En los años 40 se produjo un hecho determinante en el estudio del universo. Se descubrió que los objetos celestes emitían ondas de radio, abriendo un nuevo campo en la observación del cosmos. Se trataba del nacimiento de la Radioastronomía. Pronto se comenzaron a detectar objetos completamente nuevos, y entre los más intrigantes sin duda se hallaban los cuásares.
Con el radiotelescopio se abrio un
mundo de nuevas posibilidades
LOS INICIOS
Los astrónomos Allan Sandage y Thomas Matthews observaron en 1960 una extraña fuente de ondas de radio, que mediante telescopios ópticos aparentaba ser una tenue estrella azul. Sin embargo, sus emisiones de radio eran muy superiores a una estrella normal. Desde este momento se multiplicaron esfuerzos para intentar explicar tales cuerpos, y el camino fue accidentado.
En 1962 un radioastrónomo, Cyril Hazard, intento aplicar un original método para desvelar el misterio, que consistía en usar la Luna como marcador para ubicar una fuente de radio. Se trataba de ver cuándo se ocultaba detrás de nuestro satélite y cuándo reaparecía. Pero la noche indicada para realizar el estudio, Hazard se equivocó de tren y no pudo llegar al radiotelescopio donde se iba a desarrollar el experimento.
Por suerte John Bolton, el director del observatorio, se hizo cargo de la situación, no sin tener que solventar graves problemas, dado que hubo de cortar un grupo de árboles e inclinar el radiotelescopio de varias toneladas para enfocar la Luna. Así se pudo determinar la posición exacta del objeto, el cual por aquel entonces se llamaba 3C-273, en la constelación de Virgo. Al analizar su composición mediante su espectro, se comprobó que no contenía hidrógeno, lo cual era insólito, puesto que se trata del elemento fundamental que forma las estrellas.
No tardo mucho en encontrarse respuesta a este enigma. En 1963 Maarten Schmidt se dio cuenta de que lo que se estaba detectando sí que era hidrógeno, sin embargo, su velocidad de alejamiento de la Tierra era tal que causaba que la observación de su espectro presentara un importante desplazamiento hacia el rojo, a causa del Efecto Doppler.
EL EFECTO DOPPLER Y EL ESPECTRO
Conviene parar un momento y explicar estos dos conceptos para saber de qué estamos hablando.
El Efecto Doppler es una propiedad de las ondas que provoca que se estiren o encojan según la velocidad de su fuente, y según el punto donde esté situado el observador. La manera más típica para comprenderlo consiste en situarnos junto a las vías de un tren. Cuando el tren en cuestión se acerca a nosotros, las ondas sonoras nos llegan de manera más concentrada, y las oímos con un tono más agudo. Al pasar por delante nuestro y alejarse, las ondas nos llegarán más estiradas y escucharemos un ruido más grave.

Junto a la vía de un tren
podemos experimentar el efecto doppler
Por su parte, el espectro, es el resultado de descomponer la luz en sus partes, tal y como hacen las gotas de lluvia con la luz del sol, resultando el Arco Iris. Con el aparato adecuado se puede saber de qué está compuesto cualquier objeto del universo que emita luz, dado que cada elemento posee su propio espectro.

El arco iris no es otra cosa que
el espectro de la luz visible
Cuando un objeto se aleja de nosotros a gran velocidad, su espectro adquiere tonalidades rojizas, a causa del efecto doppler, y cuando se acerca se tornará azul. Gracias a esto sabemos que el universo se expande, porque las galaxias sufren un desplazamiento hacia el rojo en su espectro, más acusado cuanto más lejos están. Es decir, que cuanto más lejos en el cosmos se encuentra algo, más rápido se aleja de nosotros.
LA EXPLICACIÓN MÁS ACEPTADA HOY
Así se comprendió que aquel primer cuasar detectado se alejaba de nosotros a gran velocidad, y que por tanto se hallaba extremadamente lejos. Concretamente a unos cuatro mil años luz. En ese momento fue bautizado como Objeto Cuasi Estelar o Cuásar para los amigos.
En este momento las teorías más aceptadas indican que los cuásares son núcleos muy activos de galaxias distantes. Con el mismo tamaño del Sistema Solar emiten más energía que una galaxia de tamaño medio, y las evidencias indican que el mecanismo que genera su energía es muy distinto al de las estrellas o galaxias. Se trata nada menos que de agujeros negros súper masivos que atraen la materia de su galaxia a velocidades cercanas a la de la luz.
Esta materia en caída hacia el agujero libera enormes cantidades de energía, que es la que captamos desde aquí. En apoyo a esta teoría se cita el descubrimiento de inmensos agujeros negros en el centro de galaxias, comenzando sin ir más lejos con la nuestra, la Vía Láctea. No obstante, estos agujeros no son suficientemente grandes para colapsar sus alrededores y generar un cuasar. Además, gracias al telescopio orbital Hubble se ha observado que, efectivamente los cuásares se hallan en el interior de galaxias.

Imagen de un cuasar tomada por el
Hubble
Aún quedan preguntas por responder,
como las referentes a su nacimiento, sus variaciones de brillo o su evolución.
Pero la comunidad científica sigue trabajando en ello, aún sin
disponer de los medios suficientes, puesto que resulta más atrayente
para los gobiernos invertir en bombardear Irak que desviar presupuestos para
ciencia pura y dura, la cual produce beneficios inmensos a largo plazo, pero
no tan inmediatos como les gusta a los capitalistas.