por Rubén Dri (*)
Nuestro Presidente De la Rúa es muy católico como lo fueron todos
los presidentes argentinos y Navidad es la ocasión propicia
para manifestar toda su fe. Nada más adecuado que armar un
pesebre en la casa de gobierno, todos pueden comprobar que nuestro
gobierno es cristiano, cristianísimo.
La experiencia religiosa, sin duda la más profunda de las
experiencias humanas, se expresa en símbolos. Estos son polivalentes,
es decir, expresan una multiplicidad de significados, por lo cual
pueden ser continuamente resignificados. Alrededor de ellos se produce
continuamente una lucha hermenéutica, que acompaña
a los diversos proyectos humanos, religiosos, sociales y políticos.
El pesebre es uno de los símbolos fundantes de la experiencia
religiosa cristiana en la medida en que ésta corresponde
al mensaje de Jesús de Nazaret. Es la comunidad de Lucas
la creadora de este símbolo, que el evangelista expresa de
la siguiente manera: Cuando estaban María y José
allí, se le cumplieron a María los días
de dar a luz y dio a luz a su primogénito. Lo envolvió
en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había
para ellos lugar en la posada. (Lc 2,7). Pero, además,
inmediatamente se preocupa la narración evangélica
de dar la interpretación del símbolo. Efectivamente,
los ángeles se aparecen a los pastores, pobres entre los
pobres, marginados entre los marginados, anunciándoles: Hoy
nació para ustedes, un salvador, que es el Cristo Señor.
(Lc 2, 11).
El nacimiento de Jesús en la máxima pobreza, marginado
de la sociedad, es el símbolo del mensaje de liberación
y de vida que surge desde abajo, desde los pobres y marginados.
Jesús nace pobre y marginado, no para legitimar la pobreza
y marginación, o sea, la muerte, sino la vida, expresada
en el símbolo del salvador. Este término tiene el
sentido fuerte de la salvación de la pobreza, de la marginalidad,
de la desnutrición, de la opresión.
Cuando se reinstala el símbolo del pesebre, en consecuencia,
para legitimar una práctica de muerte, se está actuando
con una insoportable hipocresía. La acción del Gobierno,
fiel continuación de la realizada por el gobierno anterior,
obediente a los dictados de la denominada globalización neoliberal,
constituye la implementación del plan genocida urdido por
las grandes corporaciones transnacionales. Su consecuencia es el
desempleo, la marginación, el deterioro de la educación,
en una palabra, la muerte.
Como expresión macabra de esta práctica de muerte,
hoy se deja deliberadamente morir a los presos de La Tablada. Voces
nacionales e internacionales se han elevado, y lo han hecho en todos
los tonos, reclamando una justicia que el Gobierno se obstina en
negar. Colocar un pesebre, el máximo símbolo de vida,
de protesta contra todo proyecto de muerte, y al mismo tiempo dejar
morir a quienes reclaman justicia, es una hipocresía imperdonable.
Como cristianos, como creyentes y como simples ciudadanos protestamos
por el escándalo que nos produce contemplar el símbolo
de la lucha por la vida que es el pesebre, expuesto para legitimar
una práctica de muerte.
Filósofo:
En su "curriculum", extenso y multifacético, aparecen algunos datos para tener en
cuenta: sacerdote católico integrante del "Movimiento de Sacerdotes para el
Tercer Mundo", militante de izquierda, exiliado durante la dictadura militar
argentina, prolífico escritor, colaborador de prestigiosas publicaciones
nacionales e internacionales y actual profesor de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Entre las muchas de sus obras
editó en el año 1997 el libro "La Utopía de Jesús" (*), donde desarrolla la ardua
y seria tarea de avanzar sobre los ámbitos económico, político e ideológico de
las prácticas de un Jesús de Nazaret histórico, las cuales en voz del autor
buscaban la realización de una utopía que era la instauración del Reino de
Dios, en base a la justicia y la igualdad, que tanto contrastaban con la realidad
de aquel tiempo. La utopía que vislumbraba este lugar, habría dado el impulso
necesario para que hace 2000 años este hombre cambiara la historia de la
humanidad.
Las hipótesis y los análisis de Dri tienen que ver con los aspectos políticos y
económicos de la sociedad en su relación con esta palabra misteriosa y
sinuosa, arriesgada, soñadora pero decidida: utopía. En su libro Dri la describe
de la siguiente manera: "Como el nombre lo dice, la utopía no está en ningún
lugar, no existe en el sentido de algo tangible, de algo que esta allí, cuya
existencia se puede ver y comprobar. Pertenece al ámbito de la totalidad,
ámbito esencial en la constitución del hombre como tal. El hombre está
esencialmente abierto a la totalidad, tiende hacia ella. Pero ésta es
inalcanzable. Es como el horizonte que siempre se aleja, nunca se lo alcanza,
pero sólo tendiendo hacia él, lanzándose en su persecución, se descubren
nuevas tierras. (...) La utopía pertenece al momento de la imaginación, del
sueño, de lo nunca plenamente realizable pero siempre exigente de realización.
No es irracional, sino todo lo contrario. Abre el ámbito de la racionalidad. (...) El
proyecto se realiza en el ámbito abierto por la utopía".
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