Como todos los años, en octubre de 2005 han ido saliendo a la luz los ganadores de los premios Nóbel y, como siempre, son infinitamente superiores la divulgación e importancia que en los medios de información general obtiene el galardonado en Literatura que las recibidas por el ganador en Física.
En esta edición nos han expuesto ampliamente todo acerca del escritor británico Harold Pinter. En periódicos, radios y televisiones se nos ha explicado su vida, se han descrito muchos de sus libros, se han referido a su ideología política y nos han narrado su lucha de los últimos años contra un cáncer.
Por el contrario, a no ser que lleváramos a cabo intensivas búsquedas, lo único que nos llegó acerca de Roy J. Glauber, John L. Hall y ThodoreW. Haensch fue, en cuanto al primero: “su contribución a la teoría cuántica de la coherencia óptica”, y sobre los otros dos: “su aportación a la precisión espectroscópica basada en láser”. Altamente explicativo sin duda.
Parecería que el llamado mundo de las letras es claramente más esencial para la humanidad que el de las ciencias. Podemos intentar contrastarlo viendo un ejemplo de cada campo.
Hay casi unanimidad en que Isaac Newton ha sido el principal físico de la Historia, sólo seguido de cerca por Einstein. No está tan claro quien ha sido el mejor escritor que ha habido pero, por poner un compatriota de Newton, probablemente el mayor en lengua inglesa haya sido William Shakespeare.
Casi todas las personas que se consideran cultas han leído algo, si no todo, de Shakespeare, e incluso la mayoría habrán visto alguna representación teatral basada en su obra. Sin embargo, pocas de estás personas nos sabrán decir la fórmula de la gravitación de Newton o sus principios de la mecánica, por poner dos ejemplos simples de la colosal labor científica de este hombre.
Tal vez Shakespeare captó y expuso como nadie multitud de aspectos de la naturaleza humana, pero no es menos cierto que Newton captó y expuso como nadie multitud de aspectos de la naturaleza del Universo. ¿Es más importante la primera que la segunda? Yo creo que no, más que nada porque la segunda incluye a la primera.
Es realmente triste preguntarse cuantos científicos podría citar la inmensa mayoría de la gente sin pensar demasiado, una vez olvidado lo que aprendieron en el colegio. Imagino que podemos considerar a Einstein y Newton como universales, y quizás si somos optimistas podamos incluir a Darwin y a Galileo. Entre los vivos, no creo que haya ninguno demasiado popular aparte de Hawking.
En el Siglo XXI, cuando se ha generalizado el uso de Internet, de los teléfonos móviles o del GPS, a casi nadie le importa lo que hay detrás de esos inventos ni quienes hicieron posible su desarrollo. En ese mundo vivimos, la gente vive lo que le ha tocado sin hacerse una sola pregunta. Utilizan la tecnología de su época como si hubiera caído del cielo, sin el más mínimo interés por la ciencia básica que la originó.
Siendo grave de por sí que la población esté compuesta mayoritariamente por ignorantes, lo es más si tenemos en cuenta que algunos de los principales peligros que enfrenta la humanidad, como las armas de destrucción masiva, la superpoblación, la crisis energética o el cambio climático, tienen su causa en el avance tecnológico puesto en manos de indeseables en unos casos, de incompetentes en otros y de ambas cosas a la vez en los demás.
Si la gente tuviera unas nociones básicas no dejaría que los gobernantes, claros ejemplos en nuestro tiempo de indeseables e ignorantes en ciencia, nos llevaran de cabeza al descalabro. Como decía Carl Sagan: “Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre”.
Tampoco vendrían mal unas gotas de mentalidad científica y crítica, aplicadas en general a todo lo referente a la política y la economía, para no dejarnos engañar por políticos mafiosos que mienten más que hablan, como fue Felipe González, mientras nosotros sin inmutarnos no dedicamos ni un segundo a preguntarnos cuánto de lo que dijeron en campaña electoral se ha cumplido y volvemos a votarles a ellos o a otros de la misma calaña.
Para acabar, quiero dejar claro que no considero la literatura y el arte inútiles ni mucho menos. Al contrario, los veo como imprescindibles para el desarrollo de los individuos, al menos tanto como la mentalidad crítica y científica. La única diferencia es que esta última lo es más para el desarrollo y supervivencia de las sociedades.
Algunos de mis mejores momentos los he pasado frente a un libro, y ni si quiera la mayoría de las veces eran libros de ciencia.