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LA VIDA PEDIRÁ
LA PALABRA

Por Cristina Castello (Periodismo Sin Máscara)
* Escribí “La vida pedirá la palabra” , desde
Madrid. Dos del nueve de dos mil uno
Hoy sé que no me equivoqué. Lástima (Cristina Castello)
Hay campos de concentración en el Imperio.
Seiscientos campos de concentración.
Pero los llaman “campos de salud mental”.
600 campos de concentración están preparados
Para dos millones de prisioneros.
Hay 2.000.000 de personas que no saben, que pueden ser
Futuros prisioneros
Estoy en Madrid, desde hace horas.
Me espera Barcelona, me espera París.
Y después.
Me esperan los signos del mundo. Son muchos. Muchos los prodigios.
Me esperan pintura, música, poesía.
Me espera la belleza que acecha mi siempre sed.
Me esperan los mapas.
Los mapas. Mapas-caras de personas. Geografía interior que devela
el fragmento entre ojos y boca, de cada humano.
Quiero asomarme a ellos.
Grabados en mí, los mapas-caras de los argentinos, en cuya entraña
acecha la desesperanza.
Doliente en mí, la certeza de que la cultura está en el
cadalso.
Y cultura es dignidad, lumbre, pan.
Dolientes en mí, las privaciones crecientes de tantos seres humanos
Doliente en mí, la certeza de que en mi país estallará
la noche.
Pronto, muy pronto, en días, semanas, no más.
Si me equivocara, qué bien.
Pero no. Hay acopio de sombras que devendrán cerrazón. Hay
políticos espantajo y sociedad con párpados letargo. Que
no ve. Que no quiere ver.
Más aún y entonces, llenaré ojos, oídos y
mi ser entero todo, de belleza.
Que belleza es verdad.
Para abrir las manos en el intento de disparar estrellas. Para la lucidez,
para la fecundidad del corazón. Para ayudar con modestia del alma
a que todos seamos un
Nunca.
Nunca.
Nunca Más.
Pero no hablaré ahora con mi sola voz. La uniré con “esas”
voces, que son todas las voces (*).
Los poetas.
El IV Reich, los idiotas
y el beso de los vivos
Siento que a pesar de todo, hay un
hálito de heroísmo.
Y que en él no podrán respirar los mercaderes que juegan
vidas humanas, en mesas de lavado de dinero y vaciamiento de valores.
Siento que hay un gesto impetuoso que no pueden comprender los pragmáticos.
Los pragmáticos, el Poder. El Poder que, cuando abra sus puertas
a los vientos del mundo y por ellas pase la Justicia, sabrá que
la vida pedirá la palabra.
Para eso trabajamos tantos en el mundo, quienes queremos vida para todos.
Para sustituir tanta mentira, para llenar de paz las tinieblas, para fundar
otra vez la esperanza. Creo que si ejercemos nuestros derechos ciudadanos,
un día olvidaremos a estos indiferentes enemigos. Que una muchedumbre
repetirá la llama con voz muy dulce.
Y sentiremos de nuevo el beso de los vivos.
Pero falta.
Y mientras, tanto el IV Reich del Norte matará más vidas,
con sangre y con armas.
Hasta que todos digamos por fin, ya basta.
Basta.
Si todos nacimos de mujer y hombre. Si todos tuvimos hambre y de pronto
dientes. ¿Por qué tantas ventajas para ellos? ¿Quién
les dio la cuchara cuando no habían nacido?
George Bush, entierra a los hombres, entierra la esperanza, entierra la
vida, entierra el amor, entierra el silencio en silencio. ¿Cómo
se puede comer y dormir en paz, mientras hombres así anden sueltos
por el mundo? ¿Cómo no recordar que La libertad es una cárcel,
mientras haya un sólo hombre esclavizado en la tierra?
Pero “el idiota”, quien no es idiota porque sus idioteces
son siempre Poder y muerte y nunca vida, no está solo.
En esta España desde donde hoy escribo y en Inglaterra y en Argentina
–y más-lo acompañan los gobiernos. Y también,
la cosecha de su siembra de muerte:
la indiferencia de millones de ciudadanos, borrachos de parálisis
para “sus” demás.
Volar del vuelo
Países en democracia, dicen.
Mentiras.
Democracia es igualdad. Es libertad definitiva y en nosotros, como hiedra
reverdecida. Hiedra que no envejece ni termina. Que es como el horizonte
fijo. Y perpetúa astros y estrellas tímidas.
¿Somos demócratas? Sólo cuando amamos el sol libre
que encontramos en los hombres.
Cuando entendemos por fin, que no hay otro oficio que el que enseña
al hombre a ser un hombre.
Que el hombre es lo que importa. El hombre, frente al misterio.
Si la mayoría lo sintiera, recuperaríamos la vida.
Y podríamos decir de nuevo un día que entonces al salir,
volaba el vuelo porque ahí anda otra vez volando y al fin, la primavera.
En tanto y también después, se trata del basta a párpados
letargo
Siempre es bueno tener los ojos tremendamente abiertos.
Para la belleza, sí. Pero también, para ver la corrupción
de alma y de bolsillos, que los “idiotas” albergan.
Para ver sus gestos. Gestos que parecen eructos de almas enfermizas.
Para ver –mirar –sentir, a las miles de almas que en Argentina
–y será en el mundo-, día a día quedan sin
trabajo.
Jóvenes sin futuro, ancianos en humillación, personas que
llegan a su fin en la mitad de la vida.
Basta de párpados letargo.
Ojos abiertos para ver, en mi ¿país? que las fuerzas de
"seguridad" del IV Reich, quieren ocupar el territorio para
reprimir a los hambreados.
Para sentir que este "modelo" en mi ¿país? y en
el mundo, quiere cerrar las puertas del Azul, todas. Que quiere palpar
de armas a todos los espíritus en vuelo; que quiere decretar feriado
en todo el cielo y atrapar a todos los pájaros contentos.
Para no olvidar que los niños en Argentina no sólo –y
tanto- mueren. Ahora, también muchos matan.
Sí. Cuando la muerte sale al encuentro de la infancia, la infancia
sale al encuentro de la muerte.
Permanecer despiertos
Y la poesía, que es luz y
es vida. La poesía hoy.
Hoy no puedo tener un verso dulce que anestesie el llanto de los niños
y mueva suavemente las hamacas, como una brisa esclava.
Sé que las grandes renovaciones, siempre vienen de abajo. Y al
igual que los árboles, nunca crecen desde el suelo hacia los abismos
sino hacia lo alto.
Y ahí, uno de los secretos para la libertad.
En que conspire nuestro deseo de liberación.
En que conspire nuestro sentimiento de justicia.
En que conspire la voz de la sabiduría.
En que conspiren los anhelos de nuestras vidas insumisas.
Y la poesía no es pan para
vísceras hambrientas.
Y no se propone ser efectiva ni dar soluciones.
Pero en la disputa entre lo que sucederá y aquello que desearíamos
que ocurriera, mantiene la atención en vilo.
No es distracción. Es un núcleo en el que nuestro poder
de concentración vuelve, concentrado, a nosotros mismos.
Es la carencia de resignación.
Y no me cansaré de repetir que no podemos renunciar, ni siquiera
a nuestro derecho a renunciar.
Que cortar las amarras que nos dicen que son lógicas, nos implican
la única y verdadera posibilidad de aventura.
Que si permaneciéramos inmóviles, nos desplomaríamos,
con los brazos estúpidamente en cruz. Y nunca más podríamos
tampoco, hacer el amor.
Que ayudaríamos a cambiar el mundo, si termináramos con
el argumento de que nada puede hacerse, porque todo está combinado
de antemano.
Y no es lirismo y si lo es, qué importa.
Palabras muerte
Palabras vida
Si en caso de vida o muerte, estamos
siempre con el más próximo.
Si decimos y nos decimos, que la tentativa a proponer se resume en dos
palabras. Permanecer despiertos.
Si recordamos que el hombre vale más por el ahondamiento de sus
preguntas, que por sus respuestas.
Que es nuestro deber no dejar a la libertad volcada bajo un muro de escombros.
Que.
Entonces, no tendremos que lamentar un día, por tanta palabra de
amor desperdiciada. Y tanta palabra de fe esparcida y tanta risa de niño
confundida. Y tanta música de pájaro desesperada.
No más dolor si cada uno siente que ve el dolor del hambriento
y sabe que su hambre anda tan lejos de su sufrimiento, que de quedarse
ayuno hasta morir, saldría siempre de su tumba una brizna de hierba
al menos.
No más, si estamos en rebeldía y contagiamos
Guerras, imperio, George Bush. Palabras
muerte
Pero hay palabras que hacen vivir y son palabras inocentes. La palabra
calor. La palabra confianza. Amor, justicia y la palabra libertad. La
palabra niño y la palabra gentileza. Y ciertos nombres de flores
y ciertos nombres de frutos. La palabra valor y la palabra descubrir.
Resistencia, palabra vida
Y poesía. Y Paul Eluard y William Yeats y Lorca, Miguel Hernández
y Celan. Y Quasimodo y Celaya y Ungaretti y Rimbaud.
Y.
Y Robert Desnos
Palabras con un ser interior que las sustenta.
Para que las sombras no devengan noche
Por la libertad.

* Aprendí a hablar, a leer
y a escribir e intento aprender la vida, con poesía.
Por eso, hay tantas en mi memoria y en mis palabras anteriores.
Vaya esto como explicación de “La vida pedirá la palabra”.
Es una suerte de guión mío sobre decires de: Friedrich Hölderlin.
León Felipe, Pablo Neruda Paul Eluard, J. Elliot, Enrique Bossero,
Mario Benedetti, Karl Jung, Germán Arciniegas, Louis Aragon, Jacques
Prevert, Oliverio Girondo, Antonio Machado, Seamus Heaney, Rene Daumal,
Andre Malraux, Rafael Alberti, Raymond Queneau, William Yeats, Albert
Camus, David Lawrence, Salvatore Quasimodo y Robert Desnos
Así “salieron” de mí.
Porque me habitan.
Cristina Castello
cristinacastello@fibertel.com.ar
www.cristinacastello.com
Buenos Aires – Argentina
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