Mucho se ha escrito a lo largo de
la historia especulando, y en ocasiones pretendiendo sentar cátedra,
sobre cuál es el comportamiento a que debe atenerse un ser humano.
Dejando de lado criterios subjetivos morales, o peor aún religiosos,
parece claro que la actuación más razonable será
la que proporcione mayor número de beneficios a un individuo. Pero
claro está que ese individuo vive rodeado de otros, y esos beneficios
dependerán así mismo de las conductas que los demás
apliquen sobre uno.
REGLAS DE COMPORTAMIENTO
Podemos repasar las principales reglas
de comportamiento:
La llamada Regla de Oro
dice: “Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo
vosotros también a ellos”. Es conocida desde varios siglos
antes de Cristo, y posteriormente se atribuye al propio Jesús de
Nazaret una formulación similar que habla de poner la otra mejilla
tras recibir una primera bofetada.
La Regla de Plata
varía ligeramente de la anterior, y expone: “no hagas a los
demás lo que no quisieras que te hiciesen”. También
conocida en el mundo entero desde hace milenios, cuenta entre sus más
famosos partidarios con Gandhi y Luther King, quienes promulgaban la resistencia
pasiva, contrariamente a la sumisión absoluta de la Regla de Oro.

Luther King junto a un retrato
de Gandhi
Podría llamarse Regla
de Bronce a otra clásica: “Haz a los demás
lo que ellos te hagan”, más conocida como Ley del Talión
o del “ojo por ojo, diente por diente”. Es un comportamiento
bastante usual entre los humanos, de forma que premiamos a quien se porta
bien y castigamos a quien nos perjudica.
La Regla de Hierro
diría “Haz a los demás lo que te plazca antes de que
ellos te lo hagan a ti”. Desgraciadamente también muy presente
en el comportamiento humano.
Hay otra muy típica que señala:
“Pórtate bien con los que están por encima de ti y
abusa de los inferiores”. A este enunciado se le puede llamar Regla
de Hojalata, por tratarse de aplicar la regla de oro a los fuertes
y la de hierro a los débiles.
TEORÍA DE JUEGOS
Lógicamente todas estas reglas
cuentan con una infinidad de mezclas y variantes y cabe preguntarse cual
de todas ellas sería la más exitosa. A ello se dedica el
análisis matemático llamado Teoría de Juegos, que
consiste en estudiar las estrategias más beneficiosas en campos
como la economía, el comercio, la política medioambiental
o el terreno militar. Para el comportamiento humano, la Teoría
de Juegos propone un caso muy representativo, el llamado dilema del preso,
un juego cuyas reglas son las que siguen:
Dos individuos han sido detenidos
por cometer un crimen, y son interrogados por separado. Cada uno de ellos
tiene dos opciones: declararse culpable o inocente. Entonces la combinación
de las declaraciones de los dos detenidos puede ser de tres formas:
1. Si ambos niegan haber cometido
el delito será muy difícil que se demuestre su culpabilidad,
y por tanto es fácil que salgan libres o sufran una pena mínima.
2. Si los dos reconocen su culpa,
recibirán la compensación por su arrepentimiento y cumplirán
una pena corta, aunque mayor que la anterior.
3. Sin embargo, si uno se declara
inocente y el otro confiesa, la pena para el primero será mucho
mayor que para el segundo.

En este juego cada preso se
enfrentan a su dilema
Es decir, lo más cómodo
para cada uno de ellos individualmente sería declararse culpable,
porque al no saber lo que dirá el otro, la pena será menor
que si se declara inocente y el amigo hace lo contrario, es lo que se
llama desertar, y no conseguirá tan buen resultado como si ambos
se declaran inocentes, lo que se llamaría cooperar, pero la pena
será aceptable. Por el contrario, si uno coopera y el otro deserta,
la pena será la mayor para el primero.
Por tanto, parece claro que lo mejor
en este caso es desertar, sin embargo, podemos imaginarnos que ambos jugadores
pasan por una serie de partidas consecutivas, de forma que cada uno sabe
lo que ha hecho el otro en las anteriores y basa su comportamiento en
ello. Además a cada uno de los resultados posibles se le asigna
una puntuación que se va acumulando. Estas puntuaciones podrían
ser:
Si ambos cooperan cada uno recibe
3 puntos.
Si ambos desertan cada uno recibe
1 punto.
Si uno deserta y el otro coopera,
el primero se lleva 5 puntos y el segundo ninguno.
Suponemos que estos puntos se traducen
en dinero, y cabe preguntarse cuál es la estrategia adecuada para
ganar más en este juego del “dilema del preso repetido”.
Cooperar a menudo puede provocar que el rival deserte a menudo y obtenga
mucho dinero a nuestra costa. Desertar a menudo causa que el competidor
también lo haga y el beneficio para ambos sea muy inferior a la
colaboración continuada. Es claro que la cooperación encadenada
entre ambos es lo mejor para los dos, pero el peligro de traición
es evidente.
EL TORNEO
Robert Axelrod estudió
experimentalmente esta situación, mediante un torneo informático
que organizo y que describió en su libro The Evolution of Cooperation.

Robert Axelrod
Solicitó a expertos en Teoría
de Juegos que le presentaran sus estrategias, para poder enfrentarlas
entre sí. Recibió 14 propuestas y el propio Axelrod aportó
la suya que simplemente consistía en aplicar “cooperar”
o “desertar” aleatoriamente en cada caso, la cual serviría
como término medio de comparación. Si una estrategia no
podía ser mejor que la aleatoria debía ser muy pobre.
Tradujo las quince estrategias al
mismo lenguaje de programación, y cada una de ellas fue enfrentada
a todas las demás y a sí misma en un ordenador, repitiendo
200 veces cada posible enfrentamiento.
El máximo resultado posible
era 15000 puntos (200 partidas por 15 oponentes y por los 5 puntos máximos
si una estrategia siempre desertaba y sus rivales siempre cooperaban),
y la mínima era 0 puntos. Lo ideal para todos sería la colaboración
permanente, y daría 9000 puntos a cada uno.
Pues bien, la estrategia triunfante
fue una muy simple, enviada por el teórico del juego Anatol Rapoport.
Dicha estrategia se llamaba “Donde la dan las toman”. Consistía
en comenzar siempre colaborando y a partir de ahí repetir la jugada
del rival. Si el rival siempre cooperaba ambos conseguirían 600
puntos, pero por cada vez que el contrincante desertara, esta estrategia
desertaría en la siguiente jugada, y solo volvería a cooperar
cuando lo hiciera el competidor.
“Donde la dan las toman”
obtuvo 7567.5 puntos, bastante cerca del ideal común que consistiría
en que todos los participantes obtuvieran 9000 puntos, que sería
el resultado de colaborar en todos los casos.
Hubo muchas estrategias que buscaban
la deserción como objetivo de manera más o menos rebuscada,
intentando hacerse con los cinco puntos en cada jugada traicionera cuando
el rival colaboraba. Ninguna de ellas pasó de 6012 puntos, y quedó
detrás de todas las que buscaban la colaboración principalmente.
Así se observó que las estrategias colaboradoras daban mejores
puntuaciones que las traicioneras, al menos hasta el momento. También
se comprobó que todas las estrategias estaban meditadas, puesto
que la aleatoria de Axelrod quedó la última.
Axelrod planteó un segundo
torneo, para que a la vista de los resultados anteriores los teóricos
de juegos plantearan nuevas estrategias. Se presentaron 63 participantes
y hubo dos tendencias, la primera aplicó la máxima de que
la colaboración trae beneficios, mientras que la segunda apostaba
por que mucha gente querría colaborar para tener buena puntuación
y por tanto sería fácil traicionarles desertando. “Donde
las dan las toman” ganó por más diferencia aún
que en el primer torneo.
Nadie pretende concluir de manera
irrefutable que estos resultados sean aplicables a una sociedad humana,
pero sí que se trata un campo fascinante de estudio, y quien sabe,
tal vez la ciencia demuestre algún día de forma concluyente
que la colaboración es mejor que la traición, para uno mismo
y para el común de la humanidad y del planeta, algo que venimos
pensando muchos hace tiempo.