LOS REPTILES: LA EXPANSIÓN DE LOS VERTEBRADOS TERRESTRES
Por Plinio el Insurrecto

Los reptiles aparecieron a finales del Carbonífero (hace unos 220 millones de años) bajo la forma de pequeños lagartos, que, además de presentar el tegumento totalmente queratinizado y el huevo amniótico, habían conseguido una serie de mejoras esqueléticas y musculares con respecto a sus antecesores los anfibios. Se desconoce aun el grupo de anfibios que originó a los reptiles.

Estos primeros reptiles, independizados del agua, eficientes explotadores del medio terrestre, con una dieta probablemente insectívora, iniciaron durante el Pérmico una gran radiación (se ha planteado la posibilidad de que su rápido desarrollo fuese favorecido por la radiación sincrónica de muchos grupos de insectos durante el Carbonífero) que alcanzó su punto más álgido durante el Mesozoico (hace unos 160 millones de años). Surgieron gigantescos herbívoros y grandes depredadores; aparecieron por primera vez en la historia de los vertebrados formas que adoptaron el vuelo como forma de locomoción o que recolonizaron el agua, fue la época de los famosos dinosaurios.

A finales del Mesozoico (en el Cretácico, hace unos 65 millones de años) los reptiles sufrieron un dramático declive. Esta catástrofe cretácica, afecto también a muchos invertebrados. Las causas de este fenómeno son confusas, pero las hipótesis se pueden agrupar en dos grupos: ecológicas y catastrofistas.

Las hipótesis de tipo ecológico sitúan la extinción de los reptiles en un contexto ambiental cambiante. A finales del Cretácico se da un proceso de desmembramiento de las placas terrestres, de formación de montañas, de regresión marina y de acentuación de la estacionalidad (estaciones frías y cálidas, secas y húmedas) con los consiguientes ciclos estacionales de disponibilidad de alimentos, a los que pudieron no adaptarse unos animales configurados para vivir en ambientes estables.

Las hipótesis catastrofistas suponen la incidencia de algún evento que, como el impacto de un gran meteorito sobre la tierra, produjo una extinción masiva de seres vivos. Se supone que la acción del fuego y las cenizas proyectadas al espacio dio lugar a una pantalla antisolar que, al impedir el paso de la luz, colapso durante un tiempo la acción de los productores primarios, y en consecuencia trajo la muerte de muchos consumidores secundarios y de los cazadores que los explotaban.

En la actualidad los reptiles están representados por unas 6000 especies, repartidas desigualmente en cuatro ordenes: las tortugas (O. Chelonia), los cocodrilos (O. Crocodilia), el Orden Rhynchocephalia (integrado por una única especie, el tuatara) y el orden Squamata, que agrupa a los reptiles más diversificados y abundantes como los saurios (lagartos, lagartijas y eslizones), las serpientes y las culebrillas ciegas o anfisbénidos.

Los reptiles son un grupo de vertebrados muy bien adaptados a la vida terrestre, pero carecen todavía de un rasgo relevante desde el punto de vista del mantenimiento homeostático de sus cuerpos. Junto con los anfibios, los reptiles son ectotermos, pues dependen de los aportes calóricos del ambiente en el desarrollo de sus funciones metabólicas (los procesos fisiológicos, especialmente las reacciones enzimáticas, requieren de una temperatura mínima). Debido a esto, los animales ectotermos sólo sobreviven en aquellas regiones, medios o lugares (microclimas) en los que las temperaturas ambiente sean adecuadas para sus organismos. Fueran de los rangos térmicos que les permiten desarrollar una vida activa, permanecen aletargados.

Los anfibios, por ejemplo, dependen estrechamente de la temperatura ambiente al no poder utilizar la radiación solar como fuente de calor ante el riesgo de deshidratarse. Los reptiles, sin embargo, no tienen este problema debido a la total impermeabilidad de su piel por lo que han desarrollado un complicado comportamiento de captación del calor solar con el objeto de regular su temperatura corporal. Este comportamiento, que alcanza su máximo exponente en los saurios, se conoce como termorregulación e implica la búsqueda de puntos donde solearse, así como el control del tiempo empleado y del momento seleccionado para tal actividad. La condición ectoterma de los reptiles les plantea serios problemas a la hora de colonizar los lugares más fríos del planeta, donde la corta duración del verano imposibilita un periodo de actividad suficiente como para que los animales se repongan del letargo invernal y se reproduzcan. Este tipo de ambientes, han sido colonizados por las aves y los mamíferos. Estos son vertebrados endotermos, capaces de mantener una temperatura constante gracias a la producción interna de calor y al desarrollo de unos excelentes aislantes térmicos (plumas, pelos y grasa subcutánea) y de ciertos mecanismos de regulación de la temperatura interna (por ejemplo glándulas sudoríparas). Sin embargo, el hecho de ser ectotermo también tiene una ventaja, y es que exige cantidades menores de alimento que la endotermia, al no recurrir exclusivamente a los aportes de nutrientes como fuente calórica. Los ectotermos, por lo tanto, requieren menos alimentos para subsistir, por lo que están mejor adaptados para explotar con éxito ambientes pobres o para alcanzar densidades superiores a las de los endotermos en circunstancias normales.

La termorregulación y la ectotermia son factores que también van a condicionar el comportamiento social de los reptiles, comportamientos que son más complejos de lo que la mayoría de la gente piensa y de los que hablaremos en posteriores entregas.