POR QUÉ A ALGUNAS PERSONAS LES PICAN MÁS LOS INSECTOS QUE A OTRAS
Por Plinio el Insurrecto

En estas fechas veraniegas, donde no es raro sufrir múltiples picaduras de insectos (generalmente mosquitos), siempre surge la pregunta ¿por qué a mí me han picado todos los mosquitos y a mi compañero/a de cuarto no le ha picado casi ninguno? Lo cierto es que se ha progresado mucho en describir los mecanismos por el que los insectos chupadores de sangre seleccionan a unos individuos frente a otros, pero se ha puesto poco interés en por qué hay individuos más atractivos que otros a estos insectos.

El patrón de contacto entre los insectos chupadores de sangre y los animales sobre los que actúan (llamados también hospedadores) es extremadamente complejo y nada aleatorio. Mientras que a muchos les pican de manera muy infrecuente, a un pequeño grupo les atacan de forma muy agresiva y consistente. La atracción de los insectos chupadores de sangre hacia los humanos parece que varía en función de multitud de parámetros, entre los que cabe destacar: la edad, el sexo, el tamaño corporal, el color de la piel, el olor, el tipo de sangre e incluso nuestro estado de salud. Se ha cuantificado que por ejemplo en la transmisión de la malaria y la leishmaniasis (enfermedades transmitidas por mosquitos), únicamente el 20 % de población contribuye al 80% de la transmisión total. Dicho de otra manera, unos pocos individuos sufren la mayoría de las picaduras y son los principales vectores de transmisión de la enfermedad. Si estos pocos individuos fueran identificables como potenciales “victimas” del ataque de los mosquitos, se lograría un gran avance en el control, vacunación o profilaxis de multitud de enfermedades que transmiten estos insectos. Sin embargo, la multitud de indicadores químicos y visuales que utilizan estos insectos para seleccionar a sus victimas es tan compleja y heterogénea que hace muy difícil establecer modelos útiles. Por ejemplo, la mosca tse-tse se ve atraída por más de diez olores corporales diferentes de humanos, además de responder a una gran variedad de indicadores de tipo visual como el color, contraste o patrón de la piel.

Por el contrario, los determinantes evolutivos sobre los que se basa la elección de un hospedador (o victima) podrían proporcionar un modelo ecológico más simple y general de victimas potenciales. Para ello, se necesita comprender que es lo que el insecto busca en la victima u hospedador y que lo dirige a una persona determinada en lugar de a otra cualquiera. Veamos un ejemplo de la visión evolutiva del asunto fijándonos solamente en un factor, de entre muchos, como el éxito en la alimentación de estos insectos.

Las hembras de insectos chupadores de sangre, toman sangre principalmente para adquirir proteínas para la producción de huevos, y la cantidad más que la calidad de la sangre, es el principal limite a su éxito reproductivo. La composición en aminoácidos del menú de sangre puede afectar a la producción de huevos como mucho en un 20 %, pero la probabilidad de obtener la sangre y la cantidad de la sangre adquirida puede variar en un orden magnitud mucho mayor. Por tanto, quizás la probabilidad de sobrevivir a una toma de comida (es decir, al hecho de picar o morder al hospedador) varia directamente con el éxito en la alimentación.

Tal variación en el éxito en la alimentación (y supervivencia) entre hospedadores parece estar conducido universalmente por el comportamiento defensivo del hospedador. Estudios con mosquitos, moscas de los establos, tábanos y moscas tse-tse, demuestran que cuanto más defensivo es el comportamiento del hospedador o victima, mayor es la probabilidad de que el insecto obteniendo sangre sea interrumpido antes de que se haya alimentado o incluso de que este muera. Por tanto, el comportamiento defensivo del potencial hospedador parece ser un importante determinante del éxito reproductivo para la mayoría de los insectos chupadores de sangre, afectando a la cantidad de sangre ingerida y a la probabilidad de que el insecto viva para alimentarse de nuevo. Así, debe haber una intensa presión selectiva para que los insectos chupadores de sangre evolucionen hacia estrategias que les permitan discriminar y alimentarse sobre los hospedadores menos defensivos y evitar a los hospedadores que más se defienden. Es decir, estos insectos deberían haber evolucionado para encontrar señales o indicadores en las victimas potenciales que les indiquen el grado de comportamiento defensivo de las mismas.

Todo esto, nos viene a decir que, al nivel más próximo, algunas personas proporcionan indicadores más atractivos que otras, tanto directos o indirectos, para insectos que chupan sangre. A un nivel evolutivo, estos insectos pican o muerden más a determinados individuos por que detectan señales (ya sean químicas o visuales) de un comportamiento defensivo más bajo. Y finalmente, al nivel funcional, el atractivo y la defensa son relativos, y la desviación o variación entre la tasa de picaduras entre uno y su pareja al compartir una habitación, puede deberse finalmente a diferencias muy pequeñas en el comportamiento defensivo de ambos, lo que un mosquito puede detectar por pequeñas diferencias en, por ejemplo, nuestro olor corporal u otras señales que ni siquiera llegamos a imaginar.