MATERIA OSCURA
por Aristarco el Bolchevique

La Ciencia se empeña en demostrarnos lo pequeño que el ser humano es en realidad. Ya en la antigüedad, Aristarco de Samos propuso que nuestro planeta no era el centro del universo, idea que se impuso milenios después gracias a gigantes de la talla de Copérnico y Galileo. Darwin nos explicó que no somos seres creados a imagen y semejanza de ningún dios, sino que en esencia somos chimpancés con la única característica distintiva de que nos lo pasamos de miedo destruyendo nuestro pobre y pequeño planeta. En la actualidad se sabe que hasta nuestra galaxia es insignificante en un inmenso Universo, e incluso cabe la posibilidad de que este sea un minúsculo componente de algo mucho mayor llamado Multiverso.


Ninguno de nosotros se diferencia en exceso de este individuo

Pero tal vez se podría ir más allá todavía. Las últimas observaciones apuntan a que el material de que estamos hechos: protones, neutrones y electrones, puede que no sea el componente predominante del Cosmos, dejándonos así más empequeñecidos todavía. Es muy posible que la materia que nos forma sea una pequeña parte de la que compone el Universo.

Una galaxia existe por la sencilla razón de que la fuerza de la Gravedad entre sus estrellas y demás elementos incluidos en ella, como gas o agujeros negros, la mantiene unida y compacta. Si no fuera por ello se dispersaría en el Universo como lo hace un vaso de agua en el mar. Sin embargo, las cuentas no salen. Los astrónomos han descubierto que haría falta entre cinco y diez veces más material del que vemos realmente para mantenerla unida.

Nuestra galaxia vecina, Andrómeda, es un buen ejemplo de ello. Se la puede observar rotando sobre si misma, pero no lo hace como debería. Sus partes más externas habrían de hacerlo con una velocidad menor que las internas, de la misma manera que el planeta más exterior de nuestro Sistema Solar, Plutón, se mueve más lentamente alrededor del Sol que el planeta más interior, Mercurio, o que la misma Tierra. Pero no ocurre así, las nubes más externas detectables de Andrómeda se mueven a una velocidad similar a otras más internas. Esto solo es explicable si hay allí mucha más densidad de lo que parece.


Andrómeda

Esta materia no detectada, y que crea estas particularidades, es lo que se llama materia oscura, la cual podría llegar a suponer un 90 por ciento de la materia total del universo si se tienen en cuenta otros fenómenos, como que las galaxias se agrupan de forma que no se explica por la interacción gravitatoria entre ellas provocada por la materia visible.

No se conoce aún la naturaleza de esta materia oscura. Las primeras hipótesis apuntaron a estrellas sin brillo o restos de estrellas, pero es muy improbable que la tecnología actual hubiera dejado pasar tales cuerpos sin detectarlos. Así, parece claro que no estará compuesta de los mismos átomos “ordinarios” que nosotros. Posteriormente se atribuyó a unas minúsculas partículas, los neutrinos, el papel de ladrillos de esta materia, sin embargo hoy están descartadas por contar con demasiada poca masa. Se sigue teorizando sobre otros muchos tipos de partículas candidatas a llenar ese vacío, pero ninguna de ellas convence todavía demasiado.

Hay alguna posibilidad de que nuestro ego quede a salvo y el universo se componga mayoritariamente de materia “normal”. Algunos creen que ese fenómeno observado en las galaxias no responde al efecto de la materia oscura, sino que la explicación se halla en que las teorías sobre Gravitación fallan a enormes distancias. Pero la mayoría de los astrónomos creen que hay pruebas sobradas de que esas teorías se cumplen sea cual sea la separación entre los objetos.

Es importante cuantificar la materia oscura y conocer su naturaleza porque puede ser decisiva para predecir el futuro del universo, como expliqué el mes pasado y en alguna otra ocasión. El prestigioso astrónomo Martin Rees es optimista, y apuesta que en 10 años se comprenderá totalmente la materia oscura, un problema que se halla entre los más importantes de la astronomía y de toda la física.


Martin Rees

Si Rees tiene razón, nuestra especie habrá recibido un nuevo baño de humildad. Ni nuestra especie es la culminación de la obra de ningún dios, ni nuestro planeta es el centro de nada, ni nuestra materia es la más abundante. Tal vez nuestro único record sea el de ser la especie que más pronto destruye su hábitat. Estamos en ello.