ESPAÑA NO VA BIEN
Por Plinio el Insurrecto
(junio de 2003)

Según la información proporcionada por la oficina europea de la Organización Mundial de la Salud, España ha ido descendiendo durante los últimos diez años en el ranking de esperanza de vida entre los países de la UE, siendo hoy uno de los países con menor crecimiento en esa esperanza de vida. Por ejemplo, el promedio de años de vida que una persona entre 15 y 49 años puede esperar vivir en España ha estado disminuyendo debido a la elevada tasa de mortalidad de este grupo poblacional. La mortalidad que más afecta a este grupo, la debida a accidentes laborables, accidentes de tráfico y al sida, es la más alta de toda la UE. Por otra parte, las desigualdades en la frecuencia de muerte entre las clases sociales es también de las más altas en la UE. Frecuentemente se culpabiliza a las victimas de esta situación, atribuyéndoles comportamientos irresponsables. Pero esta interpretación contrasta con los hechos; sus causas son más sociales que individuales. La gran mayoría de fatalidades laborables (el 84%), por ejemplo, ocurren entre trabajadores temporales cuyas condiciones laborables están más deterioradas y cuya presión empresarial es más acentuada que entre los trabajadores fijos. Lo mismo ocurre en el caso de la mortalidad por sida. La vía de transmisión del sida es fácilmente prevenible, pese a lo cual, la tasa de sida entre los drogadictos españoles es más de seis veces el promedio europeo. El hecho de que España sea hoy uno de los países de la OCDE (grupo de países más desarrollados) con mayor mortalidad prevenible es un indicador más del gran subdesarrollo de la infraestructura de salud pública del país, responsable además de que España sea uno de los países de la UE con peor control de alimentos, con peores indicadores de salud ambiental, con mayor fatalidad y accidentalidad laboral, con mayor número de enfermedades infecciosas prevenibles, etc.

La situación también es preocupante en otros sectores sociales, como la educación. Existen enormes desigualdades en la calidad de la educación española en comparación con otros países de la UE y de la OCDE. España es el país (de los 29 de la OCDE), junto con Turquía y Portugal, que tiene un mayor porcentaje de población adulta (72%) con escasa educación. También, junto con Turquía y Portugal, España es el país que tiene mayor porcentaje de población joven (25-34 años) con un número menor de años de educación. Para explicar la cobertura y calidad de la enseñanza, el principal indicador es el gasto por estudiante. Y en este indicador, España esta a la cola de los países de la OCDE. El gasto por estudiante, sea este de primaria, secundaria o universidad, es de los más bajos de la UE. La respuesta racionalizada de los que creen que “España va bien” es que ello se debe a la masificación, es decir al gran porcentaje de la población que esta en las escuelas o universidades. Pero de nuevo, la evidencia empírica no apoya estas justificaciones. El porcentaje de población que esta en las escuelas de primaria y secundaria es menor, no mayor, en España que la media de la UE, y otro tanto ocurre con el porcentaje de población que esta en las universidades.

Es la pobreza de medios educativos (cuyos recursos han sido recortados presupuesto tras presupuesto) la que es responsable en gran parte de esta situación. España es (junto con México, Turquía y Portugal) el país de la OCDE que menos gasta en infraestructuras en los tres niveles educativos. Como consecuencia, el promedio de alumnos por maestro en las escuelas de primaria y secundaria (tanto en la privada como en la publica) es mayor que la media de la UE, y en el caso de las universidades, el número de estudiantes por profesor es casi el doble.

Los resultados objetivos de calidad muestran esta realidad, pues según otro informe de la OCDE, los estudiantes de las escuelas españolas (tanto publicas como privadas) están entre los que tienen peores indicadores de la OCDE en comprensión y capacidad de lectura, en conocimiento científico y en conocimiento matemático.

Es importante resaltar que, en general, aquellos países que tienen un porcentaje menor de estudiantes en la escuela privada son aquellos que tienen mejor calidad en las escuelas publicas y sus indicadores de calidad son mejores. En España se aduce con frecuencia por los sectores pudientes de la población que la existencia del sector privado en los sectores sociales libera recursos al sector publico que, de no existir la privada, tendría que absorber el sector publico. La realidad, sin embargo, muestra que esta huida hacia la enseñanza privada, en lugar de enriquecer el sector publico lo empobrece, ya que España es uno de los países con mayor porcentaje de estudiantes en enseñanza privada de la OCDE.

Una situación semejante ocurre con la atención primaria de los servicios sanitarios, La expansión de la privada empobrece la publica al diluir la presión social para que se mejore. Esta dualidad de servicios no favorece ni a los usuarios de la privada ni a los de la publica. Los servicios sanitarios privados son mejores, en general, que los públicos en el trato personal, en el aspecto hotelero, y en la capacidad de elección, pero no lo son en su contenido científico y técnico. De ahí que cuando existe un problema que precisa mayor pericia e infraestructura técnica, el sector publico ofrece mayores recursos. Lo que se necesita es una síntesis de lo mejor de ambos sectores, proveyendo bajo el mismo techo de institucional de la sanidad publica una atención personal de ambiente hotelero digno, con capacidad de elección y con unos servicios técnicos bien dotados.

Resumiendo, ya es hora de que nuestros gobernantes dejen de hablarnos de indicadores macroeconómicos aplaudidos por los foros financieros y hablen más de mejorar la calidad de vida de la población. No se trata de preguntarse si la economía va bien sino si la población va bien. En este momento, la población española no va bien.

Este articulo esta basado en varios textos sobre el estado social de España procedentes del departamento de Políticas Públicas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra-The johns Hopkins University