Cuadro de texto: Por ZERIMAR ILOSIT    (noviembre 2006)


ESTO es tan real como que podremos morir de esas mismas contaminaciones de un momento a otro, es un hecho que lo estamos viendo cotidianamente. Hace ya algún tiempo, posiblemente que haya comenzado la gravedad como unos 50 años o más, pero ahora se está viendo los resultados. En la actualidad vastas regiones de nuestro querido Planeta Tierra, no tenemos otro, está siendo masacrada, la climatología es adversa, no llueve ni hace frío como debería ser, el efecto estufa es ya una realidad, el simple hecho de respirar corresponde a abreviar cada día más nuestras vidas.

Cada ves más existen sufrimientos entre la populación sobre las alergias y crecientes lecciones pulmonares, de nuevos y viejos cánceres en proporciones alarmantes. Hospitales y consultorios de especialistas en el aparato respiratorio están cada vez más llenos con victimas de las diversas impurezas que contiene el aire que respiramos.

Cuando nos aproximamos por carreteras, vías férreas o aéreas a las grandes capitales, percibimos a la arribada que el paisaje urbano está saturado, como un océano de gases, partículas contaminantes y nocivas, llegándoles a faltar a algunas personas el aire puro.

Eso desencadena en el día a día y de manera constante e implacable prejuicios por lo que nuestra salud está siendo minada. Ya se admite que está comenzando por la psíquica, pues la mente humana vive padeciendo toda clase de presiones. Indudablemente, poco o nada adelanta el encerrarse en muros cada ve más altos, como si las amenazas estuviesen a las puestas de nuestras propias casas.

Las ciudades que están próximas al mar, los envenenamientos atmosféricos también avanzan, sin olvidarlas cada vez más las contaminaciones de playas debidas a las basuras y mareas negras que son asiduas. La realidad es que tanto las ciudades del interior, empezando por las grandes metrópolis, como aquellas otras a vera mar, están altamente contaminadas y son al mismo tiempo contaminadoras.

Descontaminar cualquier ciudad, o no contaminarla, sería lo más razonable, debería formar parte también de los programas políticos, ellos lo saben, pero no les interesan actuar. No deberían esperar a que surjan las catástrofes, a las que estamos cada ve más habituados, pero es ahí, hecho el desaguisado, posiblemente, tomen las debidas providencias, pero hasta entonces los lucros y dividendos han sido muy sustanciosos… Es evidente, lo más provechoso para los ciudadanos sería el no llegar a éstas calamidades, pero entonces ellos no tendrían con qué hacer las propagandas políticas basándose en cacareos democráticos de que van a arreglar aquello que no debería haber ocurrido, pues los presupuestos se lo metieron en sus bolsillos…

Las graves cuestiones que asolan el Planeta desde tiempos inmemoriales, pero ahora más cruciantes y múltiples, una de ellas, talvez sea de que ya estamos respirando la MUERTE. El resultado es consecuente de que nos encontramos delante de un “progreso” desmesurado, salvaje en la ejecución, cosa por lo que al mismo tiempo crea ruinas, sí, esas mismas, las nuestras. Aún más, con el agravante que de ese “progreso” no todos los habitantes llegan a coger unos, digamos, centímetros por vivir súper explotados en los países tercermundistas.

El sistema político, el cual dicen a boca llena que nos representan, tienen la obligación de implantar un largo sistema de concienciación, a empezar por ellos mismos e informando al pueblo una ves más de los beneficios de la ecología, antes que la poca calidad de vida caiga en picado total, extendiéndose a aquellos otros ciudadanos que aún les quedan un estado de vida aceptable, pues es sabido que otros no lo han conseguido jamás y están dentro de las desgracias colectivas desde hace décadas.

Sin embargo, las ganancias obtenidas por parte de las clases dominantes con las degradaciones ambientales del Planeta han ido, continúan siéndolo, mucho mayores que la Razón de protegerlo. Por una parte ellos, como “padres de la patria”, por la otra la dejadez en la preparación de las masas humanas para que no esterilicen el “suelo patrio” donde vivimos, se han demostrado superiores al instinto de conservación y sobre vivencia.

La infinidad de polución que viene perjudicando las vidas humanas, animales y florales deriva de las faltas de moralidades colectivas que de una forma o de otra, enferman a todo el ecosistema habitacional. Vivir el presente momento es administrar el peligro que éste puede llegar a traernos por no poner coto. Pero aún queda un largo camino para ponerle remedio. Lo que ocurre es que verdaderamente cada vez menos estamos encontrándonos en los caminos de la existencia como seres humanos, el individualismo es patente: “primero yo, después yo y siempre yo…”. Es lo que se está viendo en los últimos 100 años, por poner una fecha cercana. Es pues la falta de fraternidad la que está más lejana, por lo que no podremos disfrutar de la tan deseada PAZ, esa que anhelamos desde tiempos inmemorables pero que cada instante se aleja, sea ella en el sentido estricto de las guerras, las misma que jamás han dejado de existir, como el matar el ecosistema del Planeta, con lo cual nos lleva a suicidarnos en un holocausto colectivo en el que estamos sumergidos desde que el hombre, eso dice, se convirtió en hombre… depredador.