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No
podemos comenzar a ver las dos teorías que llevan
el nombre de relatividad sin hablar un poco sobre el excepcional
científico que las elaboró: Albert
Einstein
Einstein
nació en Alemania en 1879, y no comenzó su
vida de forma que se adivinara a dónde iba a llegar.
Tardó más que la mayoría de los niños
en aprender a hablar y en el colegio pasó inadvertido.
Tal vez fue decisiva la influencia de su tío, quien
le enseñó a resolver ecuaciones a una edad
temprana con un método indudablemente didáctico.
Le decía algo como: “si no podemos coger
al animal que intentamos cazar, lo llamamos “x”
y le seguimos persiguiendo hasta que lo metemos en el saco”.
De
este modo, en sus primeros años destacó en
matemáticas y física pero en las demás
asignaturas no se mostraba interesado, hasta tal punto que
un profesor le aconsejó que dejara los estudios,
añadiendo: “usted no llegará a nada,
Einstein”.

Einstein
a los 14 años
A
los 16 años se trasladó con su familia a Italia,
donde le impactó la tradición artística
de aquel país, en especial las obras de Miguel
Ángel. Posteriormente intentó ingresar
en la universidad suiza, pero no lo logró, por lo
que se diplomó como Ingeniero Eléctrico en
el Instituto de Tecnología de Suiza, conocido como
el Politécnico de Zurich. A continuación
tuvo que buscar trabajo y, no sin dificultad, en 1901 consiguió
un puesto de “experto técnico de tercera clase
en la Oficina de Patentes suiza en Berna”. Fue aquí
donde encontró tiempo libre en el trabajo para dedicarse
por su cuenta al estudio de la Física.
En
1905 publicó tres artículos científicos
cruciales:
1.
La explicación del efecto fotoeléctrico.
Ya vimos este asunto en la primera parte de la mecánica
cuántica. Por un lado sirvió para aportar
nuevas evidencias a la esencia microscópica de
la naturaleza que había introducido Max Planck,
organizada en pequeños paquetes, y por otro fue
decisivo para entrever la naturaleza ondulatoria de las
partículas.

Las placas
solares son una aplicación del efecto fotoeléctrico
2.
El análisis del movimiento browniano.
El botánico escocés Robert Brown,
a quien debemos el término “núcleo
celular”, había observado en 1827 cómo
los granos de polen suspendidos en el agua, se movían
de un lado a otro de manera aparentemente desordenada.

Robert Brown
Einstein
obtuvo una ecuación que representaba el movimiento
de las moléculas de agua golpeando a los granos
de polen o a cualquier otro pequeño objeto. Lo
grande de esta ecuación es que en ella figuraba
el tamaño de la molécula del agua.
Hasta
ese momento aún había científicos
que no creían en la existencia real de átomos
y moléculas, sólo los consideraban ficciones
teóricas útiles para comprender las reacciones
químicas. EInstein sentó las bases para
considerar a los átomos entes físicos reales.
3.
Un trabajo acerca de la electrodinámica de los
cuerpos en movimiento. Esto de nombre tan complejo
no es otra cosa que la Teoría Especial
de la Relatividad. A ella nos dedicaremos de
manera amplia próximamente. Baste decir que cambió
de un plumazo la concepción del universo.
De
esta teoría se deduce, entre otras cosas, la ecuación
más famosa del mundo: E = mc² (la Energía
que se puede obtener de un cuerpo es igual a su masa multiplicada
por la velocidad de la luz al cuadrado), la raíz
para la comprensión de las reacciones nucleares
y del funcionamiento de las estrellas. También,
desgraciadamente, la base para la bomba atómica.

La energía
del sol se explica mediante esa ecuación
Y
en 1915 dio su golpe de mano definitivo cuando publicó
la Teoría General de la Relatividad,
una descripción de la fuerza de la gravedad que sirve
de herramienta para el estudio de las leyes acerca del nacimiento
y la evolución del todo el universo en su conjunto.
También la veremos ampliamente en los próximos
meses.
Poco
después, en 1917, Einstein expuso un estudio acerca
de la ganancia y pérdida de energía de los
átomos al ser golpeados con fotones. Este trabajo
“menor” fue utilizado en 1960 por T.
H. Maiman para construir el primer emisor de rayos
láser.

Rayo láser
A
partir de la década de los años 20 del siglo
pasado, Einstein trabajó para intentar unificar su
teoría de la gravedad con las otras tres fuerzas
del universo, la electromagnética, la nuclear fuerte
y la nuclear débil (sobre todas ellas hablamos hace
unos meses). Pero no creía demasiado en la Mecánica
Cuántica, la otra gran teoría universal junto
a la Relatividad General, y fracasó en su intento.
Aún hoy no se ha conseguido una teoría unificada.
Y
esta fue, en líneas muy generales, la labor de un
hombre del que se puede decir que tal vez sea el único
científico a lo largo de la historia que se puede
colocar a la altura de Isaac Newton (a quien dedicaré
un artículo algún día), pero además
fue mucho más simpático que este último.
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