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Otra de las estrategias utilizadas con frecuencia por la elite maya para mantener sus prerrogativas y evitar la previsible extinción que supondría una guerra continua fueron las alianzas de familias mediante el matrimonio regio y el intercambio de muchachas (ixikch’ok) de sangre real. El desgaste que conllevaría una perpetua confrontación entre reinos se evitaba en gran medida con esta política matrimonial. Dentro del juego por el control y la hegemonía, este mecanismo se mostraba tremendamente beneficioso para quien supiera practicarlo. Los casamientos regios supondrían uniones y acuerdos entre dos ahawlob. Los lazos tendidos entre familias de la elite favorecían alianzas militares en un entramado de guerra y rivalidad entre potencias hegemónicas. Además en este juego de matrimonios de utilidad política se incluyen casamientos con mujeres del propio centro, féminas de otros linajes que conforman la totalidad nobiliaria, con vistas a atraer hacia sí el apoyo de esas familias con sangre real.
A su vez, debemos imaginar enormes caravanas de mercaderes cruzando el Petén de Norte a Sur y de Este a Oeste siguiendo las rutas fluviales, escasas en la selva maya, o bien por tierra enlazando distantes puntos de la geografía del Mayab. Este trasiego continuo de mercancías y bienes necesitaba una estabilidad que permitiera a los comerciantes traficar sin riesgo para ellos y sus bienes transportados. Las rutas francas se conseguían o bien por un acuerdo tácito de respeto a los comerciantes o por alianzas matrimoniales que aseguraran pactos de familia entre dinastías de ciudades importantes bien política, militar o estratégicamente. Las uniones regias generaban lazos que abrían interesantes rutas mercantes y una bienvenida paz y sosiego.
Por lo que sabemos, Yaxchilán no evitó este tipo de táctica. La iconografía, fuente continua de alegrías para estudiosos, nos ha legado varias evidencias de este tipo de uniones. Fuera de esta urbe tenemos varias pruebas que apuntan a la interrelación regia y al intercambio de muchachas para fomentar lazos políticos.
Hay sospechas que pretenden situar la procedencia de una de las consortes de Escudo Jaguar II en Palenque (M. Rivera, 1985). La ciudad chiapaneca del Otolum despuntaba y era aconsejable establecer fructíferas alianzas con un estratégico lugar para el comercio como era aquel. Pero las evidencias más jugosas de enlaces matrimoniales y alianzas intercentros nos las lega su sucesor, Pájaro Jaguar IV.
El vaso de Altar de los Sacrificios (catalogado como 58-104), hallado en la ciudad que le da nombre en el área del Petexbatún, fue analizado por R. E. W. Adams (1964, 1971 y 1977). Esta cerámica apareció en la tumba de una muchacha de sangre noble, la número 96 de esa ciudad, claramente asociada con la número 128. Entre ambos enterramientos ofrecieron 19 vasos cerámicos y un elevado número de otro tipo de artefactos. Los estudios de Adams (1971) y Smith (1972) apuntan a que ambos enterramientos se llevaron a cabo de forma simultanea y que forman parte de un mismo acontecimiento histórico. El entierro principal puede ser el 128, correspondiente a una mujer de mediana edad y de donde procede la mayoría del ajuar recuperado. Las piezas cerámicas que componían la ofrenda proceden del Petén Central, del Usumacinta Medio y de la Alta Verapaz. La escena pictórica representada en el vaso, siempre en palabras de Adams, puede corresponder al funeral de la dama enterrada en el enterramiento 128, mientras que la joven de la tumba 96 tal vez fue sacrificada como acompañante. Dos de los glifos que acompañan la escena ligan a los personajes asistentes y partícipes de la danza y la ceremonia con los reinos de Yaxchilán y Tikal, lugares que concuerdan con las zonas de donde provienen las cerámicas importadas de la tumba 128, el medio Usumacinta y el Petén Central.
Según este autor, y si su lectura del vaso es correcta, se establecen unos lazos familiares entre Altar de Sacrificios, Yaxchilán y Tikal.Así, la dinastía Jaguar está representada en el funeral por Pájaro Jaguar, mientras que la dinastía celeste de Tikal queda patente por la presencia de Cuchillo de Pedernal-Cielo, del linaje Jaguar pero hermano o tal vez hijo del rey B de Mutul (se ha llegado a suponer que era el propio rey C años antes de su entronización en Tikal). La noble señora honrada en las exequias puede ser de la familia Jaguar, pero emparentada con la familia gobernante de Tikal lo cual explicaría la presencia de personajes de linajes de ambos Estados. De este análisis se puede concluir la relación fraguada a través del intercambio de mujeres pertenecientes a linajes reales entre el Petén y el Usumacinta, al menos entre dos de sus cabezas pujantes. El Usumacinta representaba para Tikal una puerta comercial hacia prósperos ecosistemas y una intentona de romper el aislamiento al que su rival competidor, Calakmul, le intentaba condenar mediante alianzas con ahawlob circundantes. Siyaj Chan, por su parte, no despreciaba los lazos tendidos entre su linaje y otro de los más poderosos del Petén.
En las entrañas del mismo Yaxchilán podemos referir diversos casos de mujeres de sangre real de otros sitios unidas en matrimonio con ahawob de este reino. Ciertamente, el rastreo de estas señoras de sangre noble es difícil dado que solo se denota su estatus por el glifo emblema de la ciudad de la que provengan acompañando al nombre de la dama foránea, los cuales raramente se perpetúan en el arte salvo raras excepciones (las cuales vamos aquí a exponer). Que se conserven solo escasos ejemplos se debe a particularidades históricas que se deben atender para la mejor comprensión de su registro en piedra pero que nos hacen suponer una extensible estrategia matrimonial interregna a gran parte o la totalidad de los señores de este ahawlel del Usumacinta.
Se cree que una de las mujeres de Itzamnaaj Balam II procedía de Calakmul (Martín y Grube, 2002). Ella será la madre del futuro sucesor, el gran ahaw de Yaxchilán: Yaxun Balam IV. Sin embargo y pese a la relevancia que debiera haber tenido una mujer de su estatus y procedencia, no recibió atención en el corpus inscriptorio de la ciudad hasta que su hijo tomase el poder. Es posible que Itzamnaaj Balam II la tomara como esposa en una época tardía de su vida, cuando Calakmul ya decaía, o que su unión con el gobernante del Usumacinta no debiera ser exhibida de cara a sus relaciones con el poderoso reino de Tikal mientras se aseguraba una bienvenida alianza con Calakmul. Sin embargo, su hijo en un afán sin parangón entre sus predecesores, enaltece las figuras femeninas otorgándolas una inusitada preeminencia en el registro epigráfico y artístico. La figura materna, esa Señora Ik Cráneo de Calakmul es recordada en la estela 35, tal vez como figura legitimadora de Yaxun Balam IV o reclamando la alianza que esta dama supusiera con el reino de la Serpiente. La iconografía también plasma a sus señoras de manera políticamente intencionada. Una de ellas provenía de Hix Witz, territorio conquistado por su linaje años atrás, de nombre Mut Balam. Se quiere ver en ello un intento de afianzar vínculos con el territorio subordinado en esa estrecha relación que existe entre guerra y matrimonios regios para toda Mesoamérica. Esto se ve fortalecido con la documentación en otras dos representaciones para Wak Tuun y Wak Jalam Chan (Imagen 8), ambas de Motul de San José, otro de los sitios satélite de Yaxchilán. ¿Cómo podemos interpretar este énfasis en el registro de las consortes del ahaw?

IMAGEN 7: GLIFOS DE LOS NOMBRES DE LAS TRES MUJERES DE ITZAMNAAJBALAM II
Si atendemos a la sugerencia de Tatiana Proskouriakoff (1963, 1964) Yaxun Balam IV debió acceder al poder en condiciones turbias. La ausencia de registro en 12 años llevó a esta investigadora a suponer una encarnizada confrontación por el poder. Esta hipótesis ha sido apoyada por Linda Schele (1991) quien supone a Pájaro Jaguar IV como hijo de un anciano ahaw con numerosos sucesores mayores en edad y con aspiraciones legítimas al ahawlel. Si este enfrentamiento es cierto y la “guerra civil” fuera real, Schele postula un acuerdo de Pájaro Jaguar con ciertos linajes nobiliarios para alcanzar sus objetivos. De entre los pactos, la señora Gran Cráneo representaría su unión matrimonial con un linaje importante de la ciudad así como el otorgamiento de parcelas de poder a los sahalob y elite adicta a su aspiración. Esta cesión se plasma en una mayor representación en estelas y dinteles que al tiempo augura una fragmentación del poder futura.
Con estos enlaces, Pájaro Jaguar asentó sus uniones con los reinos subyugados a su política en una muestra de preocupación por su fidelidad en una época de crisis y desequilibrio, sin olvidar a los linajes internos más poderosos que le podían ser de provecho. Las muestras en el dintel 17 con Mut Balam realizando un autosacrificio en compañía de su marido, o Wak Tuun en el 15 en la estructura 21, reflejan la importancia otorgada por el gobernante a esa política matrimonial que engrasaba las relaciones de la ciudad con un ahawlel recién adquirido.
Sin embargo, una interpretación diferente nos ofrecen Molloy y Rathje (1974) quienes basándose en los trabajos epigráficos de Proskouriakoff (1963, 1964) ven a la señora Ik Cráneo como una dama de la dinastía Cielo de Tikal enviada para contraer nupcias con Itzamnaaj Balam II con la aspiración de que un hijo de ambos alcanzara el poder en la ciudad del Usumacinta. Para estos autores, esto se prueba cuando a la muerte de Escudo Jaguar, Tikal envía apoyo armado a Pájaro Jaguar en sus reclamaciones al trono. Esta fuerza militar tikaleña se materializa en la persona de Murciélago Jaguar (en la iconografía de la ciudad del Petén nombrado como Murciélago Cielo), según Molloy y Rathje, enviado por Tikal con funciones militares y diplomáticas. Los autores especulan que una primera consorte de Pájaro Jaguar viajaría desde Tikal hacia su reino una vez este ahaw se consolidó en el poder cimentando así las alianzas políticas existentes entre ambos poderosos ahawlob. Las pruebas que estos investigadores aportan para sustentar su hipótesis provienen de la epigrafía tanto de Yaxchilán como de la aliada Tikal. Así, en Yaxchilán tanto Pájaro Jaguar como Murciélago Jaguar toman el título asociado del dios del cielo de Tikal. Hay que señalar que para Proskouriakoff ambas figuras, Pájaro Jaguar y Murciélago Jaguar estuvieron asociados epigráficamente por lo que ella cree que fue un título alternativo de Yaxun Balam IV o un agente o aliado suyo. Murciélago Jaguar es conmemorado en Yaxchilán así como en Tikal, lugar en que apareció un retrato suyo en una vasija en la tumba 116, en el templo I, donde recibe el apelativo de Captor de Yaxchilán. Concluyen los autores que el intercambio de mujeres debió ser recíproco dado que varias mujeres del linaje Jaguar aparecen en el registro de Mutul.
Esta confrontación de diferentes teorías nos muestra la complejidad del tema a analizar. El avance epigráfico ha hecho más creíble la primera opción, moderna y asentada en lecturas epigráficas e iconográficas más completas y comprendidas, pero no se debe obviar por ello las interpretaciones anteriores que como pasos previos han conducido gradualmente al saber que creemos tener hoy día. Lo que se extrae de esta visión parcial que aún en la actualidad manejamos es que Yaxchilán fomentó lazos familiares con ciudades pequeñas y subsidiarias de su zona, pero también se volcó hacia las potencias hegemónicas que acaparaban poder en el Mayab. Para cierto sector de la investigación parece demostrada su relación sanguínea con el reino de Tikal, ahawlel con el que el intercambio de damas reales fue intensivo y continuado a lo largo del tiempo. Y, como se vio arriba, también se ha postulado la relación matrimonial con señoras de la dinastía Kan, del reino de la Serpiente, Calakmul. Si realmente Yaxchilán mantuvo lazos con las dos entidades de mayor pujanza en diversos momentos en el Mayab se entrevé un juego político cambiante, basado en alianzas incluso con reinos rivales entre sí, como es el caso de Calakmul y Tikal. Futuros estudios exhaustivos sobre este nebuloso tema quizá arrojen nueva luz a este debate acerca del origen de la madre de Pájaro Jaguar IV, señora Ik Cráneo, y su posible primera consorte de la dinastía celeste. Ocioso resulta recalcar que existieron fuertes lazos entre Tikal y Yaxchilán, como da muestra Adams en su estudio del vaso cerámico de Altar de los Sacrificios. El interés de Tikal por el Usumacinta parece comprensible si tenemos en cuenta que este gran reino del Petén careció de las materias primas básicas y su supervivencia dependía de alianzas de este tipo frente a la presión de Calakmul, donde la dinastía Kan utilizó la misma estrategia matrimonial y de alianzas para cercar a su oponente.

IMAGEN 8:LA SEÑORA WAK JALAM CHAN AHAW DE MOTUL DE SAN JOSE ACOMPAÑANDO A SU MARIDO PÁJARO JAGUAR IV ANTES DE LA BATALLA. NÓTESE EL PENACHO TEOTIHUACANO QUE LUCE LA DAMA REPRESENTANDO AL DIOS MARIPOSA
Las embajadas y audiencias entre reinos también ha podido ser inferida a través de fuentes iconográficas interesantes.
Este es el caso del vaso cerámico recuperado en Tikal (Cerámica G1) procedente de la tumba del ahaw Hasaw-Kan-K’awil nos muestra una escena intrigante pero reveladora. La composición nos emplaza en la corte de Mutul, donde el rey sentado a la oriental recibe una comitiva de nueve individuos que portan bienes u ofrendas dirigidas, presumiblemente, a su persona. Tres arrodillados a la izquierda y otros cuatro en pie a la derecha observan como dos se encaminan al soberano con los obsequios. Pero lo interesante de la escena es que los siete individuos que contemplan la entrega visten una túnica o capa y collares de spondylus, ropajes que llevan los sahalob en la zona de Chiapas y el Usumacinta. Atendiendo a esta indumentaria se les reconoce como sahalob de la zona oriental del Mayab, pudiera ser de Yaxchilán, ciudad que nos ocupa, si atendemos a los ya mencionados lazos entre ambas entidades.
Parece pues obvio a la luz de estas muestras, aunque escasas y a veces contradictorias,elocuentes al conjuntarlas con las conocidas en otras ciudades, que la elite maya debió mantener estrechos vínculos cambiantes pero continuos. Las ventajas tácticas que suponían los aliados en un entorno tan hostil como resulta la selva y la presión bélica que la cultura maya clásica impuso como solución a las demandas de una nobleza en aumento resultaron evidentes a los ojos de los linajes nobles dirigentes de las grandes urbes-estado. No solo se obtenía una ansiada paz sino que se abría un comercio bilateral y una red de presentes y obsequios. En esta fluctuación de regalos debemos enmarcar la escena de la cerámica G1 de Tikal, donde el soberano de este reino recibe a los sahalob portadores de ofrendas para su persona. No sabemos si este fluir de obsequios fue recíproco o el ahawlel menor en prestigio agasajaba a su superior en la unión con muestras de su gratitud.
Y no solo se documentan matrimonios con potencias externas. También, y como se ha apuntado en párrafos previos, los enlaces se consumaban entre el ahaw gobernante y linajes poderosos de la misma ciudad a los cuales se quería atraer hacia el poder central. En busca de ese apoyo y favor incrementó Yaxun Balam IV la aparición de su consorte real Gran Cráneo, futura madre del sucesor Itzamnaaj Balam III, en el mobiliario pétreo de la ciudad y le consagró el templo 21, así como su padre dedicó el 23 a la señora Kabal Xook (Imágenes 9, 11 y 12) . La intención de atraer hacia sí a los linajes dirigentes de lugares menores conquistados tiempo atrás por su dinastía queda marcada por la procedencia de otras tres de sus señoras, de Hix Witz una y dos de Motul de San José. También se ha mencionado (Culbert, 1991) la proveniencia de una mujer desde El Perú, distante punto en la órbita de Tikal.
Dentro de la dificultad que entraña el rastreo de estas relaciones y alianzas, las cuales si no aparecen conmemoradas epigráficamente son problemáticas, parece clara la interacción de una clase dirigente afanada en reforzar su estabilidad y fortalecer los pilares básicos de su sustento en el poder. La sangre real debió ser objeto de intercambio en forma de mujeres nobles que aportaron en Yaxchilán así como en otros centros mayas, un refuerzo en los apoyos externos e internos necesarios para sobrevivir en el entramado político que tejieron las ciudades mayas a lo largo y ancho de las Tierras Bajas.
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