¿NECESITAMOS MÁS FRONTERAS?
Por Aristarco el Bolchevique (junio de 2006)

Dicen los astronautas que desde el espacio no se ven las fronteras en la Tierra. Sin embargo, cada día cuesta más creer tal afirmación, a la vista de tanta gente, en tantos lugares del mundo, defendiendo con tal vehemencia la independencia de su territorio. Se diría que tiene que haber algún tipo de barreras físicas delimitando el suelo que pisamos, no parece posible que tantas regiones, naciones, países y estados sean ficticios y arbitrarios, y sólo existan en la cabeza de sus habitantes.

Hay que hacer un gran esfuerzo intelectual para mantener la cabeza fría y recordar que las divisiones territoriales únicamente se encuentran en los mapas políticos, y que dentro de cualquiera de ellas hallamos gente esencialmente indistinguible de la de al lado. Se trata de la misma especie de primates la que habita en todos esos fragmentos de la superficie planetaria.

Himnos, banderas y folclore autóctono son algunos de los ingredientes que caracterizan a los habitantes de un territorio independiente o con aspiraciones de llegar a serlo. Por esos estúpidos símbolos se identifican los integrantes de una zona concreta, y cuando menos se espera son capaces de matar y morir por ellos.

Muchas veces la religión distingue a unos países de otros. Nadie con un mínimo de mentalidad científica es capaz de explicarse cómo puede generar tantas fricciones el adorar a un Dios u otro. Menos si cabe en el caso de judíos, musulmanes y cristianos, quienes rinden culto al mismo Dios pero mediante distintos métodos. Más sorprendente es el detalle de que pocos tienen en cuenta que las pruebas de que existe algún Dios son nulas.

Hay ocasionas en que el idioma es el principal elemento distintivo de una división frente a otra. Resulta tristemente paradójico que la herramienta básica que utilizamos los humanos para comunicarnos se utilice como excusa para separarnos y mantenernos incomunicados en porciones aleatorias de terreno.

En otros casos, dentro de un mismo país se hablan varios idiomas, lo cual debería ser ejemplo para el mundo, sin embargo, salvo alguna posible excepción que yo desconozco, hay representantes de cada lengua que piden la independencia y que aspiran a poseer su propia porción de suelo para ser felices en su reducto.

La cuestión es especialmente lamentable en España, puesto que, para cada idioma, hay formaciones que se llaman a sí mismas de izquierdas y que quieren añadir dibujos al mapamundi. No ha llegado a sus oídos, o han olvidado imperdonablemente, aquello que dijeron dos de los principales teóricos de la izquierda: “¡Proletarios del mundo, uníos!

La mismísima Izquierda Unida, que desde que comenzó su coqueteo con el PSOE está haciendo dudar de que sea de izquierdas, y que en los últimos años está totalmente desunida, ha lanzado un comunicado desde alguna de sus federaciones regionales felicitándose de la reciente separación de Montenegro constituyéndose como país independiente.

Yo creía que era una mala noticia la proliferación de fronteras arbitrarias para separar aún más a la humanidad. No veo que haya nada que celebrar, ni lo he visto en ninguna de las ocasiones en que han surgido países nuevos en Europa en los últimos tiempos. Tal vez lo único loable sea reconocer cuando el proceso de separación ha sido pacífico, pero el hecho en sí de que se creen fronteras como churros se aproxima más a una tragedia que a un éxito.

Los únicos con razones para alegrarse son los peces gordos de las transnacionales, quienes mantienen a los trabajadores del mundo separados, sin posibilidad de hacer frente común al gobierno capitalista mundial en la sombra. Y si no son capaces de darse cuenta de algo tan simple esas supuestas formaciones políticas de izquierdas que celebran la independencia de Montenegro, significa que los tiempos que vivimos son todavía peores de lo que parecen.