Número 15. Junio 1998. Derechos Humanos  


La Ternura de los Pueblos  

La Costa de los Esclavos  

 

Luis Pernía Ibáñez, Socio de ASPA.

LA COSTA DE LOS ESCLAVOS

En el marco de nuestro acercamiento a África, de ir conociendo un poco más su historia, un grupo de la Organización No Gubernamental ASPA, tuvo la ocasión de viajar durante el pasado mes de agosto al golfo de Benin, a la llamada “Costa de los Esclavos”. En Ouidah, cuna del vudou y lugar especial del tráfico y embarque de esclavos, un pequeño monumento lo recuerda bajo la inscripción de “Port du non retour”.

La necesidad de retomar esta memoria histórica, por la exigencia solidaria de sentir como propia la historia africana, choca con el olvido. “El verdugo mata siempre dos veces; la segunda vez con el silencio”, decía el Premio Nobel de Literatura Elie Wiesel, haciendo alusión al desconocimiento y olvido de esta página africana.

Aproximándonos al tema e intentando corregir ese olvido, la “Ruta de los Esclavos” se refiere fundamentalmente al viaje transatlántico que encamina a los africanos al continente americano y el Caribe. Sin embargo, no hay que subestimar el tráfico menos voluminoso por el Sáhara hacia el Magreb, o por el Este de África a través del Océano Índico, Indochina y China. También hay que considerar el movimiento de retorno hacia África (creación de Liberia, UNIA DE Marcus Garvey, retorno de negros del Brasil al África del Oeste y Sierra Leona) y las migraciones hacia los grandes centros urbanos de América del Norte y de Europa. Pero la “Ruta de los Esclavos” también es para los africanos tener que soportar la cautividad y las luchas por la libertad, la autodeterminación y la afirmación de su identidad cultural.

La República de Benin, antiguo Dahomey, está situada en la “Costa de los Esclavos” y son numerosos los centros urbanos costeros e interiores que conocieron esa trata de esclavos. Este tráfico motivó migraciones y movimientos en las poblaciones de las diversas etnias; así, las poblaciones sedentarias y agrícolas de Adja se van a transformar en poblaciones lacustres al encontrar refugio en el delta del So, al sur del río Oumé y sobre el lago Nokué, situación que les permitió rechazar sucesivamente las incursiones de los cazadores de esclavos del rey de Abomey.

Es hacia la mitad del siglo XV cuando los navegantes portugueses acceden al golfo de Benin en el contexto de descubrimientos geográficos e inician las primeras importaciones de negros. El 20 de enero de 1482 se inaugura el Fuerte portugués construido por Diego Azambuja en el Mina, en Ghana; y, en 1484, los portuguese descubren el reino de Benin con cuyo rey y población establecen relaciones lelvando cobre, bronce, tejidos, armas, collares y baratijas, que les permiten rápidamente consolidar el tráfico de la “madera de ébano”, como se denominaba a los negros. El tratado de Tordesillas (1494) confirmaba a los portugueses el control de las costas africanas, pero los importantes beneficios que reporta el comercio de esclavos, especialmente en las costas brasileiras, el Caribe y colonias inglesas en el sur de Norteamérica, desata la rivalidad de otros europeo. Así, el comercio de esclavos fue dominado sucesivamente por los portugueses del siglo XV al siglo XVI, por los holandeses de la segunda mitad del siglo XVI al principio del siglo XVII, por los franceses en la segunda mitad del siglo XVII, y por los ingleses a partir del siglo XVIII, época en la que el tráfico fue más importante. La trata atlántica dura hasta el siglo XIX, aunque luego continúa clandestinamente; se menciona la fecha de 1901 como la última en que un cargamento negrero partía de África.

Para facilitar la captación de esclavos, los europeos instalaron Fuertes y centros receptores a lo largo de las costas africanas. En Benin, Dahomey, todo el territorio es “lugar de memoria” por lo que se refiere al tráfico de esclavos. Muchas causas favorecieron el comercio: las guerras entre los reyes, las razzias, el hambre, la sequía, etc. Los reyes tenían necesidad de armas y los campos de caña de azúcar de Brasil exigían braceros. El primer cargamento negrero salió de Ouidah y Anecho en 1530, convirtiéndose en símbolo de la extracción de esclavos de todo Dahomey.

Efectivamente, el reino de Glexwwe (Ouidah), al sur de Benin, fundado probablemente hacia el siglo XVI, tiene una importante participación en el tráfico de esclavos motivando el desarrollo social, económico y político, que despierta la ambición y la consiguiente conqui8sta por parte del rey de Dahomé en 1727, quien a su vez, reorganiza y capitaliza todo el comercio de esclavos. Venido a menos el reino de Allada, los europeos se instalan en Grexwe (Ouidah), donde construyen diversos Fuertes, que permitieron consolidar las rutas de extracción de esclavos y racionalizar la espera de los barcos negreros. La conquista de Ouidah por el rey de Dahomé en 1727 significa un nuevo impulso al tráfico, con un nuevo emplazamiento político y organizador desde Savi, que permite distribuir mejor las diversas caravanas por la llamada ruta de Zogbodomé.

Esta memoria histórica que aviva en la visita a Ouidah y toda la costa beninesa nos sitúa ante uno de los hechos más significativos para el desarrollo de América y Europa, que fue el llamado “comercio triangular”. La naves partían de África cargadas de esclavos hacia las costas americanas donde eran vendidos para las grandes plantaciones de caña de azúcar, algodón, tabaco y otros bienes; estos productos eran enviados a Europa donde se manufacturaban; uno de los puntos de destino de los barcos con estas manufacturas era África, donde recalaban para hacer otra leva de esclavos y partir hacia América.

1.- Este “triángulo negrero” enriqueció a los puertos de Europa, como Nantes o Burdeos en Francia, o Amsterdan en los Países Bajos, a la vez que potenció enormemente el desarrollo industrial del continente europeo donde llegaban los productos americanos para ser elaborados, alumbrando lo que sería la Revolución Industrial del siglo XIX. En América, la trata de negros impulsó también un crecimiento demográfico, económico (minas y plantaciones), y político (los negros participaron en los movimientos de independencia de América del Sur, en la sublevación de diferentes colonias, como Santo Domingo conducida por Tussain-Louvertura, o en la Guerra de Secesión (1860-1865) de los EEUU de América).

En el plano cultural aportaron sus tradiciones, sus religiones y su arte. Destaca sobremanera el voudú practicado en las costas de Brasil y las Antillas, emanado de las religiones animistas de África. El jazz de América del Norte, la samba en América del Sur y el conjunto de la música moderna es herencia en buena parte de la música africana.

2.- Las consecuencias para África fueron contrariamente negativas. En el plano demográfico África perdió de 50 a 100 millones de personas; en el terreno económico y social se deportaron las personas más jóvenes y activas para la producción (otro segmento también las abandonó en aras a las actividades más lucrativas del propio comercio de esclavos); en el plano cultural, el flujo de productos europeos en el intercambio por los esclavos concurrió a la caída de las producciones artesanales y artísticas propias; en la convivencia interétnica se produjeron profundos traumas derivados de la emergencia de nuevos grupos y jefes que se enriquecían a costa de la venta de sus hermanos; las consecuencias políticas se resumen en un estado permanente de violencia y de guerras fraticidas. Al comienzo del siglo XV el desarrollo político y económico de África era comparable al de otros continentes, pero al final del siglo XVIII África atraviesa una era de declive material y moral.

LA MEMORIA DE LOS ESCLAVOS

Al final del siglo XVII, Dinamarca y Francia inician la abolición de la trata de negros, pero al principio del siglo XIX Napoleón restaura el comercio de esclavos. Gran Bretaña en 1807 y Francia en 1898 suspenden la esclavitud en sus colonias, y EEUU lo hace en 0860. pero la hemorragia humana y social que significó la esclavitud perdura hasta nuestros días y se expresa a través de esas realidades cotidianas como la pobreza, las guerras, los refugiados y el hambre.

Es de justicia recordar la contribución económica y cultural de los negros esclavos en sus diferentes diásporas, enmarcando esta memoria en una cultura por la tolerancia y en la propuesta de una colaboración más fraterna y generosa en el continente africano.

Luis Pernía
Socio de ASPA


Volver a la página principal de Sur a Sur