El
mes pasado vimos que Schrödinger y
Heisenberg, a partir de los descubrimientos
de otros, pusieron los ladrillos de la mecánica cuántica,
cada uno de ellos mediante una herramienta matemática
distinta, pero ambas equivalentes entre sí. Ahora
vamos a profundizar en la que se utiliza comúnmente
por ser la más cómoda
FUNCIÓN
DE ONDA DE SCHRÖDINGER
Los
descubrimientos de principios del Siglo XX habían
culminado con la sorprendente conclusión, por parte
de Louis de Broglie, de que la materia
se comporta a la vez como cuerpo y como onda, y esto es
especialmente decisivo cuando nos referimos a partículas
subatómicas. Esta doble condición de las partículas
tenía que ser utilizada para profundizar en el estudio
del mundo de lo muy pequeño.
Así
las cosas, Schrödinger, entre los años 1925
y 1926, introdujo la función de onda,
también llamada ecuación de Schrödinger,
que no es otra cosa que una ecuación que describe
la forma en que una partícula cambia con el paso
del tiempo. Por tanto, se trata de estudiar las partículas
del mismo modo en que se estudian las demás ondas
que sentimos a nuestro alrededor, como las sonoras o las
producidas en el agua cuando se lanza una piedra a un charco.

Típica
onda sobre el agua
Cualquier
tipo de onda queda descrita en cualquier instante mediante
una lista de números, un número por cada punto
del espacio por el que viaja la onda. Por ejemplo, en el
caso de la onda sonora, lo números nos darán
la presión del aire en cada punto del espacio (porque
es el aire quien transmite el sonido). Otro caso cotidiano
es la onda que produce un músico sobre la cuerda
de una guitarra cuando la hace sonar, la cual estaría
descrita por números que nos darían la tensión
de dicha cuerda en cada uno de sus puntos.
Y
del mismo modo, la función de onda de las partículas
nos da números concernientes a estas partículas.
La peculiaridad de estos números es que son probabilidades,
es decir, el valor de la función de onda en cualquier
punto nos da la probabilidad de que la partícula
se halle en ese punto.
Ni
es la intención de este artículo profundizar
en la parte matemática ni quiero asustar a nadie
poniendo aquí algún ejemplo de función
de onda, pero al final pongo un par de enlaces por si alguien
tiene curiosidad y no le dan miedo los números y
las fórmulas.
A
estas alturas, se empezó a entrever que la naturaleza
no era tan simple como se creía hasta poco tiempo
atrás. Hasta entonces cualquier resultado en física
había consistido en un dato preciso, pero a partir
de ahora intervenía el azar. Esta concepción
que se vislumbraba del Universo no convencía a casi
nadie, pero al año siguiente Heisenberg aportó
un nuevo argumento decisivo:
PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE DE HEISENBERG
Heisenberg
consideró la dificultad que había en medir
la posición y la trayectoria de un electrón.
El problema consistía en que para obtener una medida
precisa era necesario utilizar luz para ver el electrón.
Lo que ocurre es que la luz, al igual que la materia, tiene
una doble naturaleza de onda y partícula. Entonces,
un electrón al ser iluminado sería golpeado
por los fotones (las partículas de la luz), de forma
que si su posición era claramente establecida, poco
o nada se podría saber sobre su trayectoria, puesto
que habría sido desviada por la acción de
la luz.

No podemos conocer
a la vez la velocidad y la trayectoria de un electron
A
partir de estos argumentos, Heisenberg enunció su
principio, que viene a decir que “no es posible
conocer a la vez la posición y la trayectoria de
una partícula”. Esto parecía lógico
visto el problema del fotón golpeando al electrón,
pero no lo fue tanto cuando varios físicos, entre
los que destacó Niels Bohr, llegaron
a la conclusión de que el principio de incertidumbre
se cumplía independientemente de si la partícula
era iluminada o no.
Este
principio es una característica intrínseca
de la materia, de la cual el caso expuesto por Heisenberg
sólo es un ejemplo. Partiendo de la función
de onda y de los resultados que nos da en forma de probabilidades,
se concluye que no es posible conocer en cada observación
más que un número limitado de características
de las partículas, dado que la medición de
algunas propiedades nos oculta lo referente a las demás.
Esto
nos lleva otro concepto clave en mecánica cuántica,
y aún más insólito si cabe:
SUPERPOSICIÓN
Niels
Bohr dirigía el Instituto Universitario de Física
Teórica de Copenhague, y fue allí donde se
dieron algunos de los avances más significativos
en esta nueva concepción del mundo que era la mecánica
cuántica. Hacia 1930, en esa ciudad danesa ya se
manejaban funciones de ondas mucho más complejas
que las que describían partículas individuales,
de forma que se analizaban y se realizaban predicciones
sobre sistemas de numerosas partículas.
La
interpretación que se llevó a cabo en aquel
instituto se basaba en una estricta separación entre
el sistema estudiado y el propio estudio que se hacía
sobre él, es decir, un sistema tiene unas características
definidas, pero estas no se manifiestan hasta que no son
observadas. Para entender esto vamos a ver un pequeño
ejemplo.

El acto de observar
provoca lo observado
Supongamos
un sistema formado por una sola partícula que cuenta
como característica única con su posición.
Esta partícula puede encontrarse en dos posiciones
posibles, la posición Cerca
y la posición Lejos, entonces
su función de onda nos dará la probabilidad
de que se halle en la posición Cerca
o por el contrario en la posición Lejos.
Todo esto, que suena a Barrio Sésamo, es tremendamente
simple desde el punto de vista de la mecánica clásica.
La partícula estará Cerca
o Lejos y si está en un
lugar o en otro dependerá de alguna ley física
concreta.
Sin
embargo, la cosa es más complicada en mecánica
cuántica. Cuando miramos si está Cerca
o Lejos veremos que, efectivamente,
estará posicionada en uno de los dos sitios. Pero
lo realmente extraordinario ocurre cuando nadie está
mirando, en esos momentos la partícula puede estar
Cerca, Lejos
o, más habitualmente, a la vez Cerca
y Lejos.
Es
aquí cuando se dice que hay una superposición
entre los estados Cerca y Lejos
y, de hecho, es esa la situación en la que se hallan
todos los posibles estados de las partículas que
forman los átomos y en definitiva la materia del
Universo cuando nadie la está mirando.
Entonces,
la realidad es que los electrones no se encuentran en órbitas
como los planetas alrededor del Sol. Se dice que ocupan
orbitales, los cuales son esferas que rodean
al nucleo y que se componen de los puntos donde es más
probable encontrar al electrón, y cuando nadie los
está buscando se hallan difuminados por todo el orbital.
CONCLUSIONES
Así
pues, la mecánica cuántica nos presenta una
concepción de la naturaleza que se puede resumir
en unos pocos puntos:
1.
De todos los estados posibles de las partículas
(posición, trayectoria, etc.) sólo se pueden
conocer algunos de ellos en cada observación, y
nunca todos a la vez, es decir, que la esencia última
de la materia no se puede conocer más que
en pequeñas “porciones” .
2.
Estos estados solamente se manifiestan cuando alguien
está observando las partículas, cuando no
hay nadie realizando mediciones, se están dando
todos los estados posibles a la vez, es decir, nosotros
al observar las partículas provocamos que se manifiesten
esos estados.
Lo
cual quiere decir que:
3. Para describir los componentes de
la materia no es apropiado referirse a magnitudes como
velocidad o posición, lo que describe a un electrón
o a cualquier otra partícula en un momento dado
es una función de onda.
Hay
un ejemplo que es todo un clásico y que propuso Schrödinger
en 1935, con el fin de ilustrar el berenjenal en que la
mecánica cuántica había convertido
a la física:
LA
PARADOJA DEL GATO DE SCHRÖDINGER
Imaginemos
una caja con un átomo radiactivo en su interior,
cuya función de onda predice que tiene un cincuenta
por ciento de probabilidades de desintegrarse al cabo de
una hora. En esa caja también se encuentra un detector
que capta el momento de la desintegración y que está
conectado a un circuito eléctrico que acciona un
martillo. Además, dentro de la caja también
hay un gato y un frasco cerrado lleno de gas venenoso. Cuando
el átomo se desintegre, se accionará el circuito
y el martilló romperá el frasco y liberará
el gas.

Nos
preguntamos si, transcurrida una hora, el gato sigue vivo
o ha muerto. Si alguien abre la caja podrá comprobarlo
por si mismo, pero si nadie lo hace, el estado del átomo
se hallará en una situación de superposición
entre los estados “desintegrado y “no desintegrado”,
es decir, estará desintegrado y sin desintegrar
a la vez. Entonces sólo podemos concluir
que el gato está vivo y muerto a la vez.
Nadie
ha visto un gato vivo y muerto a la vez, pero siendo estrictos,
esto es porque al efectuar la observación, el sistema
manifiesta uno de los dos posibles estados: “vivo”
o “muerto”. Lógicamente, esto no tiene
sentido, y ahí es a donde quería llegar Schrödinger.
Ni el mismo creía las consecuencias a las que había
llevaba su propia función de onda.
Lo
que es indudable es que la mecánica cuántica
no ha dejado de cosechar éxitos a la hora de describir
el funcionamiento de la materia. La función de onda
puede utilizarse para estudiar todos los átomos,
moléculas o metales, y encuentra numerosas aplicaciones,
de forma que puede predecir el color de un cierto tinte,
la energía liberada en una combustión, el
magnetismo de un nuevo material o incluso la velocidad a
la que se descompone el ozono en la atmósfera. Tanto
es así que un 20 por ciento del Producto Interior
Bruto de los Estados Unidos se debe a aplicaciones de la
mecánica cuántica.
Mientras
algunos científicos se dedican simplemente a aplicar
la física cuántica, obteniendo grandes logros,
otros no pueden evitar filosofar sobre lo que supone todo
esto. Stephen Hawking opina que lo de menos
es comprender el funcionamiento íntimo de la naturaleza,
que lo realmente importante es contar con una herramienta
que nos permita hacer predicciones, y la mecánica
cuántica nos sirve a la perfección. Otros
anteriores, como Richard Feynman argumentaron
de la misma manera
Albert Einstein nunca pudo digerir esta
interpretación de la naturaleza y pronunció
su famosa frase “Dios no juega a los dados”,
no aceptaba que la teoría que describía el
mundo subatómico se basara en probabilidades. Sin
embargo Hawking opina que “no sólo juega
a los dados sino que además los arroja donde nadie
puede verlos”
Aunque
a Einstein la física cuántica le quedó
grande, a pesar de que fue uno de sus padres con la descripción
del efecto fotoeléctrico, él solito elaboró
el otro gran pilar de la Física moderna: la Teoría
de la Relatividad. A ella nos dedicaremos en los próximos
meses.
Algunos
enlaces
Para
profundizar en la función de onda:
Física
por ordenador. Excelente curso de física con
actividades interactivas. Contiene una sección de
mecánica cuántica.
Curso
de mecánica cuántica. Puedes descargarte
este curso en formato pdf (son
845 KBs).
Otro
curso de mecánica cuántica. Pedazo de
curso que me habría ayudado mucho a escribir estos
artículos si lo hubiera descubierto antes, aunque
tiene una publicidad bastante molesta.
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