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Militarización de los recursos naturales estratégicos
Lo que hay en el trasfondo de toda esta argumentación es que algunas fuerzas que se re-crean en esas sociedades impiden su libre circulación para apropiarse de los recursos y las riquezas que están fuera de su territorio, eso nos da a entender por qué las tres estrellas: antiterrorismo, crimen organizado y populismo radical, son el blanco de la arremetida militar norteamericana en la región latinoamericana.
Si la razón de ser un estado fracasado es carecer de andamiaje institucional para afrontar una emergencia, un caos, una epidemia o contingencia alguna, lo acontecido en los estados Unidos con el Huracán Katrina que ingresó por las costas de Luisiana y Misisipi en agosto 2005, vulneró la red de refinerías, suspendió en un 90% el proceso de destilación del petróleo, desnudó la fragilidad de las vías, puentes y sistema de protección civil norteamericano y más que todo, lo expuso ante el mundo como un país carente de una logística o andamiaje para atender ayuda internacional en caso de desastres, lo que sería, en palabras de Fukuyama, un país débil o fracasado, similar a los de África subsahariana, los cuales no puede distribuir la ayuda internacional por carecer de redes para atender a la población.
En síntesis, la nueva guerra descansa sobre una base amplia que liga los recursos ideológicos expuestos, la tecnología, la comunicación digital/satelital y nuevas formas de combates que evitan la confrontación directa contra los pueblos y los insumisos, pero atenta contra ellos de manera fatal por varios métodos que van, desde la limpieza social hasta el ataque ideológico telecomunicacional para desvertebrar cualquier intento de resistencia, mantener la fragmentación social e invalidad cualquier tentativa de movimiento social nacional o amplio que se oponga a su voracidad financiera.
Estamos ante una nueva organización y operatividad logística que no es manejada por intereses geopolíticos y geoestratégicos ortodoxos, donde el territorio, el lugar, el sitio era preponderante para el dominio territorial; ahora interesa más la alianza militar para controlar, privatizar o usurpar recursos estratégicos que den más vida al capitalismo, bajo el domo convergente de la producción de las empresas transnacionales, el comercio internacional, el capital especulativo y otras formas de cooperación que se mueven alrededor de los intereses de la economía capitalista y que funcionan como poder de facto.
La nueva organización está sustentada en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2002, cuya visión se erige sobre la doctrina de anticipación o guerra preventiva, que sitúa al imperio norteamericano en posición de gobernar a las poblaciones potencialmente hostiles de los países que sean amenazados por el terrorismo, sin embargo, no cabe la menor duda de que Estados Unidos no va a intervenir directamente con sus propias fuerzas en cada uno de los Estados del mundo donde operan terroristas y, por consiguiente, debe confiar en la capacidad de los Estados locales para controlar por sí mismos el terrorismo (11) caso Colombia y Honduras; también por coaliciones con otros países aliados bajo el pretexto de intervenciones humanitarias.
Se magnifica y se observa con mayor contundencia la nueva guerra en lugares o naciones donde el Estado abandonó su papel protagónico, se erosionó el control de la violencia legítima, las fuerzas militares entraron en el circuito de la colaboración internacional, las policías antinarcóticos entraron a remplazar a la inteligencia nacional, los grupos sociales excluidos comienzan a mostrar un grado de cohesión en las luchas, las alianzas intergrupales se fincan en territorios habitados por excluidos y la ingobernabilidad aparece como un gesto de inconformidad de los sujetos sin derechos o manifestación de lucha de clases.
Lo anterior se fundamenta en la teoría de los norteamericanos que afirma que su nación no será segura mientras no lo esté el aprovisionamiento mundial de energía, de ahí que la intención del manejo de la política internacional que coloca a la economía como centro de su quehacer diplomático, denominado como ejercicio “econocentrico”, cuya finalidad es priorizar las relaciones y control en zonas en donde la riqueza estratégica le permite asegurar un funcionamiento como modelo capitalista y base de la industrialización (12)
De esta tesis se desprende una afirmación clarificadora del sentido de los conflictos de hoy, en especial de Latinoamérica, que abunda en la importancia de los recursos estratégicos como signo y propósito de las nuevas guerras, donde el velo ideológico no es enarbolado, sino la defensa, mediante el imaginario antiterrorista, antipopulista y contra el crimen organizado, de las materias que permitan prolongar el control de la energía y consubstancialmente del modelo de dominación de las grandes potencias sobre las naciones pobres que concentran riquezas naturales.
Entendemos que todo ello es posible porque los EE.UU. es el principal agente protagónico de esta nueva guerra en la medida que requiere el 30% de la energía consumida por la humanidad, disputándose este consumo con la tendencia industrializante del capitalismo que día tras día incrementa el consumo de energía.
Cifras que nos facilitan esta comprensión es el crecimiento inusitado de la población mundial que se aproxima a más 6 mil millones de habitantes en el planeta; los cuales consumen energía para desplazar a más de 520 millones de autos particulares; asimismo son mayores los hogares que cuentan con televisores, refrigeradores, aire acondicionado, calefacción, ordenadores personales que van consumiendo mayores cantidad de petróleo, agua, gas y elementos de la biodiversidad que ponen a la humanidad en un predicamento y a incitar los conflictos por controlar los recursos. A todo esto hay que agregar la industrialización acelerada de China y la India, que demandan cada día mayor consumo de energía y otros recursos como hierro, acero, aluminio, etc.(13)
Todo lo expuesto, agregado a la inexistencia de un enemigo focal como era la Unión Soviética, y la necesidad de compartir, hasta donde se pueda, los recursos vitales para el sistema de industrialización capitalista, imposibilitó a los Estados Nacionales a actuar o usar la fuerza, en el ámbito internacional o contra otro Estado de manera unilateral, pero las necesidades imperiales las vinculo a la orbita de las decisiones de los centros hegemónicos y usurpadores de recursos estratégicos.
Este vínculo se observa en la actual administración George W. Bush, quien a través de el vicepresidente Cheney crearon un grupo de trabajo sobre la política energética de Estados Unidos, cuya preocupación era y sigue siendo: ¿Cómo aprovisionar la economía cuando las necesidades aumentan en momentos en que las reservas mundiales escasean cada vez más y se hacen más difíciles de explotar? Desplegando tropas en las zonas petrolíferas.
El Grupo es conocido como Desarrollo de la Política Energética Nacional (National Energy Policy Development Group, NEPDG), integrados por altos miembros de la administración y lo dirige el vicepresidente Dick Cheney, ex presidente de Halliburton, la mayor empresa de equipamiento petrolero del mundo. (14)
Lo anterior nos indica de que manera los gobiernos se asocian con las empresas transnacionales y los grandes negocios, donde el interés nacional es una figura retórica, el papel de representante de los ciudadanos es una entelequia y el voto no significa nada, dado que la representación política está diluida y naufragada en un mar de contradicciones, tal cual como navega la política; la política está más asociada con la economía y desnuda de todo ropaje ciudadano, impregnada de atenciones hacia los inversionistas y preocupada por atender los asuntos de la mesa de la macroeconomía y desatender las exigencias y reclamos sociales de los excluidos.
Otro aspecto digno de destacar en la nueva guerra, es la forma de operar en el escenario de la confrontación, no interesa el territorio como punto de dominio, sino el recurso, que puede ser, mineral, hídrico y/o estratégico; humano o poblacional para desestructurar al enemigo, por lo que el espacio territorio no es una pieza importante en el ajedrez de la confrontación, ya que puede hacerse la guerra cerrando los pasos a la economía, desembarcando marines o fuerzas multinacionales en la zona de riquezas estratégicas, fracturando las exportaciones, bloqueando el comercio y aislarlo del mundo global.
Esta nueva guerra requiere de alianzas, no porque el poderío militar de los EE.UU. esté en decadencia, sino porque en el control de la energía están implicados varios estados que son parte del dominio imperial. Europa y Asia no cuentan con recursos estratégicos importantes; EE.UU. cuenta con ellos de manera limitada y Medio Oriente los posee, la zona del mar Caspio concentra una gran parte al igual que América Latina, de ahí que en esas regiones poseedora de recursos los conflictos estarán a la orden del día y los provocadores serán las santas alianzas de las grandes potencias.
La alianza es pieza fundamental en la medida que la sociedad industrial acelera su desarrollo, las interdependencias crecen, la transferencia de tecnología ligan los centros productivos, la red de importaciones y exportaciones que arman la densa urdimbre del comercio vincula varios centros distributivos y las economías en los inicios del Siglo XXI no funcionan de manera aislada, requieren forzosamente de los insumisos y recursos de las otras que integran el universo capitalista, de ahí que cada incremento tecnológico abre una válvula más de consumo. Hagamos un ejercicio con el agua y el petróleo.
Alianza humanitaria que hoy día se esgrime en las confrontaciones bélicas, es el nuevo rostro de la intervención que se desató en los noventa, con el firme propósito de demostrar que las soberanías era una falacia, que en los países que ellos, los norteamericanos, calificaran como peligrosos, perturbadores o violadores de los derechos humanos, dictatoriales o perversos, la comunidad internacional estaba en la obligación de intervenir para salvar a la humanidad. Ese fue el pretexto para Somalia, Afganistán, también para Milosevic en Serbia y Hussein en Irak; así se inauguró la era de las coaliciones intervencionistas encabezadas por Norteamérica.
Alianza Humanitaria es la nueva política bélica que se elaboró para demostrar que el concepto de soberanía es inútil en estos años, que la gobernanza, una válvula de escape de teoría fallida en la administración pública, coloca todo el talante en la red de instituciones globales, justificando con ello las intervenciones en Somalia, Haití, los Balcanes o Afganistán entre otros lugares, donde el argumento mayor era que los gobernantes ilegítimos o dictatoriales no pueden recurrir al derecho de la soberanía para escapar de la justicia internacional de occidente.
Casi siempre, la militarización se concebía como la presencia de un ejercito ajeno a la nación invadiendo o ingresando al territorio nacional, tomando posiciones estratégicas y ordenando a las fuerzas invadidas que se sometieran bajo sus ordenes; esta vez, la militarización está diseñada de una manera distinta, donde el agente invasor no esta presente de manera mayoritaria en el terreno invadido, sino que mediante alianza estratégica con fuerzas del orden y de la defensa del país sometido, se ejerce la militarización de las áreas seleccionadas.
Este diseño estratégico militar tiene como soporte dos argumentos, por un lado, no tiene los Estados Unidos el suficiente personal militar para estar presente u ocupando tantos territorios donde están sembrados los recursos estratégicos, por otro, evitar que el traslado masivo de sus fuerzas de ocupación sean criticadas por varias razones, por el alto costo de la movilización, desproteger la nación ante contingencias como la acontecida con el huracán Katrina, ser blando de críticas por la oposición de su país y no mostrarse como el halcón que de apodera de todo en el mundo.
Lo que ocurre, como casos interesantes, es que cada escenario de las intervenciones se presenta en regiones o países con recursos estratégicos, posibilitando que se sigan presentando las intervenciones militares bajo el mando de lo humanitario, porque las cifras nos dicen que las reservas del petróleo, según cifras del Departamento de Energía norteamericano, estipula que para mediado del Siglo XXI no alcance a cubrir la demanda mundial. Si para el año 2000 eran calculadas en 1.033 billones de barriles, estos cubrirían unos 40 años más si se mantiene el ritmo de consumo de 73 millones de barriles diarios, pero si se incrementa 2% anual como prevé, se acorta la vida de la reserva. La esperanza puestas en los nuevos descubrimientos no es alegría en la medida que no existe en la actualidad la tecnología adecuada para extraerlo.
Lo mismo sucede con el agua, la reserva potable y dulce del liquido apta para consumo humano es de 3% del total existente, la mayor parte de ese 3% esta en los glaciares y casquetes polares, por lo que el volumen accesible es de 12 mil kilómetros cúbicos, y la mitad la consume la humanidad. En los próximos años de pronostica un consumo de 100% y la escasez se asoma como nueva amenaza, amén de que este recurso por su naturaleza recorre muchos tramos de territorios que permite ser compartido por varias naciones, al ejercer el control para garantizar el abastecimiento, desanuda conflictos por el agua como ya se observa en varios lugares del mapa mundial. (15)
En este rubro las presiones políticas y las maniobras militares son evidentes, las actividades de los organismos financieros internacionales -como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM)- tendientes a presionar a las autoridades locales de varios países latinoamericanos, condicionándoles la entrega de recursos y/o a recortar los subsidios, aumentar las tarifas y privatizar servicios, señala un análisis de la organización no gubernamental Globalization Challenge Initiative.) (16)
El documento afirma que
“tanto el BM como el FMI han condicionado la entrega de créditos a la aplicación de programas que implican la apertura de los servicios de agua y saneamiento al sector privado y el incremento de tarifas para que éstas cubran los costos de operación. Sólo en 2000, agrega, se encontraron acuerdos con 12 países solicitantes de préstamos que incluían estas condiciones:
Entre los casos recientes, el estudio destaca el de Nicaragua, donde se aplicó un aumento de 30 por ciento a las tarifas del agua, para cumplir lineamientos del FMI y del BID. En Ghana el incremento recomendado por los organismos internacionales fue de 95 por ciento.
En Tanzania, un proyecto del Banco Mundial propuso "mejorar" las operaciones privadas de abasto de agua mediante "un aumento gradual de las tarifas hasta un nivel comparable con el costo marginal a largo plazo".
Estas políticas están empezando a revertirse contra sus promotores del mundo industrializado; en Estados Unidos, los recientes recortes fiscales y la creciente demanda hacen poco probable que existan suficientes recursos públicos para mantener el servicio sin aumentar los cobros.
De acuerdo con la Red de Infraestructura Hidráulica (WIN, por sus siglas en inglés), se necesita una inversión anual de 23 mil millones de dólares extras para que ese país cumpla las normas ambientales y de salud pública, y para remplazar la infraestructura obsoleta.
Si no reciben suficientes fondos, los operadores municipales, distritales y regionales de los sistemas de abasto de agua podrían enfrentar decisiones difíciles, entre ellas la tentación de vender los sistemas a inversionistas privados.
El Banco Mundial sostiene que el agua debe ser considerada una mercancía, que los organismos operadores en los países subdesarrollados son deficientes y están muy endeudados, y que la participación privada, en general, ha aumentado la eficiencia, mejorado el servicio y ampliado la cobertura del servicio
El autor es investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa/México. Autor de varios libros entre arguons Lectura crítica del Plan Puebla Panamá, democracias en riesgo en América Latina y Democracia emancipatoria. Autor de una veintena de artículos y ensayos. Director de la red de Investigadores Latinoamericanos por la democracia y la Paz. www.insumisos.com
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11/ Fukuyama, Op. Cit. Pág. 143-144 Volver arriba
12/ Klare T. M. 2001,Guerras por los recursos, Editorial Tenencias, España, pp.25. Volver arriba
13/Op. Cit., pp. 34-35. Volver arriba
14/ Arthur Lepic – 2005, EE.UU.: Convergencia de las políticas energética y militar. Los puntos oscuros del informe Cheney, leído el 02.09.05 en Red Voltaire
http://www.voltairenet.org/article126837.html#article126837 Volver arriba
15/. Maurits W. 1989, Mac Kienzie, 1996. En Klare T., Op. Cit, Pág. 286, Volver arriba
16 / Globalization Challenge Initiative, 2005, “Los ocho países más ricos supeditan préstamos a la privatización del agua” en La Jornada, México, 1 de septiembre.Volver arriba