil.

En un planeta, en gran medida liberado de regímenes autoritarios, donde aparentemente triunfan la democracia y la libertad, regresan con paradójica fuerza censuras y manipulaciones bajo diversas formas, Nuevos y seductores opios de los pueblos proponen una especie de “el mejor de los mundos”, distraen a los ciudadanos e intentan desviarlos de la acción cívica y reivindicativa.

En esta nueva era de alienación, la hora de la world culture la cultura global, y de los mensajes planetarios, las tecnologías de la comunicación desempeñan más que nunca el rol ideológico central para amordazar el pensamiento.

Todos estos cambios rápidos y brutales desestabilizan a los dirigentes políticos, en su mayoría desbordados por una globalización que modifica las reglas del juego y los deja en parte impotentes.

Porque los verdaderos dueños del mundo no son los que detentan las apariencias del poder político.

Por eso los ciudadanos/as multiplican las movilizaciones contra los nuevos poderes, como sucedió en la cumbre de la OMC (Organización Mundial del Comercio ) en Seattle, o en Génova, durante la reunión del G–7, o en Barcelona y Sevilla, durante el semestre de la presidencia europea española. Ellas/ellos siguen convencidos de que en el fondo el objetivo de la globalización en este comienzo de milenio es la destrucción de lo colectivo, su apropiación por el mercado y la privatización de lo público y lo social, apropiación de las esferas pública y social por el mercado y lo privado. 

Y han decidido oponerse.

Artículo sacado del libro “Mundo, S.A :Voces 
Contra la Globalización “

España es hoy un lugar maravilloso para vivir, sencillamente fabuloso. ¿ Y sabe cómo lo ha conseguido ? Abriéndose al exterior, al libre comercio.

No creo que haya nadie en España, en Europa o en América Latina que crea que el libre comercio no es bueno para ellos.

Mike Moore, ex director de la Organización Mundial para el Comercio, e inventor del slogan “España va bien”.