Mucho
revuelo se ha originado en Internet los últimos meses,
apuntando al 1 de octubre de 2004 como día fatídico
para los internautas españoles. La causa no es otra
que la entrada en vigor en esa fecha de una reforma del
Código Penal. Los rumores, las noticias y las opiniones
han estado circulando masivamente por la red, especulando
sobre si a partir de ahora es un crimen el intercambio de
archivos que posean derechos de autor, tales como películas
o canciones de Alejandro Sanz.
Ciertamente
el tema es preocupante. Hay un par de párrafos que
recetan nada menos que pena de cárcel para quien
cometa ese tipo de actos, lo que demuestra cuál es
el verdadero talante de nuestro extremadamente progre gobierno
del PSOE. Algo tan inofensivo y tan generalizado
como utilizar un programa de intercambio de ficheros con
el fin de obtener música gratis, podría enviar
nuestros huesos a prisión.
Además con su nuevo talante, nos
han obsequiado con esta campaña publicitaria, donde
se pretende presentar a un chaval sentado frente a un ordenador
como a un criminal de la peor calaña:

Sin
embargo, hay que aclarar que, en esencia, esos párrafos
no cambian con respecto a la anterior reforma de 1995, rubricada
por Felipe González, quien era presidente
de España en aquella época.
Resulta
paradójico que ese año firmara un Código
Penal alguien bajo cuyo mandato España había
vivido años de corrupción generalizada, alguien
de quien se dijo con razón: “por acción
u omisión ha sido responsable de crímenes
de estado”, alguien que, en definitiva, ha sido
el peor cáncer que ha sufrido este país desde
Franco. No cabe duda de que tenemos lo que nos merecemos.
Volviendo al tema que nos ocupa, la realidad
es que si desde el 1 de octubre somos criminales varios
millones de españoles, ya lo éramos desde
1995 y, a pesar de que las cárceles están
saturadas, no es porque la inmensa mayoría de sus
inquilinos sean usuarios de programas de intercambio de
ficheros.
La
razón es que, tanto aquella reforma como la actual,
incluyen el ánimo de lucro como
premisa para perseguir este tipo de actos. No obstante,
y aprovechado la inminencia de este famoso 1 de octubre,
se ha abierto un debate sobre qué es el ánimo
de lucro. Para unos es sinónimo de querer ganar dinero,
mientras que otros alegan que basta con ahorrárselo.
Es
decir, estos últimos opinan que quien se copie una
canción de Alejandro Sanz merece cárcel, y
no por su mal gusto musical, sino porque ha ahorrado dinero
al no comprarla. Y es que estos últimos no son otros
que los representantes de la SGAE (Sociedad
General de Autores y Editores). A nadie le cabe en la cabeza
que se pueda encarcelar a millones de personas por estas
estupideces, pero estos vampiros de la cultura no dudan
ni lo más mínimo en reclamarlo dado que, aunque
conocen la imposibilidad de que se lleve a cabo, pretenden
meternos el miedo en el cuerpo para llenar aún más
sus ya repletas arcas.
Sobre las hazañas de la SGAE para
desvalijarnos a todos, se puede hablar largo y tendido,
adornando la exposición con didácticos ejemplos
que servirían sin duda de manual definitivo para
ladrones de guante blanco, sin embargo, lo dejaremos para
otra ocasión. Baste decir que esta gente ha campado
a sus anchas, reclamando dinero a todo lo que se mueve,
sin que ningún gobierno haya intentado pararles los
pies, más bien al contrario, y el actual no es una
excepción.
Nos podemos preguntar si esta ambigüedad
en los últimos códigos penales, en lo referente
al ánimo de lucro, es una muestra más de la
ineptitud de nuestros legisladores o, por el contrario,
es una concesión para que una minoría, la
representada por la SGAE, pueda demandar continuamente a
la inmensa mayoría de la población, con el
fin de sacarnos hasta el último euro. Cualquiera
de las dos opciones es muy preocupante.
Hay
un último factor que no podemos dejar pasar, relacionado
con este Código Penal, el cual, lógicamente,
cuenta con una infinidad de artículos además
de los relacionados con los derechos de autor. Esta reforma
fue elaborada por el anterior gobierno del Partido
Popular, y el PSOE presento una enmienda con el
fin de que fuera revisada, exponiendo que la reforma suponía
“un exacerbamiento de las penas, fundamentalmente
de las privativas de libertad, especialmente en delitos
contra el patrimonio, unido a rebajas penales en otros ámbitos
delictivos cuya autoría no esta asequible a la mayoría
de los ciudadanos”. Estas palabras las firmaba
nada menos que Maria Teresa Fernández de
la Vega, quien en la actualidad es Vicepresidenta
del Gobierno.
Ni
la señora De la Vega, ni nadie entre los supuestos
socialistas que ahora nos gobiernan, han movido un dedo
con el fin de paralizar la entrada en vigor de la reforma.
Demostrando muy a las claras que el PSOE tiene una cara
en la oposición y otra radicalmente opuesta en el
poder. No me cabe duda de que mientras sigamos siendo gobernados
por PSOE o PP las leyes favorecerán a los poderosos,
mediante ese artificio que llaman Estado de Derecho.
Y es que los portavoces del pensamiento
único, quienes defienden nuestra sociedad neoliberal,
suelen justificarla asegurando que vivimos en un estado
de derecho, concepto oscuro donde los haya y que originalmente
se introdujo con el objetivo de limitar los poderes del
estado absolutista sobre los intereses de la burguesía.
En nuestros días, ciertamente, la nueva burguesía,
la compuesta por las clases más acomodadas, está
perfectamente protegida de la clase asalariada mediante
las leyes que escupen nuestros gobiernos supuestamente democráticos.
Al menos mientras nos sigamos dejando.