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En
este último capítulo sobre la relatividad
especial vamos a acercarnos a las espectaculares consecuencias
que esta teoría tiene sobre el tiempo,
sobre el espacio y sobre la velocidad,
asuntos aparentemente tan cotidianos pero que dejan de serlo
a la luz de esta teoría.
TIEMPO
De
los postulados de Einstein se deduce que si un astronauta
nos adelanta a gran velocidad, comprobaremos cómo
sus relojes avanzan más despacio que los nuestros.
Veamos porqué:
Einstein
imaginó un reloj basado en un rayo de luz que rebota
entre dos espejos situados a una cierta distancia el uno
del otro. Entonces el reloj hará “tic”
cada vez que el rayo rebota en un espejo. Supongamos que
estamos en una nave espacial y vemos pasar otra que se mueve
a velocidad uniforme con respecto a nosotros. Va equipada
con uno de estos relojes, compuesto por un espejo colocado
a su derecha y otro a su izquierda.
Si
observamos el reloj desde nuestra nave, veremos cómo
su rayo de luz va rebotando arriba y abajo describiendo
una trayectoria en zigzag, es decir, a nosotros no parece
que se mueve en diagonal de arriba hacia abajo y de abajo
hacia arriba. Esto es así porque cuando sale de uno
de los espejos, el otro avanzará a la velocidad de
la nave, y por tanto se adelantará. La luz tendrá
que recorrer más distancia para cubrir la separación
entre espejos que si la nave se hallara parada.

Desde nuestra
nave en reposo relativo vemos cómo la luz recorre
más distancia entre los espejos en la nave en movimiento
que en la nuestra
Claro,
que esto solo es así desde nuestro punto de vista.
Para los ocupantes de la otra nave, todo transcurre de modo
normal en su interior, y el rayo de luz se mueve de manera
perpendicular a los espejos. De otro modo, se violaría
el segundo postulado y podrían demostrar que se estaban
moviendo. Del mismo modo, los ocupantes de la otra nave
pueden intentar comparar los latidos de su corazón
con los “tics” de
su reloj. La relación entre unos y otros será
la misma que si estuvieran en reposo, porque otra cosa violaría
también el segundo principio.
La
cuestión no radica en quién tiene razón,
si ellos o nosotros, sino en que cada uno tenemos un marco
de referencia distinto.
Así
pues, podemos decir que, efectivamente, desde nuestro punto
de vista, el tiempo va más despacio en la otra nave
que en la nuestra, y del mismo modo los astronautas de aquella
envejecen más despacio que nosotros.
No
voy a poner aquí el entramado matemático que
subyace tras todo esto, baste decir que se puede calcular
fácilmente que cuanto más se aproxime la velocidad
de la nave a la de la luz, mayor será el efecto,
tanto en el tiempo como en lo demás que veremos a
continuación. Exactamente, se puede calcular que
al 80 por ciento de la velocidad de la luz, su reloj hará
tres “tics” mientras el nuestro hace cinco,
para ellos pasarán tres años mientras para
nosotros pasan cinco. Al 99.995 % de la velocidad de la
luz, su tiempo avanzará 100 veces más despacio
que el nuestro.
Pero
no hay que olvidar que todo esto, y nunca mejor dicho, es
relativo, puesto que para los ocupantes de la otra nave,
seríamos nosotros los que nos movemos y nuestros
relojes los que andan más despacio.
ESPACIO
Otra
consecuencia muy destacable de esta visión relativista
es que el espacio que ocupa una nave también se ve
afectado por estas cuestiones. Imaginemos que en la nave
de antes, que se movía con relación a la nuestra,
su ocupante se sitúa en el centro y lanza dos rayos
de luz, el primero a un espejo que se halla colocado en
su parte delantera y el segundo a otro espejo que se encuentra
ubicado en la parte de atrás de la nave.
A
nosotros nos parecerá que el rayo que va hacia delante
tarda más en llegar a su destino que el rayo que
va hacia atrás, puesto que la nave viaja hacia delante,
y mientras la pared delantera huye de su rayo, la trasera
irá a al encuentro del suyo. Al astronauta le parecerá
que los dos rayos tardan lo mismo en llegar a sus espejos,
porque de otro modo sabría que se está moviendo
y el segundo postulado lo prohíbe.
Cuando
los rayos vuelven, nos daría la impresión
de que el de la parte delantera tarda menos que el de la
trasera, puesto que ahora es el astronauta el que viaja
en dirección del primer rayo y se aleja del segundo.
Al astronauta también le parecerá en este
caso que ambos han tardado lo mismo. Finalmente, todo se
habrá compensado y tanto él como nosotros
veremos volver ambos rayos al mismo tiempo.
Pero
hay otra notable diferencia entre su punto de vista y el
nuestro. El primer postulado obliga a que la velocidad de
la luz sea la misma para él que para nosotros, y
sabemos que el tiempo transcurre más despacio para
él que para nosotros. Entonces si para los dos tardan
lo mismo en volver los rayos, solo se puede concluir que
para nosotros su nave es más corta que para él.

Desde nuestra
nave estelar observaremos la otra encogida
Es
decir, sus medidas de longitud son más cortas que
las nuestras, aunque a él le parecen normales, dado
que no puede violar el segundo postulado. Una vez más,
no tenemos más razón que el astronauta ni
él que nosotros. Simplemente, cada uno tenemos un
marco de referencia distinto.
Se
puede calcular que la relación entre la longitud
que el percibe de la nave y la que nosotros medimos es equivalente
a la del transcurso del tiempo relativo entre ambos. Así
pues, si viaja al 80 % de la velocidad de la luz y el opina
que su nave mide 5 metros nosotros defenderemos que mide
3. La cosa se dispara a velocidades mayores, al 99.995 por
ciento de la velocidad de la luz, nos parecerá que
su nave mide 5 centímetros.
Este
sería un buen método para adelgazar, pero
el problema es que desde el punto de vista de la otra nave,
será la nuestra la que se halla en movimiento y por
tanto la que es más corta
VELOCIDAD
Con
respecto a la velocidad hay dos consecuencias importantes.
Primera.
Nada
puede superar la velocidad de la luz. La razón es
muy simple vistos los postulados de Einstein. Si una nave
viajara a velocidad superior a la de la luz, y su ocupante
lanzara un rayo hacia un espejo situado en la parte delantera,
dicho rayo nunca alcanzaría el espejo, porque la
velocidad de la luz es constante, y entonces se violaría
el segundo postulado de Einstein, dado que el astronauta
demostraría que se halla en movimiento, al no recibir
el rayo de vuelta rebotado del espejo.

Nada viaja más
rápido que la luz
Hace
un tiempo, creo que fue en el año 2000, se hizo famoso
un experimento en el que supuestamente se había conseguido
que una partícula superara la velocidad de la luz.
Este fue uno de tantos ejemplos en que los medios de comunicación
se hacen eco de algo que vende, pero no se preocupan de
saber de qué están hablando.
En
realidad, en aquel experimento se trataba de demostrar algo
llamado Efecto de Túnel Cuántico,
una propiedad de la naturaleza conocida hace décadas.
Este efecto no contradice para nada la Teoría Especial
de la Relatividad, y ya hablaré sobre él en
algún momento. De hecho, hay una manera mejor de
superar la velocidad de la luz “haciendo trampas”,
como explicaré en los próximos meses cuando
veamos la Teoría General de la Relatividad.
Pero
repito que nada de todo esto contradice la relatividad especial,
puesto que esta no contempla ni el efecto túnel cuántico
ni el marco en el que se desarrolla la relatividad general.
Nunca ha habido un experimento que la refute. Lo cual no
quiere decir que no pueda haberlo, nada en ciencia es dogma
definitivo.
Segunda.
Este
es tal vez el más espectacular de todos los efectos
de la relatividad especial. Si un astronauta viaja a velocidades
próximas a las de la luz, podrá recorrer distancias
enormes en tiempos reducidos.
Supongamos
que una nave viaja desde la Tierra, con una velocidad constante
del 99.995 % de la velocidad de la luz, hacia una estrella
que se halla a 100 años luz de distancia. Hemos visto
que a esa velocidad, nosotros desde aquí observaríamos
que sus relojes marchan 100 veces más lentos que
los nuestros. Entonces, según nuestras cuentas tardaría
100 años en llegar pero sus ocupantes solamente envejecerían
1 año.
¿Qué
es lo que perciben los ocupantes de la nave? Ellos, como
siempre, se consideran en reposo, y ven cómo la Tierra
y la estrella se mueven a un 99.995% de la velocidad de
la luz con respecto a ellos. Es como si vieran pasar junto
a ellos una nave de 100 años luz de longitud, cuyo
morro es la Tierra y cuya cola es la estrella. Hemos comprobado
antes cómo una nave en movimiento es más corta
desde el punto de vista de quien la observa desde un estado
de reposo. Entonces, para los astronautas, la distancia
entre la Tierra y la estrella es, desde su punto de vista,
de un solo año luz, y por tanto a esa velocidad,
que casi es la de la luz, tardarán solamente un año
en hacer el viaje.

Las distancias
se encogen para la nave en movimiento
Existe
una pequeña dificultad insalvable, y es que los astronautas
tardarían otro año en volver, pero en total
en la Tierra habrían pasado 200 años. Puede
que llegaran aquí y nuestro planeta se hubiese convertido
en irreconocible para ellos.
Hay
otro problema añadido a este asunto de la relatividad
especial aplicada a viajes espaciales a largas distancias.
Si se piensa un poco, hay algo que contradice una premisa
que hemos dado por supuesta. Este tema ya lo planteó
el propio Einstein, y es lo que se ha dado en llamar la
paradoja de los gemelos.
PARADOJA
DE LOS GEMELOS
Supongamos
que en una familia hay dos hermanos gemelos. Uno de ellos
se hace astronauta, coge su nave y la dirige hacia una estrella
que se halla de la Tierra a varios años luz. Realiza
el viaje a una velocidad cercana a la de la luz. Ya hemos
visto varias veces que a esa alta velocidad, el tiempo pasa
sensiblemente más despacio. Por tanto, en su viaje
de ida y vuelta, habrá envejecido menos, y al llegar
a la Tierra se encuentra con que su hermano tiene más
edad que él
Lo
supuestamente paradójico se halla en que hemos asistido,
como siempre, a dos marcos distintos de referencia. El hermano
que se ha quedado en la Tierra podría decir, que
desde el punto de vista del astronauta, es él quien
se ha movido con la Tierra a una velocidad próxima
a la de la luz y por tanto debería haber sido él
quien hubiera envejecido menos que el astronauta.
Sin
embargo, no hay ninguna paradoja. La explicación
se halla en que el hermano que viaja no puede cumplir con
la condición que dice que la velocidad ha de ser
constante. Como su nave está parada antes de salir,
tendrá que acelerarla hasta alcanzar la velocidad
deseada, entonces, solo el hermano que se queda en tierra
cumple con los requisitos para poder aplicar la teoría
especial de la relatividad.
Este
problema está perfectamente resuelto y dedicaremos
un artículo específico más adelante.
ENERGÍA
No
puedo cerrar el asunto de la Teoría Especial de la
Relatividad sin referirme a una última consecuencia
la misma, y que no es trivial precisamente. De esta teoría
se deduce la famosa ecuación E=mc², la base
para explicar la energía nuclear. Pero como se trata
de algo que está un poco al margen de todo esto,
lo dejaremos para un artículo específico más
adelante.
ACELERACIÓN
Tanto
los dos principios de la relatividad especial como las consecuencias
que predijo Einstein a partir de ellos, se han comprobado
una y otra vez, pero recordemos que todo queda restringido
a los casos en los que los cuerpos viajan a velocidad constante
y rectilínea.
Entonces,
¿qué ocurre cuando los objetos no viajan a
velocidad constante, cuando van acelerando o frenando? En
ese caso, entra en juego la Teoría General de la
Relatividad, la cual veremos los próximos meses.
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