En el año 800, el rey de los
francos Carlos ( “Carlomagno”), el más
poderoso de su época, fue coronado por el Papa León III
como “Romanum gubernas Imperium”, es decir, como
los antiguos emperadores del Imperio de Occidente, aceptado incluso por
el emperador de Oriente, el Basileus bizantino.
Uno de los principales efectos de esta reconstrucción política
fue el intento de enlazar con la tradición administrativa romana.
Esto desarrolló y restauró el uso de la escritura en los
ámbitos administrativos, prácticamente olvidada para la
gran mayoría de la población y que se mantuvo en las bibliotecas
de los monasterios e iglesias, lo que explica aún más el
poder de la jerarquía religiosa.
Este pequeño “Renacimiento” estimuló una economía
estancada. Un nuevo orden más pacífico trajo una cierta
expansión comercial y demográfica, aunque el rígido
sistema señorial era un impedimento tan injusto como improductivo
para la mayor parte de la población.

Retrato del “emperador”
Carlomagno
1) LAS NUEVAS TENDENCIAS
DEMOGRÁFICAS.
La creación de las “marcas”
(territorios fronterizos defendidos para evitar invasiones) dio una seguridad
no vista desde hacía siglos. Esto se tradujo en una cierta confianza
general al reducirse ampliamente los saqueos, aumentaron las cosechas
y por ende la población. Esta mayor seguridad también facilitó
la movilidad y por ello la emigración a nuevas zonas de roturación.
Sin embargo, este leve aumento de la población pronto entró
en las propias contradicciones del sistema, que hizo que la economía
se volviera a estancar por una superpoblación y la crónica
subalimentación de las personas por la baja productividad.
Las causas parecen claras, este desarrollo demográfico ha roto
el frágil equilibrio entre la población y el marco socio-económico
que lo sustenta. A pesar de roturarse nuevas tierras, o aprovechar tierras
abandonadas, técnicamente era imposible alimentar a esta nueva
población. Así el retraso tecnológico y la presión
del sistema señorial harán que se vuelva al estancamiento
económico y, por tanto, demográfico.
2) EL GRAN DOMINIO.
Durante los años del imperio
carolingio y su posterior división en reinos, el sistema señorial
fue adueñándose definitivamente del “Orbe cristiano”
occidental. La representación más importante de este poder
era sin duda el “ Gran Dominio”, auténtico
poder económico y social. Éste no era homogéneo en
toda Europa pero compartieron unas características comunes.
El territorio solía ser “donado” por el rey a algún
gran señor, casi siempre por favores militares. Estaba formado
muchas veces por miles de hectáreas y la tierra solía hallarse
dividida en múltiples explotaciones. La mayor estaba reservada
al dueño mientras el resto eran variables, aunque siempre mucho
más reducidas y que habían sido otorgadas a familias campesinas.
Estas explotaciones reciben el nombre de “mansos”,
así habrá mansos del señor o “reservas”,
explotados directamente por él, y mansos libres, trabajados por
campesinos que viven en esa parcela, aunque dependientes del señor.
El manso del señor solía consistir en una serie de edificios
que estaban cercados, llamado “corte”, en
este espacio se encontraba el palacio o castillo; había establos,
cocinas, corrales, molinos y sobre todo graneros donde se guardaban las
cosechas y tributos del señor. También había bosques
y tierras de cultivo.
El manso campesino podía ser libre o servil, dependiendo del estado
jurídico del que lo trabajaba, libre o siervo. Sin embargo, este
detalle fue perdiendo importancia a lo largo de los años, las divisiones
hereditarias (pues la tradición germánica era dividir todo
en partes iguales para los herederos, frente al modelo romano de heredar
sólo el varón primogénito), las compra-ventas y la
movilidad campesina de estos años hicieron que en muchos casos
no coincidiera el estatuto del manso con el del campesino que lo explotaba.
Colonos libres trabajan en mansos serviles mientras que en muchos mansos
libres trabajaban siervos.
La explotación económica
del Gran Dominio se producía de dos formas. Los mansos libres dependientes
de un señor estaban obligados a pagar una renta (“censo”)
, podía ser parte de la cosecha, así como animales o dinero
(el uso de la moneda era mayor en esta época).
Para el manso señorial el señor exigía a los campesinos
de su propiedad ciertas horas de trabajo diarias, las “corveas”,
para lo cual estaban obligados a dejar las labores en sus tierras. También
trabajaban en los mansos señoriales jornaleros estacionales, un
auténtico ejército de desamparados que rondaban en los alrededores
del Dominio. Y como no, los esclavos, sin embargo, los no libres no se
adaptaban bien a las grandes explotaciones, debido a la poca productividad
histórica de los esclavos y que fue el origen del desastre económico
de los últimos siglos del imperio romano, esto provocó que
poco a poco fueran igualándose al resto de los campesinos.
Es precisamente este sistema, el de poder requisar el señor gratuitamente
la mano de obra, tanto en corveas como en esclavos, el que impedía
un desarrollo tecnológico de la tierra. La mano de obra era gratis,
las mejoras técnicas no.
Aunque el gran señorío
se fue asentando poco a poco en Europa occidental, no todas las explotaciones
agrícolas estaban dominadas por aristócratas. El aumento
de la documentación, sobretodo eclesiástica como donaciones
o limosnas, nos revela que también existía una gran parte
de campesinado libre que poseía sus propias tierras, así
como los que trabajaban cerca de ciudades “libres” o dependientes
del rey, es decir, que no dependían jurídicamente de ningún
señor.
El uso más amplio de la moneda
transformó radicalmente las relaciones socio-económicas
entre el señor y el campesinado en muchos lugares. El señor
adquiría dinero de los censos, con el cual pasó a pagar
a los jornaleros que trabajaban en sus mansos, en vez obligar a trabajar
gratuitamente a los campesinos del dominio, con lo que se aumentaba la
productividad. El poder medir el trabajo en dinero será una pequeña
revolución para el campesinado esclavo, que definitivamente se
fusionará al resto del campesinado libre.
En definitiva el Gran Dominio se
convirtió sobretodo en el gran elemento de poder de la nobleza.
Por un lado era el motor de esta economía rural, una economía
al servicio de la aristocracia, la cual consumía la mayor parte
de la producción, aunque repartiera parte entre los famélicos
indigentes. Pero por otro lado este sistema, basado en la agricultura
extensiva, provocaba que los señores quisieran asegurarse la mano
de obra y la tierra que necesitaban para su nivel de vida, esto fue a
costa de aumentar sus derechos sobre la tierra y los hombres que vivían
en ella. Esta lucha entre los derechos del señor y del campesino
libre o comunal serán la característica no sólo de
este periodo sino que se alargó hasta el siglo XIX y las revoluciones
liberales, cuando se abolieron definitivamente los derechos feudales.
Son los señores y sus administradores los que decidían quienes
podía quedarse con alguna casa del dominio, sus graneros siempre
estaban llenos, por lo que en épocas de hambruna el señor
repartía parte entre los hambrientos campesinos, lo que les hacía
ser más dependientes. Pero sin duda el poder más relevante
era el de repartir justicia, el señor se convertía en el
que decidía sobre la vida de sus campesinos, solamente se podía
recurrir al rey, lo que evidentemente no era fácil para un pobre
campesino.
3) EL COMERCIO.
Una de las principales consecuencias
de la restauración política carolingia fue el aumento del
comercio. Esta actividad económica fue de gran importancia para
los nuevos reyes. El comercio necesitaba una estabilidad y paz para poder
desarrollar las transacciones, lo que era proporcionado por los monarcas,
a cambio por supuesto de los tributos correspondientes, que hicieron aumentar
el tesoro real. Pronto se notaron las consecuencias, el interés
de los reyes en recaudar hizo que se promovieran nuevos mercados comarcales
y regionales. Para este tipo de intercambio era necesario una moneda,
que pronto se apresuraron los monarcas en acuñar.
Pero también aumentó mucho el comercio a larga distancia,
con materias importadas del extranjero. Este tipo de comercio sólo
era posible con un gran apoyo institucional, así a los mercaderes,
para ser protegidos, les fue dado un estatuto especial, además,
la mayoría de los grandes viajes solían estar patrocinados
por el rey, a través de caravanas comerciales, por lo que muchos
viajes eran mezcla de comercio y actividad diplomática. El nuevo
estado carolingio imitó el sistema de fronteras tributarias de
los bizantinos para cobrar un impuesto a los mercaderes. Estos productos
de lejanas tierras eran siempre productos de lujo, si exceptuamos la sal,
pues era la única forma de ser rentables. Así este comercio
internacional estaba al servicio y consumo de los reyes y grandes señores,
estando la gran mayoría de la población fuera de este mercado.
El principal producto de importación eran los paños, es
decir, los trajes con los que se vestía la aristocracia, para así
diferenciarse más de los campesinos que se tenían que hacer
su ropa, destacaban en esta época los paños holandeses y
de Oriente. Este será el principal producto de comercio durante
muchos siglos, lo que explica que la industria textil de calidad fuera
una de las poco actividades productivas en la Edad Media.
Las ciudades por las que pasaban caravanas comerciales fueron las más
dinámicas de su tiempo, el movimiento de dinero provocó
un crecimiento de éstas, también las ciudades que celebraban
grandes mercados revitalizaron mucho la vida urbana.
Tuvo también gran importancia
en este tiempo una nueva moralidad que influyó en la actividad
económica. La amplitud del nuevo imperio hizo que dejaran de ser
rentables las expediciones de saqueo, pues las zonas que podían
ser saqueadas cada vez estaban más lejos. Este cambio fue también
una de las causas de que los nuevos reyes francos se convirtieran en una
realeza pacífica, y que a imitación del Basileus bizantino,
se dedicara sobretodo en la defensa de sus súbditos. Al no ser
rentables las guerras era mucho más lucrativo invertir en el comercio,
además, evitaba tener que pedir la ayuda a los ejércitos
de los grandes señores, a los que después de las campañas
militares tenía que compensar.
Una de las consecuencias de este aumento de la actividad económica
fue que Europa se convirtió en un nuevo y apetecible centro de
pillaje, unos nuevos guerreros, venidos del norte, causarán el
terror durante un siglo .... los Vikingos.
Así lo vi, así os lo
cuento
Heródoto el Rojo