Hasta ahora hemos visto, en
los capítulos anteriores, la historia política
de la revolución inglesa desde la perspectiva de
los grandes hechos y sus dirigentes más destacados,
las complejas luchas entre unos poderes en decadencia (sistema
feudal) y otros emergentes (clases precapitalistas).
Sin embargo, la historia de la población más
humilde y sus movimientos sociales siempre ha sido un tema
secundario, e incluso calificado muchas veces como hechos
anecdóticos o derivas “radicales” de
las revoluciones. En la Inglaterra “republicana”
terminó triunfando el bando más fuerte, el
que estableció los derechos de propiedad frente al
caduco sistema feudal, y dio a esta nueva clase social (comerciantes,
gentry, grandes propietarios) el necesario poder político
para expandir las nuevas formas económicas que la
ética protestante impondrá para imponer sus
valores, es decir, un mundo hecho a medida de los hombres
de negocios.
Estos nuevos valores económicos y
sociales fueron también puestos en duda por una serie
de movimientos e intelectuales, que no aceptaban que romper
con el yugo feudal les arrastrara a otro nuevo infierno
de desigualdad y pobreza. Esta revolución dentro
de la revolución, la del pueblo llano, nunca llegó
a triunfar, pero fueron una auténtica vanguardia,
unos pioneros de las futuras luchas de clases, de todas
esas personas que se negaron a someterse y adorar al nuevo
monstruo que se asomaba, es decir, el liberalismo económico
y capitalista.
6)
LA BASE IDEOLÓGICA Y SOCIAL POPULAR
Como ya he comentado anteriormente, la eliminación
de la censura durante los primeros años revolucionarios,
nos ha dado una visión más profunda de lo
normal de la auténtica explosión de ideas
y visiones de un mundo más justo que se dio en este
periodo. Es precisamente la férrea censura aplicada
por todos los estados europeos, la que nos hace suponer
que existía un espacio intelectual más amplio
del que nos ha llegado a nuestros días, sin duda
la fortísima represión de ideas “revolucionarias”
explica la falta de datos en la mayor parte de la era Moderna.
Estos años de libertad son un gran ejemplo de que
la sociedad estaba más viva y menos sumisa al poder
establecido de lo que siempre parece a través de
la documentación histórica “oficial”.
6.1
Anticlericalismo y herejías
Unida
a las tensiones de clase existía una tradición
anticlerical muy extendida entre el pueblo llano. Durante
los siglos XV y XVI la herejía de los loardos
mantuvo una descalificación continua de la iglesia
de su tiempo, así como los llamados “locos”,
gente que rechazaba y negaba la resurrección o la
propia existencia de Dios.
Más tarde, en el siglo XVI y a la sombra de la reforma
luterana, aparecen los anabaptistas y familistas.
En esencia, los anabaptistas, declaraban que el bautismo
debía aceptarse sólo al llegar a adulto, negando
la pertenencia a la iglesia nacional sin poder elegir, y
por lo tanto contarios al diezmo que debían ceder
a la Iglesia anglicana para ser mantenida. Se negaban a
prestar juramento en juicios, pues pensaban que no era correcto
hacer una ceremonia religiosa con fines judiciales, así
hasta llegar algunos a negar la propiedad privada. No es
de extrañar que siempre se sospechara de ellos como
perturbadores del orden social, pues entre sus “locuras”
decían que los hombres eran iguales y no había
diferencia entre amos y sirvientes.
Los familistas, miembros de la “familia del amor”,
eran seguidores de Heinrich Niclaes, acusado
de haber sido colaborador de Thomas Münzer
en las revueltas campesinas de Alemania (1524) y la posterior
insurrección de Ámsterdam. Su principal argumento
consistía en enseñar que el cielo y el infierno
estaban en este mundo, y que había que crear el paraíso
en las sociedades actuales, Cristo estaba en todos los hombres
y no se necesitaban intermediarios.
No es difícil imaginar como con la
abolición de la censura y la posterior tolerancia
religiosa se extendieran estas teorías, hasta entonces
enseñadas de forma secreta y aislada. Esta influencia
se tradujo en una serie de “sectas” que rompió
uno de los baluartes del poder del parlamento, el control
ideológico a través de la religión
de las clases media y baja, así no es de extrañar
que los presbiterianos del parlamento intentaran parar estos
movimientos mediante un sistema disciplinario muy parecido
al que habían abolido, los antiguos tribunales eclesiásticos
que mantenían la “verdadera doctrina”,
u obligando a ir a misa.
6.2
Los hombres sin amos
Como ya sabemos, el sistema feudal se basaba
en una sociedad agrícola muy estática, con
una jerarquía rígida y basada en el vínculo
de lealtad, sumisión y dependencia del vasallo a
su señor. En este mundo casi era inconcebible que
hubiera tierras y campesinos sin un señor que los
dominara. Sin embargo, la realidad nunca fue una copia perfecta
del modelo, y ya en el siglo XVI la existencia de hombres
“sin amo” no estaba fuera de la ley, por lo
que no eran perseguidos.
Solían ser los desechos de una sociedad cambiante
y en rápida transformación económica.
En su mayoría eran vagabundos y pícaros, a
lo que se sumó un gran contingente de campesinos
expulsados de sus tierras ante el nuevo concepto de “beneficio”
que se estaba inculcando en las clases favorecidas, los
campesinos menos productivos eran desahuciados sin contemplaciones,
así, el aumento de riqueza de unos cuantos se labraba
con la condena a la pobreza de una buena parte de la población.
No sólo venía determinado por la productividad
agraria, en esta época se desarrollaba la protoindustria,
es decir, muchos campesinos utilizaban el tiempo que no
dedicaban a las labores agrarias (por los paros estacionales),
a fabricar telas y paños para comerciantes que les
pagaban una cantidad de dinero muy pequeña, pero
suficiente para ayudar a sobrevivir. Una grave crisis económica
en la década de 1620, hizo que estos comerciantes
les dejaran sin trabajo, y, por consiguiente, se convirtieron
también en pobres desheredados.

“Protoindustria”.
Campesina tejiendo para el comerciante
Estos grupos no sólo estaban en el
campo, en las ciudades, sobre todo Londres, existían
también muchos individuos sin trabajo, que deambulaban
pidiendo limosnas. También había muchos pequeños
artesanos y tenderos que simpatizaban claramente con ideas
más radicales que las defendidas por la elite parlamentaria.
Estos nuevos ejércitos de vagabundos y trabajadores
humildes no formaban un grupo social organizado, eran incapaces
de organizar una rebelión, su necesidad de pequeños
hurtos para vivir les presentó como un problema de
seguridad a resolver. En plena guerra civil (1644), el parlamento
hizo unas leyes en las que se obligaba a los vagabundos
a asistir a misa los domingos, sin duda para evitar que
cayeran en manos no “deseadas”. Sin embargo,
este grupo fue de los que más apoyaron los movimientos
radicales, y en donde mejor calaron las ideas de democracia
e igualdad.
6.3
Las tierras comunales
Muchos de estos desheredados de la sociedad
terminaron viviendo en las tierras comunales (habitualmente
de los municipios libres), baldíos, bosques o páramos,
multiplicándose su número durante los años
de la guerra civil. Se alojaban en chozas y eran vistos
por los poderosos (sobre todo la gentry) como ladrones,
mendigos y holgazanes, la realidad es que no los tenían
controlados y, por consiguiente, no podían decidir
sobre ellos.
Realmente vivían de lo que cultivaban, del ganado,
y por supuesto, se introducían en los bosques señoriales
para recolectar o cazar, lo que les permitía disfrutar
de una libertad impensable para un sirviente, eran una herencia
de los colonos libres del medievo. Ya los Estuardo intentaron
acabar con estos asentamientos mediante la deforestación
de muchos bosques, pero sobre todo, con el cercamiento de
las tierras. Este proceso de cercamiento era sin duda un
duro ataque a las tierras comunales, que según los
nuevos productores de beneficios, eran un escollo en el
nuevo sistema agrícola que se estaba imponiendo.
Sin duda estos terrenos “desaprovechados” eran
un caramelo demasiado dulce para los nuevos señores
de la economía, la gentry
(grupo social con amplios ingresos económicos, sobre
todo de sus tierras, pero por debajo de la nobleza), sin
duda más carroñeros que los antiguos señores
feudales. Así se libraron duras luchas en el parlamento
entre los defensores de los antiguos derechos comunales
y los defensores de “favorecer la producción
agrícola”. Los “niveladores” y
“cavadores” intentaron defender estos derechos,
pero su caída fue también la perdición
para los comuneros.
6.4
Agitadores en el ejército
Ya
hablamos anteriormente de la singularidad del ejército
parlamentario, el New Model Army. Un gran
número de voluntarios eran precisamente gentes “sin
amo” de los bosques y páramos, que no dudaron
en alzarse contra el monarca. El simple hecho de crearse
un ejército con esta base social es ya en sí
un hecho sorprendente, sin duda más representativo
de la sociedad que los representantes del parlamento. Además,
la libertad de organización y discusión de
la que disfrutaban hizo que se convirtiera en un semillero
de ideas políticas. La movilidad del ejército
fue muy importante en la expansión de estas ideas,
llegando a lugares que de otra forma hubiera sido imposible.
Su contribución fue clave para la derrota realista,
y tras esta forzosa ociosidad, muchos empezaron a reclamar
las reformas que no llegaban. Se empezaron a pedir límites
en el tamaño de la superficie de tierras que una
persona podía poseer, o que se utilizara al ejército
“para enseñar la libertad a los campesinos”.
También muchos soldados se convirtieron en predicadores
independientes de la influencia de los presbiterianos, que
utilizaron los mismo argumentos que estos últimos
contra la iglesia nacional episcopal anglicana.
Al final las peticiones de igualdad y democracia estaban
tan presentes en los soldados que tuvo que intervenir el
parlamento, se licenció a muchos “rebeldes”,
y al resto se les envió a la conquista de Irlanda
para distraerles. Sin embargo, los soldados, en contra de
la opinión de la mayoría de los oficiales,
se organizaron para elegir asambleas y agitadores que extendieran
su ideario revolucionario.
Tuvieron mucha influencia en el ejército los niveladores,
que sin duda fue uno de los aspectos por lo que los conservadores
del parlamento no dudaron por la represión para terminar
con los agitadores.
6.5
La influencia Milenarista.
Aunque ahora nos resulte extraño
y gracioso, en el siglo XVI todavía se vivía
en un mundo en donde la intervención de Dios, el
demonio, brujas, hechiceros y la magia en general era evidente
para casi todas las personas. Raro era el pueblo que no
tenía un “adivino” o “astrólogo”,
todo lo que no tenía explicación era magia,
incluso a las matemáticas se la llamaba la “magia
matemática”. No es de extrañar en un
mundo en donde el escaso conocimiento científico
y la nula educación creaban en la gente una inseguridad
que les hacía depender de los designios divinos.
La peste, el hambre, los incendios, etc.. eran provocados
sin duda por la voluntad de seres no “visibles”.
En este ambiente sociológico no es de extrañar
la influencia que tenían las profecías, en
esos tiempos oscuros para el intelecto, era fácil
atraerse a la gente con un mensaje diferente al oficial
de la iglesia anglicana, o los propios presbiterianos. Esto
era muy común en los países influenciados
por la reforma luterana, la libre interpretación
de la Biblia y la relación directa sin intermediarios
entre Dios y hombre crearon un ambiente muy propicio a las
profecías de muchos milenaristas. Si, además,
ese mensaje prometía un mundo mejor, en donde las
injusticias no debieran existir, y la igualdad sería
una realidad, no es de extrañar que calara profundamente
en muchos estratos sociales humildes.
Así, mucha gente se dejó influenciar por algo
que les prometía un mundo diferente, un mundo idealizado
tras la eliminación de la injusticia de los poderosos.
Este proceso es muy parecido al que se vería en el
siglo XIX y XX con la entrada de los ideales libertarios
y anarquistas en las zonas rurales del sur de Italia y España,
regiones con un gran retraso social y tecnológico,
y en donde muchos campesinos se sintieron atraídos
por una nueva ideología que les prometía un
cambio sustancial en sus vidas, un cambio que les convertiría
en seres humanos de verdad, y no simple mano de obra barata
de los terratenientes.
Así,
tenemos a una base social que había sido históricamente
marginada, y que por su propio impulso intentará
cambiar una sociedad injusta. No era un grupo homogéneo,
lo que se tradujo en importantes movimientos como los Niveladores,
los Cavadores, Cuáqueros, Seekers, etc... que nos
darán diferentes perspectivas de cómo cambiar
el sistema que les tenía oprimidos.
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