La revolución
inglesa del siglo XVII fue uno de los grandes momentos de
la Historia por varias razones. Fue una de las primeras
ocasiones en las que tuvo éxito una victoria de los
poderes económicos incipientes, la floreciente burguesía,
frente a la herencia feudal y el poder incontestable del
rey en una época de formación de los absolutismos
en toda Europa. La explosión de nuevos ideales revolucionarios,
la reinterpretación de la religión y de la
relación hombre-Dios, son otras de las grandes razones
que hacen de este acontecimiento un momento emocionante
como pocos en la Historia Moderna.
Veremos los principales acontecimientos políticos
que llevaron a la ejecución de un rey, Carlos I,
por su propio parlamento, pero no nos detendremos en la
simple narración histórica, nos sorprenderemos
con esos movimientos sociales “radicales”, que
intentaron hacer la revolución dentro de la revolución,
movimientos poco conocidos, y desgraciadamente casi nunca
estudiados, pero que sin duda tienen una grandísima
importancia en el plano de los ideales revolucionarios posteriores.
Hubo
dos revoluciones, la que tuvo éxito y que consagró
los derechos de propiedad de la “burguesía”
y su ética protestante, y la revolución que
nunca estalló, la llevada por los nuevos idealistas
y que pudo haber formado la propiedad comunal y un sistema
democrático impensable para esos años. Como
suele ser habitual estos movimientos terminaron siendo aplastados.
1) Antecedentes
Inglaterra entró
en el siglo XVII con una nueva dinastía, los Estuardo,
procedente de Escocia y con un nuevo planteamiento del papel
del monarca, así Jacobo I de Inglaterra
(y IV de Escocia), empezó a poner los cimientos de
un futuro poder absoluto del monarca, en contraposición
a la histórica importancia del Parlamento
inglés, que personificaba de modo aproximado a la
población económicamente activa, es decir,
la población con grandes capitales y bienes, y que
ya entonces se dividía en Cámara de los Pares
y de los Comunes. Este proceso se acentuó ante la
gravísima crisis económica de estos años
y el comienzo de las guerras en Europa, de lo que más
tarde se llamaría la Guerra de los 30 años,
por lo que muchos poderosos preferían un gobierno
fuerte y autoritario.
En este ambiente de
inseguridad pronto aparecieron los primeros problemas entre
el rey y el parlamento, unas nuevas políticas fiscales
intentaban hacer más autónomo económicamente
al monarca, es decir, intentaba que los ingresos reales
no dependieran del parlamento, como había sido hasta
entonces bajo la dinastía Tudor. Ante las protestas
de los comunes por estos nuevos impuestos injustos, el rey
decidió disolver el parlamento, la brecha ya estaba
abierta. El resto del reinado de Jacobo I no hizo más
que acentuar estas desavenencias, herencia que dejó
a su hijo Carlos I.
2) La lucha
por el poder

Carlos I
En 1625 sube al trono
un joven Carlos I, con las arcas vacías,
ante la negativa del parlamento a someterse al control real,
Carlos y su principal consejero, el duque de Buckingham,
deciden crear nuevos impuestos sobre las aduanas para financiar
las continuas guerras contra España y Francia. La
desastrosa política exterior de Buckingham
hizo que el parlamento intentara llevar la iniciativa mediante
la llamada “Bill of Rights”
de 1628, una petición de garantías para evitar
los arrestos arbitrarios de parlamentarios y la derogación
de los impuestos ilegales, es decir, los que no habían
sido aprobados por el parlamento. El rey hizo caso omiso
a estas peticiones, además, Buckingham fue asesinado
y Carlos decidió volver a disolver el parlamento.
A partir de este momento
el rey, aprovechando un relativo crecimiento económico
debido al comercio, unido a unos años de paz con
España, le permitieron volver a intentar su proyecto
absolutista, política que intentó llevar a
cabo su nuevo consejero, Strafford. Se
aumentó la censura de prensa y la presión
sobre los nuevos “predicadores”, ante los nuevos
cambios de mentalidad que los años de conflicto habían
abierto. También intentó una centralización
en un mundo muy descentralizado y en donde los gobiernos
locales tenían mucho poder. También la Iglesia
ayudaba a este proceso, así el arzobispo Laud,
fue un exponente más de esta política centralizadora.
Es precisamente esta política la que más problemas
provocó, pues obligaba a todas las Iglesias a supeditarse
a la nueva Iglesia Episcopal, lo que en Escocia (con Iglesia
nacional propia y país independiente a pesar de compartir
monarca con Inglaterra desde Jacobo) e Irlanda (en gran
parte católica) no estaban dispuestos a permitir.
Los escoceses rechazaron este proyecto, así como
unas nuevas leyes que pretendían prácticamente
la pérdida de la independencia escocesa. La respuesta
fue contundente y Escocia se declara rebelde (“Guerra
de los obispos”)
Carlos, muy contrariado,
convocó un nuevo parlamento con el que pretendía
despertar el latente patriotismo inglés, y conseguir
dinero para crear un nuevo ejército que fuera capaz
de controlar las insubordinaciones. Sin embargo, el rey
tenía ya demasiados enemigos. El parlamento exigía
discutir temas relacionados con los verdaderos problemas
del país, así como volver al antiguo equilibrio
entre el monarca y ellos. Carlos , desesperado por no conseguir
nada de lo que se proponía, vuelve a disolver la
cámara, en lo que se llamó el “Parlamento
Corto”. El parlamento ya estaba controlado
por los llamados “puritanos”,
auténticos representantes de la ética protestante,
en donde la formación de un modelo de estado que
garantizara el predominio de los verdaderos poderes económicos
era su principal objetivo.
El rey, agobiado por
la necesidad y el fracaso de su política escocesa,
se ve obligado a convocar un nuevo parlamento. En la nueva
cámara había representantes de muy variados
orígenes, elegidos mediante diferentes modelos e
históricos derechos electorales, por supuesto nunca
por lo que entendemos ahora como democráticos, y
basados más en la tradición. Así había
funcionarios locales, comerciantes, juristas, gobernadores
y sobretodo nobles del mundo rural (la “gentry”).

Este fue llamado el
“Parlamento largo” (1640).
Pronto se vio lo heterogéneo de la Cámara
de los Comunes, con dos grandes bloques, realistas y parlementistas
en donde había gran diversidad de posiciones, siendo
ésta una de las causas de la división de las
clases dominantes inglesas que llevarían a la guerra
civil. Mientras el rey, sin casi margen de maniobra, veía
como los comunes deshacían la estructura personalista
que se había creado. Reformó la recaudación
de impuestos reales “injustos” , así
como obligar a dimitir a gran cantidad de ministros reales,
de los que destacaba Strafford, que fue acusado de contribuir
a la creación de un gobierno “tiránico
y arbitrario”. Aunque Strafford fue apoyado por la
Cámara de los Pares (lores), de la cual salían
todos los consejeros reales, al final se vieron obligados,
ante la gran presión popular y de los Comunes, a
procesarlo. Lo mismo sucedió más tarde con
el arzobispo Laud, criticado por intentar eliminar la libertad
de las Iglesias protestantes (sobretodo la presbiteriana
dominante entre los “puritanos”), intentando
transformar el anglicanismo en un modelo parecido al papista.
Al final la cámara volvió a tener la potestad
de imponer los consejeros reales, mientras Strafford y Laud
eran condenados a muerte por traición.
En estos momentos
de desconcierto y auténtico miedo del rey, fue también
abolida la ley de censura. Esta abolición fue, en
mi opinión, la decisión con más trascendencia
posterior. La libertad de prensa y opinión produjo
una vorágine de ideas hasta sus límites más
radicales, y que veremos con más detalle en capítulos
posteriores. Además, gran parte del pueblo se empezó
a interesar por lo que pasaba en el parlamento, lo que aumentó
el interés por lo público de la gran mayoría
de la población, que seguía estando excluida
de los poderes políticos.
Ya en 1641 el parlamento
dictó leyes que obligaban a la convocatoria del parlamento
cada 3 años, así como la garantía de
que no sería disuelto sin el propio beneplácito
de la asamblea, lo que la protegía de las decisiones
arbitrarias de los monarcas. También se devolvieron
los poderes que habían sido retirados a los gobiernos
locales, así como la abolición definitiva
de los impuestos navales y sobre el comercio que Carlos
había dispuesto años atrás para aumentar
sus arcas. Sin embargo, no se quitaron los grandes privilegios
de las grandes compañías comerciales, debido
a que en el parlamento tenían el apoyo de muchos
diputados, que evidentemente tenían intereses económicos
en ellas.
Pero fue a partir de
aquí cuando el parlamento dejó de intervenir
casi unánimemente. Los moderados se habían
unido a los radicales para reparar las decisiones reales
que habían intentado cambiar el equilibrio entre
rey y parlamento, y así restablecer “a personas
poderosas por la riqueza y prestigio social” su derecho
a participar en el gobierno. A muchos les pareció
que las reformas ya eran suficientes, sobretodo cuando los
líderes radicales empezaban a apelar a la opinión
pública a seguir con reformas, que llegaran más
lejos que simplemente volver al antiguo “Status Quo”.
A este principio de
desavenencias se unió un problema mayor, la sublevación
del Ulster, en donde la mayoría católica se
había levantado en armas ante la durísima
disciplina aplicada por los ingleses y colonos protestantes
que invadían su territorio. Carlos, que había
hecho grandes concesiones para conseguir la paz con Escocia,
se encontraba de nuevo sin un ejército para repeler
la rebelión. El parlamento compiló una serie
de leyes, dirigidas por el líder parlamentario John
Pym, con la que intentaba la creación de
un ejército que fuera controlados por ellos, y no
por el rey como había sido tradicionalmente, forma
ésta de que luego no se utilizara este ejército
contra ellos. Sin embargo, el parlamento ya estaba muy dividido,
la mayoría de la Cámara de los Pares, y una
importante minoría de la de los Comunes se estaba
aproximando al rey ante la radicalización de los
acontecimientos. Carlos, animado por estos apoyos, intentó
el apresamiento de los líderes del parlamento, sin
embargo, estos habían huido a la City. Londres, que
ya estaba dominado por las clases medias “puritanas”
se sublevó, en enero de 1642 empieza la primera Guerra
Civil.
Ir
al siguiente capítulo - Ir
al índice de la Revolución Inglesa