Mientras, en Guantánamo, la base naval que Washington impuso en el oriente cubano desde 1903, se pudren en penosas condiciones de vida más de 600 personas de 40 nacionalidades distintas. El gobierno norteamericano, predicador de los derechos humanos, los tiene recluidos sin opción a abogados, a tribunales ni a ver a sus familiares. Se encuentran encerrados en celdas de 2.5 x 2.5 metros con la una única perspectiva de futuro: la de ser juzgados ante comisiones militares ejecutivas, autorizadas a imponer la pena de muerte, y sin derecho de apelación.

Ubicación de la base de Guantánamo
en Cuba
Los contados reos que han sido liberados relatan que debían permanecer confinados en una celda diminuta 24 horas al día, con sólo dos pausas de 15 minutos por semana para ejercitarse físicamente. Aseguran que tienen la impresión de haber permanecido aislados del mundo durante años, y explican que entre los prisioneros hay decenas de soldados de poco rango de la milicia talibán.
Denuncian asimismo que no se les permite ningún contacto con sus familias. Uno de ellos cuenta que durante 11 meses permaneció completamente incomunicado del mundo exterior, y que sólo recibió una carta de su familia, con sello de cuatro meses antes, tres días antes de su liberación.
Se sabe que al menos catorce de los presos han intentado suicidarse, y más aún son obligados a comer mediante tranquilizantes y tubos por la garganta, ante el deseo de dejarse morir.
Según Michael Ratner, presidente de la organización norteamericana Centro para los Derechos Constitucionales, en los interrogatorios que se efectúan en Guantánamo "se utilizan técnicas de estrés, bombardeos imprevistos de luz, privación de sueño, esposas y aislamiento total”. Ratner añade que "ellos se encuentran en el centro de un agujero negro jurídico, en condiciones de detención verdaderamente inhumanas".
Recientemente un juez de Washington ha establecido que estos prisioneros no tienen derechos legales. Y es que se da la paradoja de que el estatus legal de Guantánamo es el de base alquilada por Estados Unidos a Cuba. Por tanto, la soberanía pertenece a Cuba pero la gestión a EE. UU., y los tribunales estadounidenses no tienen jurisdicción. "Ninguna corte de este país tiene jurisdicción para otorgar el recurso a los detenidos de Guantánamo, incluso cuando éstos no hayan sido declarados enemigos de EEUU", manifestó el magistrado Raymond Randolph al justificar la decisión.

Estos hombres carecen de derechos
Más vergonzoso es si cabe el trato que fue dado, por parte del ejército norteamericano, a sus enemigos capturados durante la invasión de Afganistán, donde según el testimonio de un carcelero, los presos estuvieron expuestos al frío día y noche. El agua potable "estaba llena de basura”. También dijo que se les redujo las raciones de alimentos porque el gobierno títere había recortado el presupuesto.
Otros funcionarios del gobierno estadounidense, que se han negado a identificarse, han dicho a The Washington Post que en Afganistán algunos prisioneros eran golpeados y encerrados en pequeñas piezas con los ojos vendados, donde los tiraban contra las paredes y los obligaban a permanecer en incómodas posiciones sin dormir.
La excusa que esgrime el imperio para mantener esta situación es que los presos de Guantánamo son terroristas, a diferencia de los militares regulares, quienes sí que tienen derechos reconocidos. Imagino que si esos supuestos terroristas contaran con los medios del ejército norteamericano, no tendrían que recurrir a métodos poco ortodoxos para defenderse, y practicarían una guerra tan “limpia” como la de los yanquis, es decir, arrasar todo a su paso con bombardeos sin preocuparse por el número de víctimas inocentes.
En este nuevo Orden Mundial, el todopoderoso gobierno ultraderechista de Estados Unidos hace y deshace a su antojo. Reclama libertad y derechos humanos donde lo cree conveniente, mientras aplasta la legalidad internacional cuando esta se interpone en sus sucios métodos y objetivos.
A muchos nos pide el cuerpo ver a George W. Bush, a sus ayudantes y a sus aliados recluidos en las condiciones que padecen los presos de Guantánamo. Bush, Cheney, Powell, Aznar, Blair, Berlusconi y tantos otros, deberían sufrir en sus carnes las consecuencias para los débiles de la política bárbara que avanza desde Norteamérica.

¿Merecerían su propia medicina?
Sin embargo, no somos de su misma calaña,
y nos conformamos con verles algún día juzgados en público,
con abogados y todos sus derechos legales intactos, de forma que respondan ante
el mundo, sin trampas por parte de nadie, de los miles de muertos que está
provocando su sangrienta cruzada.