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Por un Plan obrero frente a la crisis
Jueves 10 enero
Hoy cuando la crisis pone fin a un periodo excepcional de "crecimiento", cuando en el horizonte se divisan negros nubarrones para la clase obrera, cuando la división, la desmovilización y hasta el enfrentamiento son los signos desdichados que caracterizan la situación, la tarea es plantar cara y redoblar esfuerzos por construir una referencia política y sindical de clase, que agrupe a los elementos más conscientes y lucidos de los trabajadores de la construcción y juntos comencemos a reorganizar la unidad obrera para conformar un verdadero polo de oposición a la patronal, la burocracia y la reacción.
 
El grito indígena retumba en Perú
El Gobierno de Alan García se ve forzado a cambiar su estrategia de desarrollo
Domingo 14 de junio de 2009
por luz
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La selva, la región más grande y menos poblada de Perú, ha generado el estallido social más serio de los últimos años en el país. Las protestas de las comunidades nativas de la Amazonia contra un paquete de 10 decretos legislativos dictados por el Gobierno de Alan García han dejado hasta ahora 23 policías y 10 civiles muertos, según las cifras del Ejecutivo y de la Defensoría del Pueblo.

Los nativos y varias organizaciones de derechos humanos aseguran que la cifra es mayor y protestan porque no se ha permitido el libre acceso a las zonas donde se produjeron los enfrentamientos. "El grado de desinformación que se maneja alimenta la sospecha de que hay un número mayor de víctimas", señaló Javier la Rosa, de la ONG Instituto de Defensa Legal.

Han pasado más de dos meses desde el 9 de abril, fecha en que se inició la protesta y hasta ahora varias carreteras y ríos siguen bloqueados, al igual que las operaciones en las instalaciones petrolíferas y gasíferas. Fue justamente durante el intento de la policía el 5 de junio de romper uno de los bloqueos en las inmediaciones de la ciudad de Bagua que la sangre llegó al río.

Horas después de este enfrentamiento con armas de fuego, los nativos tomaron revancha y mataron a nueve policías que estaban retenidos en una estación del oleoducto norperuano, en la localidad de Imacita. El Gobierno mostró imágenes de los cadáveres y aseguró que los policías habían sido degollados.

Tras esos episodios de violencia el levantamiento prosiguió y se extendió a otras ciudades, incluso la capital, que el jueves vivió una jornada de protesta que incluyó una marcha en la que participaron miles de personas y que fue disuelta por la policía antidisturbios con gases lacrimógenos.

El Gobierno ha calificado de "extremistas" a los líderes de la protesta, y el presidente Alan García ha declarado en varias ocasiones que quienes se oponen a los decretos no los han leído y desconocen sus alcances. "Un 80% de la población respalda la democracia, la legalidad y el desarrollo", declaró esta semana el presidente García, que repetidas veces se mostró decidido a no ceder.

Pese a eso, y a sugerir constantemente que hay intereses extranjeros detrás del levantamiento, el Gobierno finalmente parece dispuesto a negociar con los indígenas y ha anunciado la formación de una comisión en la que participarán los representantes de los pueblos nativos.

Aunque en un principio el primer ministro peruano, Yehude Simón, señaló que la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), la más beligerante, no participaría en la nueva comisión porque su presidente (Alberto Pizango) "ha pateado el tablero", el viernes rectificó. Simón aclaró que ésta también estaba invitada a participar.

Jorge Caillaux, presidente de la ONG Sociedad Peruana de Derecho, afirma que, como consecuencia de este conflicto, el Gobierno deberá "modificar su agenda" respecto a la Amazonia. "La causa esencial de la violencia y el temor es que (los nativos) todavía no han encontrado en el Estado los instrumentos, la legislación, las instituciones capaces de pasar de esta situación de fragilidad a una mayor seguridad jurídica sobre sus tierras. Ellos sienten que sus derechos son muy débiles, y efectivamente lo son", argumenta.

Más al fondo aún subyace un problema de incomprensión hacia los pueblos amazónicos, que en realidad son varios centenares de culturas distintas entre sí, que en total suman alrededor de 300.000 personas, un 1% de la población peruana. Para los pueblos nativos, que en muchos casos tienen cultura guerrera, la defensa de la tierra y su entorno son asuntos vitales.

"Tienen una concepción mesiánica y milenarista", señaló el experto en temas amazónicos Roger Rumrrill, en declaraciones al diario La República. "Cuando se sienten afectados, humillados, cuando sienten que su mundo se está destruyendo, irán a una guerra del fin del mundo porque con la extinción de la naturaleza se extingue también su cultura", puntualiza.

Por lo pronto, la guerra iniciada por los nativos ha obligado a un país, que siempre se ha desarrollado mirando al océano Pacífico, y a su Gobierno que no tenía una estrategia amazónica, a mirar con más atención su enorme y descuidado patio trasero

JAIME CORDERO - Lima - 14/06/2009 / El Pais