Educación Global

Cada día existimos más ONGDs, cada día más personas trabajando por un mundo más equilibrado y justo, o al menos por unas mínimas condiciones de vida para la mayoría.

Las acciones de las ONGDs pueden paliar a veces determinadas deficiencias en el campo de la salud, educación, vivienda... Pero es más difícil llegar a las verdaderas causas del injusto orden internacional.

Todos/as sabemos de la insostenibilidad del actual modelo de desarrollo y de la inviabilidad del mismo para la gran mayoría de la población mundial. Ello implica la necesidad de un cambio en el modelo de vida de los países más ricos.

Sabemos del aumento de las diferencias entre ricos y pobres y (personas y países), que el crecimiento económico y el aumento del consumo no está precisamente dirigido a satisfacer las necesidades básicas de los más empobrecidos, sino al lujo y despilfarro de los más ricos (Informe del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo 1998).

Y ante esto ¿qué nos queda?. Una transformación real y profunda de la sociedad que implique un cambio en las relaciones humanas, que anteponga los derechos humanos al lucro y acúmulo de poder, etc.

Pero todo ello no es posible sin una participación consciente de la gran mayoría de la población, que directa o indirectamente apoye iniciativas sociales y políticas solidarias y rechace el egoísmo imperante.

La necesidad de fondos para las actividades asistenciales, de desarrollo, emergencia, etc. puede muchas veces en pro de un fin de entrada aceptable, convertir las acciones de las ONGDs en el bálsamo que tranquilice la conciencia de una sociedad opulenta que ve desde sus televisores las deplorables condiciones de vida a que son sometidos/as millones de personas.

Por todo ello las ONGDs no podemos recurrir a la fácil sensibilidad superficial, sino profundizar en las causas y en la responsabilidad compartida. Dar el 0,7 no puede justificar per sé la actividad de una determinada empresa o institución si su acción general no fomenta un modelo social más humano, saludable, respetuoso con el medio ambiente y solidario.

Es deplorable utilizar el 0,7 como reclamo publicitario, ¿no sería mejor una publicidad que hablara de fomento de empleo digno, respeto al medio natural, pago justo por las materias primas a los productores, sostenibilidad...?, pero eso es más comprometido.

Pero los publicistas no son tontos del todo, y si hacen eso es porque existe una población que puede aceptar esa imagen, por ello debemos seguir trabajando en educación y sensibilización no sólo para rechazar ese tipo de mensajes, sino además para exigir como ciudadanos y consumidores unas normas éticas en la producción y la comercialización.