GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
VII. CUC y CPR: El indígena y la lucha del pueblo.

Por Pausanias el Ácrata (abril 2006)

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Hay CPR porque el ejército nos ha obligado a resistir. Trajimos restos de bombas y balas con las que quisieron matarnos (...). Ustedes saben que no somos guerrilleros, sino campesinos civiles; saben que han ametrallado nuestras champas, que las han quemado varias veces (...). Han bombardeado nuestras comunidades, han capturado miles de hermanos nuestros; también han ordenado a las patrullas civiles que no permitan nuestro comercio (...). La Constitución nos da derecho a resistir cuando ustedes se ponen sobre el poder civil, cuando nos persiguen, cuando nos capturan ilegalmente, cuando han envenenado nuestros ríos y nos han querido matar por hambre”.
Mensaje al Ejército de Guatemala” de las CPR publicado en Guatemala Flash  el 10-9-93 (citado del Centro de Estudios de Guatemala (CEG), 1994).

No solo el movimiento guerrillero se organiza para enfrentar la situación dictatorial y de corrupción extrema que inunda el país. Diversos grupos civiles deciden articularse desde diferentes perspectivas, aunque con convergentes fines, en esta oposición a la situación imperante. Las organizaciones sindicales, duramente perseguidas y reprimidas, así como diversos partidos, condenados a la clandestinidad, o ciertas organizaciones de trabajadores nacen desde la revolución democrática y mantienen con desigual constancia su labor en el campo social. Sin embargo, en este apartado prefiero referirme a dos organizaciones que, por el alto grado de indianismo que muestran, resultan de especial interés. 

6.1. EL CUC: LA UNIÓN HACE LA FUERZA.

Entre 1976-78 se va a organizar el Comité de Unidad Campesina que integraba campesinos indígenas y ladinos pobres.  Este importante movimiento social, a la vista de la maquinaria contrainsurgente estatal subversivo y de carácter comunista colaborador con la guerrilla, enraíza con las actividades del Comité Nacinal de Unidad Sindical (CNUS), la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y la Iglesia de los Pobres, entre otros. Se funda como una organización de campesinos dirigida principalmente por indios aunque también incluye ladinos. Pronto la represión se cebará en él, desde su primera aparición pública el día del Trabajo de 1978.

En Alta Verapaz, en Mayo del 78, una protesta pacífica de cerca 700 indígenas kekchí concluyó en la ignominiosa masacre de Panzós. Situada en la “zona de los generales”, se enfrentaba al continuo expolio de tierras de manos de estos. La riqueza mineral y petrolífera y los intereses fijados en ellos por los EE.UU. abalan  el continuo saqueo de tierras a que los indígenas son sometidos. El CUC en un intentó de llamar la atención sobre el problema encauza las protestas y descontento en una manifestación de carácter pacífico. El resultado fueron 100 muertos y más de 300 heridos. Las fosas comunes donde se arrojaron los inermes cuerpos habían sido cavados con anterioridad al hecho criminal lo cual indica premeditación. La táctica del terror seguía vigente.

En 1980 la CUC vuelve a ocupar el centro de atención debido a otro funesto acto gubernamental. Una comisión de indígenas de Nebaj, algunos pertenecientes al CUC, acudieron a Guatemala Ciudad a protestar por la represión a la que sus comunidades estaban siendo sometidas por el cuerpo militar estatal. Como mecanismo de protesta ocupan pacíficamente la Embajada de España. La policía antidisturbios guatemalteca incendió el edificio con los 39 indígenas dentro. Además, el ejército invade Nebaj cometiendo inenarrables atrocidades contra mujeres desarmadas.

El CUC no se desanimó frente al terror estatal y emprende una nueva amenaza. La huelga de trabajadores de las plantaciones de azúcar y algodón de costa sur de Febrero de 1980. Empezó con 750 trabajadores y pronto se generalizó hasta alcanzar un seguimiento espectacular: 75000 obreros. El gobierno se vio forzado a incrementar el salario mínimo, pero los terratenientes se vengaron con las armas en su poder (despidos, ignorando las nuevas leyes salariales,...) y el ejército se cebó entre los líderes y participantes. Sin embargo, la pesadilla que suponía para los terratenientes y el ejército una huelga de semejante envergadura se había materializado aunque fuera por una sola vez.

Las agresiones y los ataques que la población indígena y el CUC recibían del ejército conlleva la unión de este sector y el guerrillero que desde mediados de los 70 se reconfigura con fuerza. Muchos indios se pasan a la guerrilla, en especial de las masacres de Panzós o la toma de la embajada. Así, en un documento del ejército de Guatemala, se estimaba que el 60% o más de la población ixil estaba en la guerrilla. Se calculaba que existían unos 6000-8000 combatientes armados soportados por una base de cuarto a medio millón de colaboradores entre el pueblo (Susanne Jonas, 1991). La expulsión de sus tierras, el cambio de la hacienda tradicional a los “agrobussines” modernos que utilizaba más trabajadores estacionales... lleva a los indígenas a encuadrarse en el sector proletario explotado. Este hecho le radicaliza aunando sus objetivos con los del movimiento guerrillero.

Las estrategias del CUC se han mantenido a lo largo del tiempo. Hoy día prosiguen con una política de ocupación de tierras y denuncia internacional de la situación de miseria y explotación a la que está sometido el indígena y campesino pobre en Guatemala donde un escaso porcentaje de la población posee la inmensa mayoría de las tierras. Los observadores internacionales siguen llegando a convivir con estas comunidades campesinas acosadas por los intereses de los narcos, terratenientes, militares y corporaciones internacionales que ven en las ansias y aspiraciones del CUC un peligro para sus objetivos de enriquecimiento a costa de una fértil tierra de enormes riquezas naturales. El acoso violento de estas entidades hacia las comunidades campesinas se ha mantenido y las amenazas son cotidianas. El Plan Puebla Panamá ha venido a unirse a estos factores tradicionales en el interés de expropiación de las tierras campesinas. Las grandes compañías transnacionales inversoras del macroproyecto hidráulico (entre ellas encontramos a nuestra querida Endesa) no están dispuestas a dejar escapar tan suculenta ración de beneficios a tan bajo costo. La batalla para el CUC acaba de comenzar.

6.2. LAS CPR: LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA.

El apropiamiento de tierras campesinas en la zona de las Verapaces, el Quiché, el Ixcán y el Petén, zonas tremendamente ricas y codiciadas, va unido a la estrategia del terror. La represión y las matanzas en las tierras altas se sucedían con total impunidad, tanto nacional como internacional. Ya en los 70, bajo el régimen de Laugerud García, se inició la represión del movimiento cooperativista del Ixcán Grande, un proyecto por el cual ciertos sectores de la Iglesia, preocupados por la situación de pobreza extrema del pueblo, crean una cooperativa en dicha zona. En ese momento se secuestran líderes campesinos y se derriba la avioneta del padre Guillermo Woods. Fue el primer zarpazo en la zona. No el último. La espiral de saqueos, violaciones, torturas, desapariciones y asesinatos en masa de campesinos buscaba como objetivo la expulsión de la población de la ubérrima zona donde las compañías internacionales así como altos cargos estaban decididos a asentar explotaciones fructíferas. Se esperaba que la atemorizada población huyese desamparada a territorios alejados de la persecución. Sin embargo, una serie de comunidades campesinas se negaron a huir abandonando la tierra que les vio nacer y que tan unida está a la idiosincrasia indígena. A partir de ese momento en 1980 se organizan las Comunidades en Resistencia que autogestionadas fomentan un tipo de organización horizontal que reta al gobierno y al sistema de explotación neoliberal. Por más de diez años, las CPR viven ocultas en la selva, escapando siempre del ejército asesino que arrasa sus asentamientos y escasas posesiones. El alto mando militar llegó a cometer las más abominables violaciones de los derechos humanos en su afán terco de someter el ansia de libertad humana. Y no lo consiguió. Los bombardeos con fósforo blanco, ametrallamientos, campos de minas, la asistencia militar estadounidense y sus ilimitados fondos no pudieron con el tesón y valor de estas gentes ocultas en la selva. El ejército perdía muchos hombres en sus incursiones en la jungla a manos de una recompuesta y triunfante guerrilla. Las CPR montaron un efectivo sistema de vigilancia y comunicación entre ellas. Correos cruzaban los caminos de la selva para avisar e informar de los movimientos de tropas. La guerrilla se convertía en un aliado más en una guerra entre el pueblo y el poder. Como ya se indicó arriba, los objetivos y enemigos comunes convierten a los dos movimientos, el insurgente armado y el subversivo civil, en colaboradores.

Ricardo Falla, ha recogido numerosos testimonios de sobrevivientes a atroces masacres perpetradas por el ejército para formar su crudo pero necesario Masacres de la selva. No creo necesario repetir aquí la barbarie que en tales páginas se relata. Desde 1980 año en que se organizan las Comunidades de Población en Resistencia y hasta nuestros días, esta organización campesina ha sido víctima del ataque de los poderes fácticos y económicos. El 2 de Febrero de 1994 estas comunidades del Ixcán dan un paso decisivo y provocador. Cansados de la huida eterna a través del infierno verde en que se había convertido su selva “natal”, las comunidades y cooperativas deciden salir al claro. Asentarse y crear poblados temporales fuera de la jungla y, por ello, perfectamente visibles desde el aire. Es el Día de la Resistencia. A partir de este momento siguen llegando retornados desde México. En 1995 se dan enfrentamientos y desacuerdos por la tenencia de la tierra. El Gobierno en su afán por acabar con el sistema organizativo de las CPR, un tipo de organización autogestionada y con una verdadera democracia horizontal y participativa, había ido introduciendo en la zona del Ixcán a través del CEAR colonos que pudiera controlar y organizar para frenar el avance de las comunidades en resistencia. Cuando regresan los refugiados se encuentran con sus tierras concedidas a otros campesinos que se niegan a irse o a adoptar el sistema cooperativo propuesto desde tiempo atrás por las CPR. El Gobierno chapín intentaba por otros medios lo que el ejército nunca logró. Ante esto, se deciden a comprar un terreno a orillas del río Chixoy, en el límite entre el Ixcán y Cobán y organizan la finca San Isidro con capacidad para albergar a toda la población resistente. En el 96 se inició el traslado duro y trabajoso. Nace la nueva comunidad Primavera del Ixcán 96.

6.3. DEMOCRATIZANDO LA SOCIEDAD.

Las expectativas de cambio institucional se presentaban como nulas. La posibilidad de renovación desde arriba hacia abajo, una reforma vertical, se veía impracticable. Las estructuras del poder que quinientos años atrás comenzaran a sembrarse se mostraban inamovibles en la actualidad. Cualquier intento de entrar en el juego del poder y cambiar algo en el tumoroso país había sido absorbido por la dinámica del sistema militar corrupto. Además, Washington se mostraba reacio a permitir ningún viro del timón. Había que buscar nuevas alternativas en aquel callejón sin salida y mal iluminado.

Estas se presentan desde la base. Si desde arriba no se puede cambiar nada, operemos a la inversa, de abajo a arriba. Diferentes organizaciones, entre las que encontramos al CUC y las CPR, se han propuesto sortear los muros interpuestos a partir de una democratización de la sociedad. La creación de cooperativas y comunidades de carácter horizontal, con participación directa y toda la igualdad que en el ser humano se puede dar son las premisas. Conectadas entre ellas por organismos electos desde la base han propuesto un modelo nuevo para enfrentar la situación. Intentan ser autosuficientes en todo lo posible y mantener cubiertas las demandas básicas de cada comunidad en lo que a educación y sanidad se refiere. Los éxitos que puedan cosechar avalarían el intento y atraería a otras comunidades a emular la “democratización” hasta llegar a un verdadera democracia en la base de la pirámide que derrocaría la espiral de corrupción y violencia.

Ciertamente, puede resultar utópico a nuestros descreídos oídos, pero una sociedad expuesta a las circunstancias extremas que Guatemala ha sufrido y por tantísimos años necesita una esperanza para poder continuar. El camino que pretenden abrir es ciertamente difícil. Los primeros brotes de violencia y sabotajes por parte de las partes previsiblemente perjudicadas en su plan no se han hecho esperar. La asistencia de observadores internacionales se ha revelado necesaria para evitar en la medida de lo posible actos de mayores consecuencias y agresiones a los líderes de las comunidades. Se demandan expertos en diferentes ramas, desde medicina a ingenieros agrónomos, que puedan formar a ciertos integrantes de las comunidades o colaborar en el desarrollo de estas. Los primeros pasos andados ya han demostrado lo escabroso del terreno. Muchos estamentos ven en esta forma de democracia una amenaza a su status tradicional y sus privilegios que a largo plazo pudieran verse erosionados.

Sea viable o no, la propuesta de cierta parte de la sociedad guatemalteca está en marcha. Solo el tiempo dictará si fructifica o se marchita en la mancha de sangre que es la historia en el país del quetzal.

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