GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
III. La experiencia democrática: 1944-1954

Por Pausanias el Ácrata (enero 2006)

  Índice Guatemala --- Siguiente capítulo

“Las tácticas torpes de una minoría de agitadores en el gobierno de Guatemala, minoría de pillos comunistas latinoamericanos, están tratando de damnificar a una estimable compañía de este país, como resultado de la conspiración internacional del Soviet”.
    Joe McCormack, congresista por el Estado de Massachussets, al Congreso de los Estados Unidos el 21 de febrero de 1949.

El régimen autoritario de Jorge Ubico que venía perpetuándose desde 1930 por espacio de 14 años se ve desbancado por lo que en Guatemala se ha conocido históricamente como “Revolución de 1944”. La dictadura ubiquista había representado los intereses de una burguesía agropecuaria que ahora presenciaba sin atisbo de reacción el cambio de los tiempos hacia un capitalismo de mercado para el que el país no se encontraba preparado. Ubico imposibilitó el desarrollo de la democracia liberal que una burguesía comercial e industrial anhelaban. Incluso los Estados Unidos comienzan a desconfiar de su voluble personalidad llena de excentricidades y caprichos. Durante los años de guerra, el secretario asistente de Estado, Nelson Rockefeller, había ideado una estrategia para inducir a los países latinoamericanos a aceptar préstamos del gobierno norteamericano y de bancos privados y así aumentar su dependencia financiera con Estados Unidos. Ubico, cerrado conservador fiscal, rechazó esos préstamos además de expresar simpatías por los nazis (por ello recibió un buen tirón de orejas en privado, eso sí, de los estadounidenses). Una comisión del FBI acudió al país, supuestamente con el consentimiento de Ubico, para inspeccionar que las órdenes norteamericanas se cumplían y las propiedades alemanas en Guatemala eran confiscadas y sus propietarios recluidos en campos de concentración. Esta escasa muestra de confianza en el dictador guatemalteco fue seguida de la creación de una base aérea por los militares estadounidenses en las proximidades de Guatemala Ciudad para vigilar el canal de Panamá... y quizá de paso también a Ubico.

El descontento de todos los sectores pronto se dejó notar. Manifestaciones en su contra recorrieron las calles. El 20 de Octubre de 1944 un alzamiento armado de los oficiales de la pequeña burguesía sirve como punto y final para el decadente sistema que Ubico había petrificado en Guatemala. Se abría la “década revolucionaria”.

Durante estos diez años se van a dar una serie de leyes que pretendían modificar y desarrollar el Estado capitalista guatemalteco anquilosado por tantas décadas de dictaduras feudales. Se practicó una profunda reforma agraria (5) , se legalizan los partidos y sindicatos, se emite el primer Código del Trabajo que establece salario mínimo, pago del séptimo día, pago de vacaciones, indemnización por despido injustificado, reconocimiento del derecho a huelga... Se organizó la primera colonia en el Petén destinada a experimentar con nuevos cultivos, se concede autonomía a la universidad San Carlos, se realizan investigaciones fiscales a las transnacionales que, como ya hemos visto, venían eludiendo el fisco y estafando al Estado guatemalteco desde tiempo atrás... Además se incentiva la organización de los trabajadores (Confederación General de Trabajadores (CGT) y Confederación Nacional Campesina (CNC)) como poderosa arma de clase en contra de la burguesía. La organización libre de partidos políticos, incluyendo el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), el partido comunista, fue otro hecho de peso en el pánico que embargó a la burguesía local y extranjera.

En el plano internacional, el gobierno de la “revolución” para dejar patente su actitud rompe relaciones diplomáticas con la España de Franco, con Bolivia, Nicaragua, Perú y Venezuela, países todos ellos regidos por dictaduras militares (G. Selser, 1961). Los dos gobiernos durante este lapso de tiempo mantuvieron una conducta adversa a la penetración de capital extranjero, actitud resumida en una frase de Arévalo en uno de sus discursos: “En Guatemala, no hemos recibido empréstitos porque sabemos muy bien que cuando se reciben dólares con la mano derecha, con la izquierda se entrega la soberanía” (G. Selser, 1961). Su posición contra el colonialismo y a favor de la no intervención era recalcada en cada reunión de ámbito internacional, invocando el principio universal de los derechos humanos relativos a la autodeterminación de los pueblos.

Todas las medidas tomadas en este espacio de diez años van acrecentando el descontento de las empresas nacionales y extranjeras que percibían la reforma como hostil a sus normales actividades. Los Estados Unidos, azuzados por las empresas con intereses en la zona, la más relevante en ese momento la latifundista UFCO, comienzan a atacar este sistema, tildándolo de comunista y orquestando una campaña de descrédito en el plano internacional. La UFCO encabezó una campaña difamatoria con todo rigor, temerosa más que por las expropiaciones por una posible extensión de la política nacionalista a otros de sus feudos. El imperio del banano temblaba. Intentó por la vía legar derogar la ley de la reforma agraria que le privaba de gran parte de sus terrenos baldíos. Con un tribunal comprado, ganaron el litigio hasta que el gobierno descubrió magistrados con intereses personales en suspender la ley e indicios de soborno por parte de la bananera. La ley volvía a tener vigor. Ante este fracaso por la vía de la “legalidad”, Spruille Brande, jefe de Relaciones Públicas de la Frutera, comienza a urgir al Departamento de Estado de los Estados Unidos para que abra una guerra contra Guatemala. La acusación que validaba la intervención era, en palabras del relaciones públicas de la compañía norteamericana, el peligro que representaba un país comunista, criticando duramente el principio de no intervención de Roosevelt. La petición de Brande cobra dimensiones de realidad cuando “el 14 de Octubre de 1953, se produjo la primera manifestación oficial pública contra Guatemala de parte del Departamento de Estado; John Moros Cabot, en su discurso ante la Federación de Clubs de Mujeres en el Auditorio del Departamento de Estado en Washington, se refirió extensamente a Guatemala: ‘a los ataques gratuitos contra Estados Unidos y sus nacionales de fuentes oficiales guatemaltecas’, postulando por último, ‘que ningún régimen que abiertamente juegue al juego del comunista puede esperar de nosotros la cooperación positiva que normalmente tratamos de extender a todas nuestras hermanas repúblicas’.” (G. Toriello Garrido, 1956)

Pese a que Guatemala rechazó categóricamente todas las acusaciones y denunció la amenaza de Brande, incluso frente a la Naciones Unidas, organización a la que pide que tome medidas para garantizar la libre autodeterminación de los pueblos, la sentencia estaba firmada. El presidente de la UFCO, incombustible, afirmaba: “De aquí en adelante, ya no se tratará del pueblo de Guatemala contra la UFCO, la cuestión se convertirá en el caso del comunismo contra el derecho de propiedad, la seguridad y la vida del hemisferio occidental.” (G. Selser, 1961).

Se empieza así a preparar la “Operación Guatemala”. A la contaminación informativa y la difamación del gobierno de Arbenz comienza a unirse un plan militar que derribaría el régimen guatemalteco. Esta operación incluía una novedosa forma de intervención con respecto a las anteriores practicadas por el omnipresente país de Norteamérica. En el pasado, ante cualquier eventualidad o falta de “colaboración” por parte de algún país colonizado, EE.UU. enviaba sus tropas, esos marines aguerridos y patrióticos que solventaban cualquier contratiempo en menos que se dispara a un civil. Sin embargo, para esta intervención se decide que no se involucre la fuerza militar estadounidense y se dispone que sean las propias guarniciones chapinas las que derroquen la presidencia de Jacobo Arbenz. La CIA y el Departamento de Estado, en comunión con la Embajada en Guatemala, resuelven que sea el Coronel Castillo Armas quien lidere el golpe y dirija las tropas adiestradas y financiadas desde Estados Unidos. Honduras y Nicaragua ofrecerían apoyo a los golpistas.

Sin embargo sería injusto y falto de probidad achacar la caída del sistema democrático guatemalteco tan solo a este acto de brutal imperialismo. Si bien fue el golpe de gracia y el brazo ejecutor, otra suerte de factores internos se conjuraron para derrocar a Jacobo Arbenz. Por un lado, nos encontramos una burguesía atemorizada ante el avance de los derechos sociales. La burguesía local comienza a desarrollar su actividad de forma legal (impugnación sistemática de las resoluciones político-administrativas del régimen) así como mediante maniobras ilegales (sabotaje a las actividades del gobierno). Cuando comienzan a atisbar que no será suficiente no dudan en apoyar la intervención norteamericana  con la esperanza de frenar su paulatina pérdida de privilegios. Por otro lado, el clero ejerció notable influencia en la opinión y ánimo de ciertos sectores de la población. En esta estrategia debe enmarcarse la acción enérgica y tenaz que llevó a cabo el, por aquel entonces, arzobispo de Guatemala, Mariano Rossell y Arellano. Su incendiario discurso se puede resumir en estos párrafos extraídos de la carta pastoral que publica el 4 de Abril de 1954, meses antes de la intervención:

“...obedeciendo los mandatos de la iglesia que nos ordena ‘combatir y desbaratar los esfuerzos del comunismo’ debemos una vez más elevar nuestra voz de alerta a los católicos en este momento, cuando la peor de las doctrinas ateas de todos los tiempos, el comunismo anticristiano, prosigue sus avances descarados en nuestra patria y tarta de insinuarse ocultándose bajo la capa de reivindicaciones sociales para las clases menesterosas, a las que ha llamado para que le ayuden en su campaña devastadora, para mañana mandar a trabajos forzados y a la peor miseria, a los mismos obreros y campesinos que ayudaran a escalar el poder...

El pueblo de Guatemala debe levantarse como un solo hombre contra el enemigo de Dios y de la Patria. Nuestra lucha por el destierro del comunismo debe ser por consiguiente una actitud católica nacional.” O “ la gracia de Dios que todo lo puede, ha despertado en Guatemala una cruzada sincera contra el comunismo, que encabezan los mismos obreros y campesinos, que al oír las prédicas anticristianas de los líderes, han descubierto al hipócrita, al criminal intruso en la vida social de Guatemala: el comunismo.” (J. García Bauer, 1954).

 Por si estas ardientes palabras, aunque desprovistas de sensatez y cordura, no hubieran sido suficiente para alertar a los sempiternos temerosos cristianos, las autoridades eclesiásticas permitieron que la imagen del Cristo Negro de Esquipulas fuera utilizado como instrumento político e ideológico, presentándolo como comandante general de las fuerzas invasoras, lo cual, ciertamente, impresionó a la población católica.

Esta confluencia de factores, externos, los más poderosos, e internos, en segunda instancia, acaba con la primera y única experiencia democrática de Guatemala en toda su historia. Los bombardeos se suceden por dos días, las emisiones radiadas escupen insultos contra el gobierno de Arbenz, las tropas enemigas inician un hostigamiento por tierra penetrando a través de las fronteras... La suerte del régimen democrático estaba echada. Los últimos llamamientos del presidente a su población permanecen vivos en la historia del siglo XX. Ni siquiera las bombas pudieron borrar aquel emotivo y enojado discurso en lo que fueron sus últimas horas:

...“Nuestro único delito consistió en decretar nuestras propias leyes y aplicarlas a todos sin excepción. Nuestro delito es haber iniciado una reforma agraria que afectó a los intereses de la United Fruit Company. Nuestro delito es desear tener nuestra propia ruta hacia el Atlántico, nuestra propia energía eléctrica y nuestros propios muelles y puertos. Nuestro delito es nuestro patriótico deseo de avanzar, progresar y obtener una independencia política. Hemos sido condenados porque hemos dado a la población campesina tierra y derechos.”... (citado de S. Schlesinger y S. Kinzer, 1984).

Índice Guatemala --- Siguiente capítulo
Opina sobre este artículo

(5) La United Fruit Company fue expropiada, aunque indemnizada, de la mayoría de las tierras que tenía en Guatemala. Con la excusa de necesitar reserva de tierras en previsión de plagas del banano, la compañía utilizaba menos del 10% de las tierras que poseía. Volver