LA MEDICINA EVOLUTIVA

Por Plinio el Insurrecto

La medicina es una ciencia cuyo objetivo es desarrollar técnicas y conocimientos para diagnosticar, prevenir, aliviar y curar las enfermedades del hombre. Históricamente, la medicina se ha centrado principalmente en las causas y síntomas de las enfermedades para llevar a cabo sus objetivos, pero en general, se puede decir que hasta ahora la medicina ha olvidado el “por qué” evolutivo de los caracteres y de las enfermedades humanas, aspecto este que supondría una mejora en el conocimiento y tratamiento de las enfermedades.

No hace mucho que esta emergiendo lo que se ha denominado medicina evolutiva o darwinista, que intenta proporcionar a esta ciencia un enfoque evolutivo. Ya que el hombre, al igual que el resto de organismos, es el resultado de los procesos evolutivos ocurridos en relación con el ambiente y presiones selectivas que rodearon a nuestros ancestros y en el que actualmente nos desenvolvemos, el pensamiento evolutivo ha empezado a estar presente en la medicina actual y a ser considerado por muchos médicos. Es quizá en las enfermedades infecciosas, en las genéticas y en las degenerativas no infecciosas (sobre todo las relacionadas con procesos de envejecimiento y el cáncer), donde la aproximación evolutiva promete una gran mejora del conocimiento y, por tanto, tratamiento de estas enfermedades. Veamos algunos ejemplos en los que el pensamiento evolutivo ha sido muy beneficioso para comprender las enfermedades.

Enfermedades infecciosas

Actualmente se tiende a pensar que muchos de los síntomas relacionados con las enfermedades infecciosas son adaptaciones en la lucha contra los patógenos, ya que la mayoría de estos síntomas son iniciados por nuestro organismo, y no directamente por los patógenos. Muchos de estos síntomas causan malestar y preferimos eliminarlos. Sin embargo, desde un punto de vista evolutivo, estos síntomas deben tener una explicación evolutiva y pueden formar parte de las defensas que hemos desarrollado durante miles de años de coevolución con nuestros patógenos. Por ejemplo, la fiebre (o un incremento de la temperatura corporal) es un síntoma que aparece en taxones muy distintos como son algunos invertebrados, peces, reptiles y mamíferos. Varios experimentos han demostrado que un aumento de la temperatura corporal es una defensa eficaz frente a muchas infecciones, ya que se inhibe la reproducción de muchos virus y bacterias. Pero no siempre la fiebre tiene que constituir una defensa frente a cualquier patógeno, ya que incluso algunos se pueden beneficiar de ella. Sin embargo, si tenemos en cuenta que el contacto con patógenos es constante y que las infecciones múltiples son muy comunes, intentar reducir por norma la fiebre haría más vulnerable al organismo frente a otros muchos microorganismos, aunque en algunos casos no sea así.

Algo parecido ocurre con las deficiencias de hierro o las anemias. Hasta muy recientemente, la deficiencia del hierro se interpretaba como una patología y era corregida con un aporte extra de hierro. Pero actualmente los médicos dudan en corregirla siempre, pues se ha demostrado que en muchos casos un aporte extra de hierro no produce una mejoría, ya que una disminución del hierro en sangre es una estrategia de nuestro organismo para reducir la disponibilidad de hierro del parásito y así impedir su proliferación. Esta perspectiva se empezó a considerar cuando se observó que en las zonas subsaharianas con elevado riesgo de contraer malaria y tuberculosis, los individuos procedentes de Europa occidental y EE.UU., que tenían altos niveles de hierro, sufrían una mayor incidencia de estas enfermedades que los habitantes nómadas que basan su alimentación en la leche, un alimento con muy poco contenido en hierro.

También la perdida de apetito y la baja actividad que experimentamos durante una enfermedad infecciosa se podría interpretar como una defensa frente a los patógenos, ya que se reducen los recursos que los patógenos necesitan para sobrevivir y reproducirse. Sin embargo, es importante decir que muchos de los síntomas pueden favorecer a algunos patógenos, a parte de que los síntomas pueden imponer unos costos enormes al enfermo en función de su estado de salud y, por tanto, deben ser los médicos los que determinen cuando combatir o no los síntomas.

Enfermedades genéticas

La perspectiva evolutiva ha sido muy beneficiosa a la hora de comprender la existencia de muchas enfermedades de origen genético. Sirva como ejemplo la anemia falciforme, enfermedad hereditaria, provocada por la alteración de un gen responsable en la formación de las moléculas de hemoglobina. Si este gen tuviera siempre efectos perjudiciales (los individuos mueren antes de llegar a adultos en muchos casos), la selección natural debería haberlo eliminado de las poblaciones muy rápidamente. Sin embargo, este gen tiene efectos beneficiosos en las poblaciones sometidas a fuertes presiones selectivas, como son las producidas por el parásito que provoca la malaria. Esta anemia se da principalmente en poblaciones de África y Asia donde la malaria está o ha estado muy extendida. Los individuos heterocigotos para este gen sufren una deficiente captación de oxigeno por sus glóbulos rojos, pero a la vez obtienen una importante protección frente a la malaria, ya que el gen modifica la estructura de la hemoglobina de forma que acelera la eliminación de células infectadas por el parásito. Como los individuos con el gen normal no poseen una resistencia natural a la malaria, en zonas altamente palúdicas su probabilidad de reproducirse y éxito reproductor puede ser incluso menor que el de los individuos con la anemia. Así, el balance entre costos y beneficios de tener este gen en función de las presiones ambientales (como es la presencia de malaria o no), determina la frecuencia de aparición de este gen en las distintas poblaciones humanas.

El cáncer

Es otro ejemplo de enfermedad en que la perspectiva evolutiva ha sido de gran ayuda para su comprensión y conocimiento. Dado que esta enfermedad es consecuencia de un elevado crecimiento de células “anormales” que invaden y destruyen los tejidos, el fenómeno del cáncer desde un punto de vista evolutivo habría que verlo como el resultado de los conflictos entre el organismo y las células que lo componen. Si en una célula se da una mutación que permite a la célula reproducirse por encima de la tasa de división de las células normales del tejido donde se formó, podría invadir dicho tejido o tejidos adyacentes, provocando lo que se conoce como tumor o cáncer. Esto potencialmente puede ocurrir en cualquier organismo pluricelular (puesto que las mutaciones ocurren al azar), por lo que la selección natural favorecerá a lo largo de la evolución la aparición en nuestro organismo de mecanismos de detección y eliminación de estas células “egoístas” manteniendo la armonía entre los distintos componentes de un individuo. Sin embargo, estos mecanismos de eliminación no son infalibles y, además, debido a que están basados en proteínas codificadas por genes, también son susceptibles de mutación. Es decir, que el fenómeno del cáncer podría tener su origen en fallos de los mecanismos de detección y eliminación de células “anormales”.

Si además tenemos en cuenta que en las sociedades actuales la mayoría de los canceres aparecen a edades superiores a los 55 años, podríamos decir que la efectividad de las defensas frente a la proliferación de estas células, empieza a fallar a partir de esa edad. Por otro lado, hay que tener en cuenta el contacto con agentes mutágenos que incrementan la probabilidad de errores en la copia del material genético durante la división celular. Parece que el contacto con estos agentes mutágenos se ha incrementado considerablemente en la sociedad actual debido a la exposición a contaminantes industriales, plaguicidas, rayos ultravioleta, etc.

Estos son algunos factores que explican porque nuestra sociedad occidental tiene una incidencia tan alta de cáncer, así como nos permite explicar por qué los tratamientos con quimio- o radioterapia no son efectivos en la mayoría de los casos (los tumores suelen aparecer de nuevo). Si el problema es debido a un conflicto genético entre los diferentes clones de células y el organismo, ahí es donde las investigaciones (sobre todo a nivel genético) se deben centrar. Quizás potenciando los mecanismos defensivos del organismo en individuos de riesgo, la lucha contra el cáncer conseguiría esperanzadores avances.

A día de hoy, parece indudable que la teoría evolutiva puede aportar mucho al avance medico, no solo comprendiendo mejor las enfermedades y reacciones de nuestro cuerpo, sino también en la prevención y tratamiento de las enfermedades y en las políticas de salud pública.

Opina sobre este artículo