A finales
del siglo XV, y principios del XVI, se produjeron una serie
de acontecimientos, que si bien se labraron en los siglos
anteriores, dieron un cambio brusco a la Historia. Cambios
que hicieron pasar de la Edad Media a la Edad Moderna. La
toma de Constantinopla por los otomanos, el descubrimiento
de nuevos mundos, la imprenta y la reforma luterana cambiaron
un escenario que había evolucionado muy lentamente
durante casi mil años.
En este ambiente se
fundieron antiguas injusticias con nuevas ideas revolucionarias,
y así surgió otra de esas grandes desconocidas
luchas del débil frente al poderoso, fue la Revuelta
campesina de 1524.
1) Antecedentes
1.1) La Reforma
Luterana
La vergonzosa actuación
de la Iglesia desde prácticamente su institucialización,
había llegado a un límite para una buena parte
de la cristiandad, el prevalecer de los intereses materiales
y terrenales, como la ostentación de escandalosas
riquezas que no dudaba en aparentar la alta clase eclesiástica,
llevaron a algunos a clamar por una reforma que apartara
a la Iglesia de la corrupción generalizada, lo que
provocó el descontento en grandes capas de la población
e incluso de la Iglesia. Así surgió
Martín Lutero, monje agustino que acabó
con la unidad religiosa de occidente, no sólo rompiendo
con Roma, sino que extendió una nueva concepción
de la relación entre Dios y el hombre. La falta de
oídos a estas peticiones en el Papado, y la fascinación
que Lutero ejercía entre estudiantes y colegas de
Teología con sus ensayos críticos, hicieron
que se empeñara sin miedo en luchar contra las Indulgencias,
un pago a la Iglesia para financiar la Basílica de
San Pedro, a cambio de “perdonar” los pecados
del donante. Roma actuó y condenó a Lutero,
aunque la elección del nuevo Emperador retrasó
su juicio. Pronto en grandes zonas del Sacro Imperio
Romano Germánico, sobretodo en la parte
alemana , el descontento se convirtió en un fuerte
sentimiento antirromano.
Todos estos problemas
se vieron plasmados en la Dieta de Worms de 1521,
en donde se reunieron todos los príncipes electores
para elegir, más bien confirmar, al nuevo Emperador,
el conocido Carlos V de Alemania, y en
donde gran cantidad de príncipes alemanes ya eran
seguidores del Lutero, como el Señor de Sajonia,
su auténtico protector. Lutero fue invitado a Womrs
a retractarse de sus acusaciones, pero no hizo más
que reafirmarse en la necesidad de la reforma de la Iglesia.
Carlos V, cuya principal función era precisamente
defender la religión católica, promulgó
el “Edicto de Worms”, en donde
se condenaba a Lutero, ya escondido en un castillo alemán,
y el luteranismo. Esto no hizo parar el movimiento, sino
todo lo contrario, se empezaron a difundir sus nuevas ideas
con todavía más pasión y decisión,
pues al ver que el cambio en Roma era imposible, se optó
por la ruptura, lo que le dio un carácter casi revolucionario,
Europa se dividía en dos ramas del cristianismo irreconciliables.
Lutero y sus acólitos
tuvieron tiempo para expandir su doctrina, las guerras del
Emperador contra Francia por el control total de Europa,
le habían hecho olvidar los asuntos alemanes. Durante
algunos años se intentó una reconciliación,
pero las fuerzas internas de la mayor parte de los estados
alemanes se habían decantado ya por la autonomía
frente al Imperio, con esto se habían unido los intereses
confesionales a los políticos, una mezcla que sangrará
Europa durante decenas de años.
En la nueva doctrina luterana el poder de Papa fue sustituido
por el príncipe gobernante de cada territorio, con
la consiguiente atracción de muchos señores
feudales hacia esta nueva confesión, surgen así
las iglesias evangélicas territoriales.
Sin embargo, en las capas bajas y desfavorecidas tuvo todavía
más arraigo, pues la nueva doctrina tenía
grandes consecuencias sociales y políticas en una
población, en su mayoría, apartada de los
derechos fundamentales de libertad.
Los principales fundamentos del luteranismo, y sus infinidades
de corrientes y sectas, que fueron la base ideológica-teológica
de infinidad de movimientos y revueltas durante el siglo
XVI, eran los siguientes:
- Proclamación
del sacerdocio universal, por lo que todo cristiano es a
la vez sacerdote, eliminando así la “intermediación”
de la jerarquía eclesiástica entre Dios y
el hombre.
- Reconocimiento de
sólo 2 sacramentos (bautismo y eucaristía),
frente a los 7 católicos.
- “Libertad interior”
del cristiano, por lo que puede interpretar libremente la
Biblia.
- Prioridad de la Fe,
como instrumento de salvación, frente a los hechos.
1.2) La Rebelión
de los Caballeros (1522-23)
En estos nuevos tiempos
la casta de los Caballeros estaba en decadencia, su antiguo
poder se derrumbaba entre los siempre poderosos grandes
señores feudales (=príncipes) y las emergentes
ciudades libres, lo que les suponía un pobre porvenir,
tanto en lo económico como en lo político.
Así, la pequeña nobleza y caballería
alemana, liderada por Von Sickingen, se
acercaron al luteranismo como única forma de no desaparecer.
Como otros grupos, entendían estas nuevas ideas a
su modo. Con un nuevo concepto de libertad y, sobretodo,
un ataque directo a la jerarquía eclesiástica
al grito de “matar a los gordos curas”.
En el verano de 1522 se organizó un ejército
que intentó conquistar la ciudad de Tréveris,
gobernada por un rico arzobispo, y además, también
príncipe elector.
Si bien había un gran componente ideológico
evangelista, la principal razón de esta guerra era
apropiarse de las posesiones de la Iglesia, con lo que poder
reforzar su base económica y así poder llegar
a ser considerados también príncipes.
Sin embargo, esto asustó por igual a los príncipes
eclesiásticos como a los seglares (evangélicos
y católicos). Además, el gobierno imperial
reaccionó rápidamente organizando la Liga
suaba, una unión de los territorios del
sur de Alemania con las ciudades libres que arrasó
este movimiento, que para más desgracia fue desautorizado
por el propio Lutero.
En la primavera de 1523, y tras el fracaso del sitio de
Tréveris, Von Sickingen y sus caballeros son aniquilados
en su propia fortaleza, a dónde huyeron después
de su derrota.
2) La guerra
de los campesinos 1524-25
La fuerte represión
contra los caballeros sublevados trajo consigo una contradictoria
consecuencia para los príncipes, pues estos eran
precisamente el principal bastión de control de los
campesinos. Fue precisamente este debilitamiento una de
las principales causas de la sublevación, aunque
no la única. Los efectos sociales de las teorías
luteranas fueron decisivos en la formación de una
base ideológica del olvidado y repudiado mundo campesino.
Ya a finales de la Edad Media hubo importantes revueltas
campesinas, sobretodo en Alemania, con reivindicaciones
económicas puntuales, sin embargo, sorprende en la
revuelta de 1524 el predominio del descontento político
frente al económico.
Fueron precisamente los campesinos acomodados los más
violentos en sus peticiones de derechos políticos
e igualdades, a ellos también se unieron una parte
de la pequeña nobleza y algunos miembros de la emergente
burguesía y artesanos de las ciudades, es decir,
todas las capas sociales marginadas por la aristocracia.
En 1524 empiezan las
primeras sublevaciones en algunas regiones alemanas, pronto
la noticia incendia la conciencia de muchos indecisos que
no hace otra cosa que expandir el fervor revolucionario
campesino. Por casi todas las regiones del centro y sur
alemán se levantan ejércitos que empiezan
a arrasar con todo lo que se interpone en su camino. Sin
embargo, el movimiento carecía de un liderazgo que
diera homogeneidad a movimiento, tanto ideológico
como geográfico.
Finalmente el llamado
“canciller de los campesinos”, Wendelin Hipler,
promulga un programa de doce puntos en donde se recogían
las principales peticiones campesinas. A las reivindicaciones
comunes, como la eliminación de las prestaciones
gratuitas del trabajo a los señores, abolición
de la servidumbre o la rebaja de los arriendos, se unieron
cuestiones político-religiosas como la igualdad frente
al clero y nobleza o la elección del sacerdote de
cada parroquia.
Sin embargo, ni el manifiesto ni los primeros éxitos
militares consiguieron dar la imagen de un movimiento unido
y eficiente. El intento de convocar un parlamento campesino,
que ordenase una política unitaria, llegó
demasiado tarde y fracasó. Este desorden benefició
a los grandes señores, que tuvieron tiempo para rehacer
el ejército de la Liga suaba.

En esta vorágine de violencia destacó un hombre
por encima de todos, Thomas Münzer,
que defendía una especie de colectivismo místico.
Münzer fue un antiguo seguidor de Lutero, aunque sus
ideas propias y revolucionarias pronto le separaron de los
reformadores “oficiales”. Predicaba contra la
Iglesia corrupta (incluidas las reformadas) y por la creación
de “Reino de Dios” en la tierra, un reino en
donde no hubiera diferencias de clase, propiedad privada
o autoridades represoras. Su odio al orden establecido quedó
claro en más de una ocasión en sus promulgaciones:
“Hagamos que los poderosos y los nobles se cuelguen
y estrangulen con los intestinos de los clérigos,
de los poderosos y de los nobles, que son quienes pisotean
a los pobres, los atormentan y hacen de ellos seres desgraciados
".
Münzer ha sido uno de los personajes más atrayentes
de su época para los movimientos sociales posteriores.
El marxismo lo vio como un precursor de la lucha de clases,
mientras al anarquismo le influyó claramente en su
visión de acabar con el orden político establecido.

Retrato de Münzer
La revuelta, sin embargo,
estaba condenada. Los ejércitos de la Liga no tenían
como fin el restablecimiento del status quo anterior a la
rebelión, sino la completa sumisión de los
campesinos a los terratenientes feudales. Además,
Lutero, a quien aludían muchos de los sublevados
como fuente de su posición, se alió finalmente
a los príncipes, con los que tenía amplios
intereses para expandir la reforma. Así en el escrito
“ Contra las sangrientas y rapaces hordas de los
campesinos”, daba libertad a los grandes señores
para hacer entrar “en razón” a sus vasallos
con los medios que fueran necesarios.
La represión fue brutal en todas las batallas libradas,
la superioridad militar de los príncipes hicieron
que en el verano de 1525 se restableciera la calma en toda
la Alemania central y meridional. Miles de campesinos murieron
en las batallas, mientras que unos cien mil fueron ajusticiados
posteriormente, entre ellos Thomas Münzer.
Las consecuencias de
esta revuelta fueron evidentes, la estructura agraria quedará
inamovible hasta el siglo XIX, manteniendo al campesinado
carente de cualquier derecho político. Además,
el poder de los príncipes se verá reforzado
por Lutero y su “pasiva sumisión a la autoridad”.
Y así terminó
la rebelión campesina más grande que se recuerda,
aniquilada por los poderosos y traicionada por los que les
dieron la oportunidad de reinterpretar su vida de una forma
más digna, justa e igualitaria.
Así lo vi, así
os lo cuento