RELATIVIDAD
Quinta parte

Por Aristarco el bolchevique

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Tras los trabajos publicados en 1905, entre los que destacó la Relatividad Especial, Albert Einstein ya había alcanzado sobrados méritos para pasar con letras de oro a la historia de la ciencia, sin embargo, lo mejor estaba aún por llegar.

En el año 1907 tuvo la ocurrencia de que cuando alguien viaja en un vehículo con aceleración, experimenta sensaciones parecidas a las de otra persona que se halle en reposo sobre la Tierra. Posteriormente calificó esta visión como la idea más feliz de su vida.

La aceleración no es otra cosa que la variación de la velocidad con respecto al tiempo. La unidad internacional para medir la velocidad es el metro por segundo (m/s), de forma que un metro por segundo equivale a 3,6 kilómetros por hora. La aceleración, por su parte, se mide en metros por segundo al cuadrado (m/s²), y cualquiera puede experimentarla al presionar el acelerador del coche. En caso de estar frenando, la velocidad se reduce y la aceleración sería negativa.


Podemos experimentar la aceleración en cualquier vehículo

Debido a la fuerza de la gravedad, cuando soltamos un objeto desde la ventana, este experimenta una cierta aceleración constante durante su caída, aproximadamente de 10 metros por segundo al cuadrado, hasta golpear el suelo. Esta aceleración se ve reducida en parte por el rozamiento del objeto contra el aire, pero para lo concerniente al tema que nos ocupa podemos ignorar este hecho. Del mismo modo, la Tierra nos mantiene en el suelo porque ejerce fuerza de gravedad sobre nosotros.

La idea de Einstein consistió en que si alguien viaja en una nave espacial con una aceleración constante, concretamente con la misma aceleración que provoca la Tierra sobre cualquier cuerpo en caída libre, seríamos atraídos contra la parte trasera de la nave exactamente con la misma intensidad con que somos atraídos por la Tierra si estamos en el suelo.


Se siente lo mismo acelerando en una nave espacial que en tierra firme

Tanto es así, que si despertáramos de repente en una estancia herméticamente aislada del exterior, que se halla acelerando dentro de una nave espacial en la dirección del techo, podríamos creer perfectamente que nos encontramos en una habitación en tierra firme, y no tendríamos modo de demostrar lo contrario, puesto que sentiríamos una atracción del suelo equivalente a la de la Tierra.

Lo mismo les ocurriría a todos los objetos a nuestro alrededor. En esas condiciones de nave acelerada, el efecto de lanzar un objeto hacía arriba sería el mismo que el de lanzarlo en tierra firme, es decir, que caería contra el suelo.

Del mismo modo ocurre en el caso contrario. Einstein señaló que si viajáramos en un ascensor y se rompiera el cable, durante la caída podríamos soltar objetos y flotarían a nuestro alrededor. Nosotros mismos careceríamos de peso, y podríamos comprobarlo si hubiera una báscula en ese ascensor. Este efecto de falta de peso es indistinguible del que experimentan los astronautas cuando se hallan en el espacio en una nave parada y sin gravedad.

Podemos sentir algo parecido sin necesidad de ser astronautas, y tampoco es imprescindible cortar el cable del ascensor. Basta con ir a alguno de los parques de atracciones que cuentan con una torre desde donde se nos suelta por unos raíles en caída libre vertical. Si fuésemos en el interior de algún tipo de caja, el efecto sería total.


En esta torre podemos experimentar caída libre, y por tanto algo parecido a la falta de gravedad

Aunque todas las atracciones que yo he visto consisten en un asiento al aire libre, puede servirnos para hacernos una idea de cómo nuestros sentidos rechazan un estado tan extraño como es el de ingravidez. No se trata sólo de flotar plácidamente en el aire, sino de sensaciones extremas que se convertirían en desagradables si se prolongaran, al menos hasta que nos acostumbráramos, como aseguran los astronautas que acaba ocurriendo.

A partir de estas ideas, Einstein llegó a la conclusión de que gravedad y aceleración son la misma cosa, en lo que llamó el principio de equivalencia. Para demostrarlo tuvo que dedicar ocho años de complejos cálculos matemáticos, y profundizar en campos que él no conocía hasta ese momento. Tan complicado resultó que estuvo a punto de adelantarse David Hilbert, un gran matemático alemán que, tras asistir a una conferencia de Einstein, buscó la solución por su cuenta.

Sobre esos sufridos años, Einstein declaró: “Sólo aquellos que lo hayan experimentado pueden comprender esa ansiosa búsqueda en la oscuridad, ese intenso anhelo en los que se alternan confianza y desánimo, hasta finalmente emerger bajo la luz

La Teoría resultante, la llamada Relatividad General, ofreció una visión revolucionaria del universo.

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