CONTRA EL CAPITAL, REBELDÍA Y LIBERTAD
Breve vistazo al mundo del siglo XXI

Por César Chamorro Velasco

Cambian los tiempos, cambia la era, cambia el siglo y cambia el fascismo. La extinción de los movimientos ultraderechistas de la política europea parece ya un hecho, y los que perduran, apenas se asocian a jóvenes que siguen algún tipo de moda social, apenas una minoría de nostálgicos incomprendidos e incomprensibles. Con el “batacazo” del partido neofascista en Austria y el ascenso de las coaliciones roji-verdes en Europa central, parece que el término fascista tal y como lo conocíamos ha pasado, afortunadamente, a mejor vida.

Si bien el fascismo del siglo XX es ya solo pasado, encontramos hoy en el siglo XXI un nuevo país opresor de los pueblos libres, un país manipulador, un país que desoye Naciones Unidas, un país que campa a sus anchas por todo el mundo reservándose el derecho de guerra ante cualquier amenaza, un país que se enriquece a costa de los demás.... un país fascista.

Y es que, cambian los nombres, cambian las formas, pero lo que no cambia es el daño que se hace a la sociedad. Hoy, en pleno siglo XXI, estamos ante la amenaza de una nueva potencia soberanista. Un gigante de los negocios que no duda en asesinar, directa o indirectamente a los pueblos marginados o subdesarrollados para su propio desarrollo, o lo que él entiende por desarrollo.

Desde la elección De George Bush como presidente de los EE.UU, el antiguo líder de la democracia y de los aliados opta ahora por emprender una cruento camino por el poder absoluto del mundo. No menos alocado que los fascistas de antaño, no ha dudado de rodearse de personajes radicalmente patriotas para auparse al poder: primero fue Ronald Rumsfeld, de todos conocido por su carácter bélico y su coqueteo en la juventud con algunos círculos racistas,; después Colin Powell, persona que cobró especial protagonismo después de los atentados del 11 de Septiembre, y que actualmente representa en gran medida la unidad racial que intenta, sin éxito, aparentar Bush en su gobierno; y una larga lista de combatientes de Vietnam, ex generales del ejército, ultra conservadores, etc.

Y es a partir del 11 de Septiembre donde EE.UU empieza su brutal lucha por aplastar a sus rivales.
Primero atacando Afganistán en una guerra que sólo duró meses, debido a la decadente situación del ejercito talibán y de los pueblos afganos. Su objetivo era encontrar a Bin-Laden, pero detrás de ese objetivo se encontraban otros muchos más importantes que reportarían a EE.UU riquezas inimaginables: petróleo. El oro negro del que EE.UU carece, lo que le impide monopolizar una de las más importantes materias primas del mundo, sin duda su mayor deseo.

Mas tarde llegaría a la cumbre de su fanfarronería, incluyendo en su llamado “eje del mal” a los países que comunistas o árabes (sus mayores enemigos) se atreviesen a hacerle frente.
Y es que EE.UU es una máquina preparada para la guerra. Meses después de la guerra en Afganistán y no se sabe si por la energía que le influyó su triunfo en las elecciones del senado o por alguna copa de más, el presidente Bush se atrevió a publicar que atacaría a Irak porque tenía un programa nuclear peligroso para la integridad del mundo entero. ¿Del mundo entero?... él cree que si, sus aliados creen que tal vez, la mayoría cree que no.

Sin duda esta reacción causó especial interés en el resto del mundo, lo que obligó a Bush a consultar a la ONU sobre su ataque, le obligó, pero no era su deseo, aunque tampoco era su deseo, por el momento, el demostrar a la ONU qué tirano se esconde tras la Casa Blanca, así que se decidió por consultar a sus colegas europeos sobre su decisión.

La respuesta fue rotunda: NO. O al menos, no por el momento. Mientras que Alemania con su flamante coalición roji-verde recién consagrada mostró una clara negativa al presidente Bush, Francia se mostró dubitativa e Inglaterra (su fiel aliado) y España (su perrito faldero) dieron el visto bueno.

La excusa se le había acabado a Bush por el momento. Aun hoy no se sabe cual será su siguiente artimaña para desatar la guerra. Mientras los observadores de la ONU se desgañitan en decir que su búsqueda de cabezas nucleares en Irak es infructuosa, EEUU en un estado de escepticismo inaceptable, se empeña en afirmar lo contrario. Cada vez se hace notar más lo que le importa la ONU a EEUU.

Y aunque parece que la guerra en Irak será finalmente un hecho, EEUU, haciendo una vez más alarde de su habitual despotismo, hace un guiño a Corea del Norte declarando que “es capaz de mantener dos guerras a la vez”. Una declaración sin fundamento que por el bienestar de los estadounidenses y de los países aliados a EEUU, espero que nunca se lleve a cabo.

Y mientras EE.UU. se prepara para un hipotético ataque a Irak, también se prepara para lo contrario. Recientemente se ha retomado el fanático proyecto del escudo antimisiles. Sacando a relucir su fanatismo bélico, y/o su afición al alcohol, el presidente, con el apoyo de los norteamericanos han aprobado continuar con las pruebas de su juguete de guerra... tal vez financiado con el dinero que ha sacado del petróleo conseguido en Afganistán, o tal vez del dinero que se ahorra en esconder las penosas e injustas condiciones que se viven en Palestina, esta vez a cargo de su amigo ultraderechista israelí, aunque no es descabellado tampoco pensar que lo hace con el dinero que se ahorra en el sueldo de los bomberos de su país, con el proyecto de tala masiva de árboles para evitar incendios.
Parece que este proyecto de autodefensa, tampoco pasa inadvertido para muchos.

China y Rusia, las antiguas repúblicas enemigas, se muestran reacias a ese proyecto.
Pero la influencia que tienen Rusia y China sobre EE.UU. es prácticamente nula. Rusia, el antiguo enemigo, la alternativa comunista, ahora es amiga, y China más preocupada en intentar capitalizar su comunismo, que en hacer oposición, pasa inadvertida. Se podría decir que EE.UU. no tiene una oposición clara. Sólo los pocos árabes poderosos actúan de una forma violenta, que no beneficia a nadie, contra el imperio capitalista, y es que la alternativa se ha perdido.

Si a algo hay que atribuir el dominio actual del brutal capitalismo, del que somos partícipes en nuestros días, es al trabajo realizado por muchos por y para EE.UU. después de la II Guerra Mundial, sin duda una muestra de cómo se debe conducir un país después de una guerra, para llevarle a ser la máxima potencia del mundo. Y es que después de la guerra, EE.UU. se centró en la suya contra los soviéticos. Desaparecido el horror nazi, solo quedaban dos alternativas en el mundo. Dos modelos económicos, sociales e ideales completamente distintos. Mientras a la U.R.S.S. le perjudicó muchísimo la política retrógrada y cerrada de Stalin y su carácter totalitario, a EE.UU. le funcionó muy bien sus teóricos principios demócratas, su libertad y su igualdad, términos que con el tiempo han quedado muy olvidados y trastornados para los ojos de los dirigentes estadounidenses. Tal vez si la U.R.S.S. no hubiese caído en manos de dirigentes tan paupérrimos como Stalin y sus sucesores, la guerra fría se hubiese inclinado del otro lado, y hoy estaríamos hablando de un mundo mas justo e igualitario, y no de pobreza y terceros mundos, que por cierto cada vez son más.


Pero no todo son victorias para EE.UU. Si bien el panorama europeo, asiático y africano parecen dominados con mas o menos resistencia, en “su” propio continente parece que se gesta una oposición que podría resultar interesante en un futuro.
A parte de los ya conocidos regímenes totalitarios opositores a EE.UU. de Cuba y Venezuela, recientemente están llegando al poder partidos políticos de ideales revolucionarios y anti-capitalistas. Principalmente impulsados por la clase baja y por las pésimas condiciones de vida, y con una mezcla de reformismo proletario con formato burgués.

Es el caso de Lula, en Brasil. Un antiguo militante marxista, proletario revolucionario que recientemente a tomado posesión de su cargo de presidente de Brasil con el Partido de los Trabajadores, consiguiendo recaudar los votos tanto de banqueros como de mineros. Una clara muestra de su variopinto programa es la diversidad de clases que existen en su propio gabinete: banqueros, ex golpistas, campesinos, burgueses...

Otro caso es el del presidente de Ecuador, un antiguo militar revolucionario que también se ha aupado al poder de esta manera.

Y es que tanto avance de la izquierda en Latinoamérica hace presagiar un aumento del sentimiento anti-imperialista, que gente como el ilustre Ernesto Che Guevara, Zapata o Fidel Castro se encargaron de engendran hace ya algunos años y que hoy en día parecía perdido.

Pero este crecimiento de la izquierda revolucionaria parece que se apoya sobre unos cimientos un tanto inseguros. Los regímenes totalitarios de Cuba y Venezuela, los pioneros, no favorecen en absoluto a la opinión publica, y lo peor de todo es que no representan la nueva idea de estado del siglo XXI que hay que impulsar. Mas bien se respaldan sobre antiguos regímenes que no se someten a ningún marco democrático ni a ningún tipo de constitución democrática. Estas formas, no favorecen en absoluto a ganar la simpatía que necesita un movimiento social para que triunfe.

Pero esta “revolución” democrática que se empieza a gestar aun necesita mucho el apoyo de pueblos de su propio continente. El papel que Argentina puede jugar en este cometido puede ser fundamental. Después de la bancarrota en la que se ve sumida el país, no sería de extrañar que las clases bajas de la sociedad argentina optaran por votar a un candidato de izquierdas, incluyéndose así, uno de los países más ricos de América en esa resurrección de la izquierda.

Otro paso importante, lo ha realizado la república de Chile. Un país con una influencia militarista en la sociedad importante, ha condenado recientemente la dictadura de Pinochet, algo que hasta el momento se negaban a hacer, algo es algo.


Dejando a parte los sucesos que se están llevando a cabo en ciertos países, lo que parece más importante y fundamental es un nuevo movimiento que nace y crece día a día a pasos agigantados: el movimiento anti-globalización.
La brutal represión llevada a cabo por el neo-liberalismo de EE.UU. y de los demás países que lo practican, sobre los países mas necesitados, ha despertado en gran cantidad de colectivos una sentimiento de rebelión y revolución, de cambiar las cosas. Este movimiento recoge una cantidad de personas tan variada como estrambótica: comunistas, pacifistas, anarquistas, ecologistas, religiosos... Esta diversidad hace a este colectivo tener un poder de aceptación y captación de impensables dimensiones, y es que hay mucha gente que ya no traga ni a EE.UU. ni a los que le apoyan.

Pero no es oro todo lo que reluce, y en muchas ocasiones las manifestaciones de este colectivo van acompañados de violencia y altercados, debido a la incomprensible actuación de algunos radicales y a la, a menudo, represión policial. Y aunque según los radicales sin ellos no existiría el movimiento, la opinión publica no opina lo mismo, y a menudo se culpa al bloque pacifista (la mayoría) de los actos que cometen los violentos.

Cambios sociales y políticos son los necesarios para acelerar la caída de EE.UU. y del capitalismo, y el ascenso al poder de un mundo mas justo. Estos cambios se están agudizando y más temprano que tarde llegará el día en que el opresor caiga, históricamente así ha sucedido a lo largo de los siglos y nuestros días no van a ser una excepción. Los inadaptados a este mundo son los que deben dirigir la rebelión contra el capitalismo hasta sus últimos días, buscando apoyos en todos los rincones de la sociedad, y aunque a veces el camino se turbe negro, siempre quedará esperanza suficiente para gritar revolución y libertad.

Opina sobre este artículo