YAXCHILÁN
EL CIELO NACIDO
Estrategias del poder en el mundo Maya

Parte VI. YAXCHILÁN Y LOS DIOSES: RELIGIÓN Y CONTROL
Por Pausanias el Ácrata

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El hombre maya es un ser imbuido de una ferviente religiosidad. Fue así, seguramente, antes de la aparición de su civilización, durante el desarrollo de esta, y lo continuó siendo después de su “desplome” hasta nuestros días. Aún hoy podemos observar ceremonias, creencias y rituales que provienen de aquella noche de los tiempos mesoamericana. La etnología sigue buceando en el mundo de creencias de los mayas actuales que, con las precauciones y reticencias debidas, se pueden comparar con las prehispánicas.

La religión sirvió como justificación de las estructuras que los dirigentes mayas de Yaxchilán aprovecharon para cimentar su sociedad. El armazón básico de ésta, esa desigualdad entre vasallos y elite, se armó sobre preceptos místicos que los sacerdotes, encabezados por el ahaw, supieron alimentar.

Yaxchilán reúne entre su arte interesantes representaciones que nos presentan al ahaw realizando o participando en diversos ritos. Esto demuestra la ya aceptada certeza del ahaw como máximo sacerdote que encabeza el nutrido ceremonial maya. No es un dios viviente, aunque sí lo sean sus antepasados. En este hecho descansan, en gran parte, sus prerrogativas y prebendas así como todo el poder que acumula. Cuando dirige el ritual se convierte en una deidad que intermedia entre humanos y lo divino. Gracias a su actividad religiosa el devenir del tiempo continúa y el orden cósmico no se derrumba. Sus antepasados, en una línea ascendente, conducen a ese ancestro mítico que es común a todos los ahawob mayas. Una deidad que les transmite la legitimidad. Este estatus les capacita para realizar una gran variedad de rituales, conmemoraciones y jubileos tanto de ámbito estrictamente privado como en celebraciones públicas ante su pueblo. El ceremonial y las creencias religiosas tuvieron que resultar cruciales para ese delicado momento que debió ser el paso de jefaturas basadas en el servicio que sus líderes prestaran a la comunidad, en función de lo cual continuaban en su cargo, a convertir su posición en un cargo hereditario y absolverse de repartir los bienes entre el común, reservándolos solo para sí y una minoría unida por lazos familiares. En esos momentos, enraizados en el periodo Formativo, el revestimiento del líder con sanciones sobrenaturales hubo de ser pieza clave en el tránsito de sociedades preestatales a la fuerte estratificación social típica de los Estados que se transluce de los centros mayas. La plasmación de estos ritos y ceremonias siempre auspiciadas por la máxima autoridad, el ahaw, o alguna figura cercana a él en las representaciones calizas de Yaxchilán dan fe de la tremenda importancia que la realeza maya les concedía.


IMAGEN 9: UNO DE LOS DINTELES DEL TEMPLO 23. RITUAL DE LA SEÑORA K’AB’ AL XOOK, MUJER DE ITZAMNAAJ BALAM II QUIEN ACOMPAÑA LA ESCENA

La legitimación que la religión aportó al sistema maya queda enfatizada por los dos gobernantes más representativos de la urbe: Itzamnaaj Balam y Yaxun Balam IV, en especial este segundo que en su afán de mostrarse como el heredero legítimo al poder se volcó en sus funciones rituales así como recalcó las de su madre, que aparece junto a él y en solitario realizando un rito-visión (Imagen 11) en unos de los dinteles mayas mejor elaborados del arte clásico (Apartado V. IV.).

Junto a la erección de estelas con intrincados ritos labrados, los ahawob mayas de Yaxchilán se afanaron en conmemorar ciclos y fechas dentro del exaltado valor que le concedieron al cómputo del tiempo. Su complejo y preciso sistema de medir el tiempo ha dado lugar al calendario más elaborado y ajustado que se conoce de la antigüedad (el año trópico quedó fijado en 365,2420 por los mayas, acercándose asombrosamente al real que consta de 365,2422 días).

Según suconcepción, las fuerzas cósmicas que regían el universo estaban en movimiento continuo determinando eldestino humano. Asentándose en el infinito discurrir de los periodos cronológicos, estas fuerzas sobrehumanas inalterables determinaban los asuntos humanos, siendo su devenir cíclico y recurrente. Por ello los sabios mayas se empeñaron dedicando generaciones y generaciones a observar, comprender, medir y calcular este continuo paso del tiempo plasmado en los astros que en el firmamento representaban los poderes invisibles que determinaban inexorablemente el destino de la humanidad. Conocer este ciclo temporal equivalía a comprender el cosmos y las fuerzas (dioses) que entretejidas mantenían el continuo de todo lo que existe. El calendario maya es un esfuerzo impresionante de medir el tiempo ajustándose al paso de los cuerpos celestes. Cada segmento de tiempo estaba impregnado de una determinada fuerza que cíclicamente se repetiría una y otra vez. El ahaw como conocedor de este complejo mecanismo conmemoraba en piedra el paso de estos ciclos. Los ahawob de Yaxchilán se mostraban así conocedores de uno de los más importantes saberes alejándose del común que depositaba en su figura toda su confianza. Por ello la erección periódica de estelas o complejos cuyo fin era conmemorar el final o principio de un ciclo temporal (finales de katunob, baktunob, por ejemplo) tuvieron una importancia reiterada tanto en Yaxchilán como en las demás ciudades mayas.

Los templos fueron el lugar de realización de esos rituales. Hogar de los dioses y antepasados divinizados del linaje gobernante, su construcción, relacionada con el ritual, fue tarea constante de los señores de Sayaj Chan. Quizá el más conocido, dada su llamativa crestería, sea el templo 33, al cual conduce una escalinata desde la Plaza Principal. Se cree que pudo ser iniciado por Pájaro Jaguar IV pero el reinado que vio su conclusión debió ser el de su hijo y heredero Itzamnaaj Balam III, el cual aparece junto con su padre en varias representaciones en los diversos dinteles que incluye el sagrado lugar. También se levantó durante su reinado el templo 20, con dinteles labrados con ritos videntes y escenas del nacimiento del rey (741 d. N. E.), varias estelas asociadas y una escalera jeroglífica. Pero su padre, Yaxun Balam IV, fue sin duda el mayor constructor del espacio ceremonial. Se estima que casi una docena de edificios se levantaron o remodelaron durante su reinado, imitando en algunos a su predecesor. Es el caso de la estructura 23, templo que calcaba el que su padre mandara construir para la reina Kabal Xook. En ambos, los dinteles ofrecen la ejecución de rituales sangrientos por parte de los ahawob y su consorte, siendo de mayor calidad el que mandara erigir en el 727 Itzamnaaj Balam II.

Cuanto más atrás nos remontamos en la historia de Yaxchilán, más difícil resulta identificar edificaciones y asignarlas constructor dada la ya aludida superposición de estructuras y ampliaciones sucesivas que borran rastros pasados. En cualquier caso, los templos de Yaxchilán aparecen dedicados con ofrendas y ritos. Son lugares sagrados que cobijan rituales públicos o velados, además de arropar las tumbas de los difuntos gobernantes, y es lógica la importancia concedida por los ahawob del centro a la construcción periódica de tales lugares. Frente a ellos, donde se concentrarán los asistentes a los ritos, se clavan estelas y altares. La mayoría de los templos se disponen alrededor de plazas o frente a espacios abiertos con capacidad para arropar a la congregación que participe de la ceremonia.

El juego de pelota, foco central de las creencias mayas y mesoamericanas, también se encuentra presente en Yaxchilán. Ubicado en la Plaza Principal, debió ser lugar de suma importancia político-simbólica. Con su ejecución, los jugadores mantienen la pelota de hule que representa el Sol en el aire en una metáfora del ahaw manteniendo al astro en el cielo. El juego solía terminar con sacrificios de los vencidos, en una apoteosis sangrienta para los dioses. En el año 1975, la limpieza y consolidación de la estructura 33 dieron una grata sorpresa a Roberto García Moll: la escalera jeroglífica 2. En los escalones frontales del templo 33 apareció una representación que muestra a varios ahawob de Yaxchilán (Pájaro Jaguar IV, su padre, Itzamnaaj Balam, y su abuelo, Pájaro Jaguar III) jugando con pelotas hechas a base de cuerpos atados deprisioneros vencidos. Este ejemplo muestra cómo se fusionaba en un solo ceremonial la propaganda política-guerrera de los ahawob con la ideología mística que les acomodaba en la cima de la pirámide social.


IMAGEN 10: LA ESTRUCTURA 19, “EL LABERINTO”, CERRANDO LA PLAZA CENTRAL AL NOROESTE.FOTO: GEMA LÓPEZ.

Las creencias religiosas son fuentes de legitimación y continuidad para la clase dirigente de Yaxchilán. En el ahaw descansa el peso de mantener el orden cosmogónico y hacia ello se dirige todo el aparto ceremonial. Durante esas ceremonias el ahaw se justifica como líder capacitado para mediar entre lo humano y lo divino, esas fuerzas preternaturales que deciden el destino de todo lo que existe.

Los ahawob de Yaxchilán se vieron en la obligación de continuar la construcción de un recinto apto para albergar las numerosas ceremonias que iban a realizarse. La religión unida a la arquitectura monumental fue encauzada hacia la consolidación de una figura regia fortalecida en su pugna centrípeta. El rico ritual hospedado en impresionantes templos cargados de iconografía servía de cohesión para la gente que observaba a un líder fuerte, capaz de velar por la seguridad de su pueblo y en conexión con esas fuerzas misteriosas que están más allá de nuestros sentidos.


IMAGEN 11:DINTEL 25. LA SEÑORA KABAL XOOK REALIZANDO UN RITO VISIÓN EN EL TEMPLO 23, PLAZA PRINCIPAL.

Los dinteles 1, 2 y 3 en el templo 33 con Yaxun Balam IV legitimando el ascenso de Itzamnaaj Balam III mediante simbólicos rituales, los dinteles número 24, 25, 26 del templo de la reina, el templo 21 con sus imágenes de ceremoniales sangrientos en los dinteles, los grabados de la escalera jeroglífica 2 con el juego de pelota y su carácter sacro-militar, el templo 44 conmemorativo de las campañas bélicas de Itzamnaaj Balam II, las diferentes estelas, y la gran cantidad de templos que se distribuyen por todo el complejo cívico-religioso dan muestra palpable del valor concedido por unos monarcas constructores que encaminaron el significado religioso hacia la sustentación de su figura. El ahaw de Yaxchilán se representa en las escenas repleto de un simbolismo místico. Como hijo de las divinidades su posición es indiscutible y debe preservar el culto a sus ancestros-dioses y a toda la constelación de deidades y fuerzas que tejen el porvenir de su mundo. Mascarones de estuco representando dioses y monstruos míticos decoraron los templos destinados a impresionar y acongojar al pueblo en los rituales públicos. La cohesión que cimienta unas creencias comunes al amparo de un poder con tendencia a centralizar hicieron propicia la religión como una herramienta clave que manejada por el ahaw determinó en gran medida su perpetuación en el cargo siglo tras siglo hasta el agotamiento de los sistemas de gobiernos clásicos en el lento y gradual desplome que supuso para sus instituciones el siglo IX y X.


 IMAGEN 12: DINTEL26 DEL TEMPLO 23. LA CONSORTE DE ITZAMNAAJ BALAM II LE OFRECE UN CASCO DE JAGUAR EN ALGÚN RITUAL DE SIGNIFICADO VELADO. 724 d. N. E.

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