SOCIOBIOLOGÍA HUMANA: MONOGAMIA
Por Plinio el Insurrecto

Para la mayor parte de nosotros, uno de los aspectos que más interrogantes y debates genera es todo lo relacionado con nuestro comportamiento sexual. Y como no, la respuesta a muchas de estas preguntas hay que buscarla más en nuestros genes (moldeados y programados por las presiones evolutivas que actuaron sobre nuestros antepasados, y que aun actúan sobre nosotros) que en nuestra educación. En parte conscientemente, pero mucho más significativamente al nivel del subconsciente, muchas de nuestras actitudes, emociones, reacciones, y en definitiva nuestra conducta respecto al sexo en el presente, están generadas por mecanismos que existen porque resolvieron problemas adaptativos en el pasado, es decir, en los ambientes ancestrales en los que los humanos evolucionaron.


Cuando se trata de caracterizar socialmente a los primates, los humanos se clasifican como una especie monógama. Esto puede sorprender a algún lector, pero aunque existe variabilidad en la estructura familiar humana en función de las culturas, en todas ellas hay una cierta exclusividad en las relaciones sexuales de cada varón con cada mujer, por lo menos durante algún tiempo. Es decir, tanto nuestros antepasados como la mayoría de las poblaciones de la actualidad, independientemente de la cultura a la que pertenezcan, forman casi siempre en algún momento de su vida relaciones estables entre hombres y mujeres. Esto probablemente lleva siendo un rasgo de la sexualidad de los homínidos aproximadamente unos tres millones de años. Pero estas relaciones estables no duran toda la vida necesariamente, si no que a menudo una persona tiene dos, tres o más relaciones sucesivas. Sin embargo cada una de esas relaciones se puede clasificar como monógama (con infidelidades ocasionales), pues rara vez podemos encontrar que un hombre tenga relaciones de pareja con varias mujeres a la vez o viceversa.


El origen de la monogamia en los humanos parece estar estrechamente relacionado con el origen de la postura bípeda de los homínidos, por lo que se cree que los australopitecos ya serian con toda probabilidad monógamos. La transformación esquelética que conlleva el bipedalismo, provoca que la arquitectura de la pelvis se modifique para poder mantenernos erguidos sobre dos piernas. Esta modificación se traduce en una reducción de la anchura del canal del parto que, además de hacer del parto humano una tarea muy laboriosa, provoca que nuestras crías nazcan en un estado de desarrollo que requiere de un largo periodo de cuidados y aprendizaje. Una hembra humana en solitario, tendría muy difícil cuidar de sus descendientes de una manera exitosa (se entiende en el contexto de la economía de cazadores-recolectores en que se dio nuestra evolución). La pareja estable, la monogamia, es una estrategia que hace que el padre (o supuesto padre) se incorpore a la tarea de sacar adelante la familia, ya que desde la lógica de la selección natural, los genes de aquellos padres que abandonen a sus descendientes no estarán en la siguiente generación.


Siguiendo esta lógica, para que un macho de los primeros homínidos bípedos realizara el esfuerzo de alimentar y cuidar de una hembra y sus crías, tendría que estar muy seguro de que esas crías llevaban sus propios genes, y no los de otro. Si esas hembras tuvieran periodos de celo muy claros, simplemente habría que vigilarlas estrechamente durante ese tiempo para monopolizarlas, evitando así que pudieran copular con otros machos. Pero si las hembras no tienen estro, es decir es imposible saber cuando están ovulando (como es el caso de las hembras humanas), la única alternativa viable para que el macho se asegurase un poco la paternidad, era una relación de pareja monógama.


En los humanos además se da competición espermática o guerra de espermatozoides. Esto es, siempre que el cuerpo de una mujer contiene espermatozoides de dos o más hombres diferentes al mismo tiempo, los espermatozoides de esos hombres compiten por “el premio” de fecundar al óvulo. Como los humanos formamos grupos sociales con múltiples individuos masculinos y es muy difícil saber cuando se produce la ovulación, evitar la guerra entre espermatozoides requiere de la aparición de conductas que faciliten la relación de pareja y que, por el contrario, dificulten o reduzcan al máximo el riesgo de infidelidad.


Esto ha provocado que en nuestra especie exista la originalidad de que hay una relación sexual permanente, la mayor parte del tiempo sin función reproductora. Dicho claramente, situar la sexualidad humana sólo en el terreno de la procreación no es lo natural (biológicamente hablando), sino todo lo contrario. Entre nosotros el sexo además ha evolucionado para mantener unida a la pareja, es decir esta al servicio del amor y del placer. Si no fuera así, a cada uno de nosotros solo nos apetecería realizar el acto sexual sólo una docena de veces más o menos en nuestra vida, las pocas ocasiones en que la concepción fuera posible y deseable. El sexo y la sociedad, el arte y la literatura (en realidad toda la cultura humana) serian muy diferentes.


Resumiendo, la monogamia es una estrategia sexual que nos ha dado más éxito en la reproducción que otras, y ha tenido sus consecuencias sobre la conducta sexual humana. Hoy en día, aunque la mayoría de las personas no buscan conscientemente una vida monógama con un fin reproductivo, una proporción muy elevada desarrolla gran parte de su vida sexual en el marco de las relaciones estables. Sin embargo, esto no quiere decir que no tengamos estrategias complementarias que pueden proporcionar la oportunidad de tener un poco más de éxito en la reproducción del que se lograría si uno se limita a una sola relación. Por tanto, aunque los humanos somos monógamos, en muchos momentos de nuestra vida optamos por la infidelidad, la promiscuidad, el cambio frecuente de pareja, etc. Estas estrategias, aparte de que pueden ser costosas generan un conflicto de intereses que ha llevado a que hombres y mujeres hayan desarrollado conductas sexuales diferentes, sobre todo en lo referente a la elección de pareja. Pero este es un tema que dejaremos para otra ocasión.