YAXCHILÁN
EL CIELO NACIDO
Estrategias del poder en el mundo Maya

Parte III. Estructuras políticas

Por Pausanias el Ácrata

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Para comprender el funcionamiento del complejo marco que conforman las sociedades del territorio maya debemos aproximarnos a las complicadas formas políticas que regían las relaciones de poder. Con total seguridad y certeza, hoy día se considera como forma política predominante en las tierras bajas de los mayas el Estado. En los primeros momentos de la investigación, los mayistas se mostraban reticentes a aceptar el desarrollo de Estados en un medio tan poco propicio como es la selva tropical. Se hablaba de jefaturas e incluso de jefaturas avanzadas pero no se atrevían a reconocer el cruce del umbral hacia la estatalización para esas urbes en mitad de la insalubridad selvática. De hecho, ni siquiera se admitió que aquellas construcciones agrupadas en grandes conjuntos pudieran ser ciudades. El trazado tan diferente al comprendido por nuestros patrones urbanísticos, la aparente nulidad de planificación (siempre, insisto, en comparación con los conceptos occidentales) y el aspecto caótico y desordenado que mostraban los edificios hacía imposible para los investigadores con formación occidental otorgar el grado, siempre positivo a nuestros ojos, de ciudades a aquellas colosales construcciones. Se habló de centros ceremoniales inhabitados la mayoría del tiempo y solo utilizados en ocasión de ceremonias, rituales y eventos religiosos. Nada más lejos de la realidad. Estos abigarrados conjuntos arquitectónicos se consideran desde hace ya tiempo ciudades con todo lo que ello implica. Para poder comprender más o menos su funcionamiento se han asemejado a las polis griegas: ciudades-estado donde moraba permanentemente una elite dirigente, una amplia familia dividida en linajes, con sus servidores y una pléyade de funcionarios. Hacia allí afluían tributos, un comercio incesante y bienes de consumo básicos para el mantenimiento de una corte creciente. Desde poblados campesinos circundantes llegaban alimentos para nutrir el inmenso cuerpo de nobles, funcionarios y artistas que empeñados servían a la aristocracia gobernante. Una sociedad compleja organizada en torno a esas urbes con todo el derecho de serlo.

Eric Thompson aseguró que las inscripciones mayas labradas laboriosamente en estelas, altares, escalinatas, marcadores de juegos de pelota... no aludían a asuntos terrenos. Quizá imbuido aún de las antiguas teorías de la sociedad idílica en que vivían los mayas, desconocedores de guerras, desigualdades, conquistas y enfrentamientos por el poder, afirmaba que solo eran referencias astronómicas y religiosas. Con el desciframiento paulatino de los signos jeroglíficos esta teoría se diluyó y el propio Thompson hubo de reconocer su error. Yurii Knorozov (1955) fue el primero en apuntar el componente fonético que se hallaba en la escritura maya. Siguiendo las propuestas de este eminente lingüista ruso, sus seguidores, entre los que destacan Floyd Lounsbury o David Kelley, han contribuido a demostrar la veracidad de tal aseveración. Al tiempo, Henrich Berlin (1958, 1960) descubría el glifo-emblema y Tatiana Proskouriakoff (1958, 1960) desvelaba en Piedras Negras, gran centro del curso alto del Usumacinta, gran parte de sus inscripciones y confeccionó la primera lista regia de Yaxchilán. A partir de aquí, otros grandes centros se rindieron al avance de la epigrafía. En Palenque, Linda Schele y Peter Mathews (1974) recompusieron la genealogía gobernante. Copán, Tikal, Quiriguá, Calakmul, Dos Pilas... fueron abriendo sus crípticos secretos a los estudiosos. La guerra, el sacrificio y la política se mostraron recurrentes en estas inscripciones mostrando que las gentes del Mayab estaban más preocupadas por estos aspectos terrenales de lo que antes se sospechaba. Las puertas al conocimiento de sus estructuras políticas se abrían de par en par. La arqueología contaba ahora con un apoyo sumamente importante y clarificador: la escritura.

De esta manera se empezó a comprender el funcionamiento de los reinos de las selvas. Con un promedio de 50 km entre cada centro, unos 25 km. de radio de extensión territorial calculados para cada cual (A. Lacadena, 1996), el panorama se dibuja muy diferente alestipulado. El Petén debió ser casi un “jardín” lleno de ciudades principales que, a modo de satélites, aglutinaban centros menores y dependientes a su alrededor. Quizá esta eclosión de reinos o ahawlob se produjo en el Preclásico Medio teniendo máxima expansión en el Preclásico Final. El crecimiento demográfico documentado para esos momentos empujaría a la creación de nuevos centros escindiéndose de los existentes para aquel periodo. Puede ser el origen de la estructura segmentaria que, como modelo, se aplica hoy para la mejor comprensión de los Estados mayas.

Estudios de sociedades africanas llevaron a la creación del término de Estado Segmentario. En principio el concepto se limitó a linajes segmentarios yrelaciones de parentesco para luego ser trasladado al ámbito político. Frente a los Estados fuertes y centralizados característicos de la Edad Moderna europea, esta tipología segmentaria alude a los Estados que carecen de esa centralización y estabilidad política. Se escinde en pequeños grupos con un “monarca” o funcionario subordinado al poder de la cabecera, dirigiendo la ciudad en nombre del señor principal que reside en la “capital”. El gobernante de la ciudad satélite entra en la compleja red de redistribución que el gran señor mantiene en base de un comercio suntuario y bienes de prestigio para con sus subordinados. A cambio, estos reinos satélites guardan fidelidad, tributan alimentos, bienes fungibles y mano de obra y guerrera a la gran urbe que ejerce de capital, a su vez, cabecera de linaje. No existe una coerción por parte del k’ul ahaw. El poder reposa en relaciones personales y clientelares, alianzas matrimoniales y en el ritual que dirige éste en base al carisma que debe demostrar poseer.

Joseph Ball (1977) insinuó que la homogeneidad cerámica en el Formativo Medio, de tipo Mamom, y su tremenda expansión por todo el área maya se podría deber a un importante crecimiento demográfico acompañado de una fisión de las sociedades mayas. Incapaces de asumir la creciente población, los centros de este periodo verían la escisión de su población en grupos que saldrían para formar nuevos asentamientos. Este patrón no solo explicaría la enorme distribución y homogeneidad cerámica sino que también se amolda a los modelos de sociedades segmentarios que conocemos. Quizá se segmentaran sin romper lazos familiares con el asentamiento originario, ya por entonces con creciente desigualdad social, y crearan poblaciones dependientes, adeptas al líder del linaje. Por supuesto, esto es una hipótesis no demostrada por la investigación, pero podría ser adoptada como posible explicación a las futuras relaciones de poder mayas. Otras dependencias, sin embargo, serían tomadas por la fuerza empleando la guerra como vehículo diplomático y pasarían a formar parte del nonato ahawlel.

Yaxchilán era una capital en torno a la cual se agrupaban una serie de centros subsidiarios como La Pasadita, El Chicazapote, Laxtunich, Bonampak o Lacanhá, además de numerosos asentamientos campesinos dependientes de estos centros y la capital. Estos lugares eran objetos de disputa y guerra con pujantes ciudades circundantes, como Piedras Negras, Toniná o Sak T’i (aún sin localizar), que a menudo llevaban a cabo incursiones y ataques contra las posesiones de sus vecinos. La inestabilidad fronteriza y el cambiante juego de alianzas originaba frecuentes refriegas y batallas por el control de estos puestos límite entre el territorio controlado por un gran centro y otro.

III. I. EL AHAW

Yaxchilán como el resto de las ciudades-estado mayas contaba con un ahaw en la cúspide de su sociedad. Éste, ataviado con impresionantes ropajes y tocados, aparece en las diversas estelas, relieves, innumerables dinteles y murales realizando rituales en su papel de principal sacerdote, listo para la guerra como director de los ejércitos, en escenas de corte, recibiendo embajadas o sometiendo a temerosos prisioneros. El ahaw, traducido como señor o rey, aglutina todos los poderes en su persona. Es la máxima autoridad en todos los sectores que forman el aparato del Estado: militar, judicial y religioso. Es él quien mantiene el orden del universo y permite la sucesión del día y la noche, del tiempo. Es el árbol del Centro del Mundo hecho carne. Como tal, intermediario entre hombres y dioses (sus propios antepasados lo son desde el momento de su defunción), conduce todas las ceremonias, bailes y actividades rituales. Como guerrero y defensor de su pueblo comanda los ejércitos a la guerra a sofocar rebeliones, conquistar territorios y defender las fronteras. A su palacio confluyen todos los bienes de prestigio. También las embajadas recalan en sus cámaras de audiencia. Emisarios, comerciantes, tributarios, prisioneros aparecen en la iconografía ante el ahaw de Yaxchilán rindiéndole respeto. En el arte, nunca se representan por encima de él en tamaño. Sus elaborados penachos siempre permanecerán por encima de todas las demás figuras que completen la composición. Sentado en su trono o palanquín será la figura dominante de la representación. Toda su familia ostenta el rango de ahaw como distinción del resto.


IMÁGENES DEL IMPRESIONANTE TEMPLO 33. FOTOS: GEMA LÓPEZ

Como principal dirigente de su pueblo debe demostrar el carisma que le capacite para ello. Esta cualidad inherente a su sangre “contaminada” de esencia divina debe ser probada. Con tal objetivo, los rituales y la guerra eran piezas claves. Antes de ascender al palanquín real y ostentartodos los privilegios del cargo, los herederos del reino clásico de Yaxhilán debieron acudir a la batalla. Se organizaban guerras y escaramuzas contra centros dependientes díscolos a la autoridad o pequeños centros periféricos que se deseaba adscribir al ahawlel. Las victorias en estas campañas acreditaban al heredero como poseedor de la virtud necesaria para dirigir a su pueblo y conseguía la sanción de los otros linajes nobles con intereses en el aparato de gobierno.

El cargo de ahaw preside una compleja red de relaciones de poder y dirige un complicado aparato de gobierno de inestabilidad pocas veces comprendida. Es la cúspide de esa pirámide que forma el clan cónico y, como tal, preboste despótico y unitario de todo un entramado de poder que, desarrollándose posiblemente desde el Periodo Formativo, se mantuvo hasta languidecer en los estertores del Clásico.

III. II. SAHALOB EN YAXCHILÁN

La ciudad de Yaxchilán es notable por encontrarse inscrita en la región del Usumacinta que, con Chiapas, son las únicas donde se documenta este cargo. Esta figura, discretamente dibujada en la epigrafía, debió tener gran importancia en el engranaje político maya. Aparentemente, son nobles secundarios, a veces familiares del ahaw, que dirigen las ciudades dependientes en nombre de este. Son copias en miniaturas, réplicas, del K’ul Ahaw de la cabecera política. En su nombre mantienen atribuciones territoriales, mandan ejércitos, ostentan ciertos epítetos y llegan a dedicar construcciones y monumentos. En Yaxchilán, sin ser caso excepcional,algunos alcanzaron grado sobresaliente, como Chak Kimi en tiempos de Pájaro Jaguar IV, llegando a ondear el rango de Uchan Ahaw. Kan Tok Wayib, el baah sahal de Pájaro Jaguar IV, aparece en tres dinteles acompañando al ahaw. Algunos, como el sahal de La Pasadita es representado realizando el ritual del chok ch’ah (derramamiento de sangre). Durante el reinado de este gobernante, Yaxun Balam IV, la iconografía muestra en mayor medida a la nobleza local. Se ha interpretado como recompensa de este ahaw para una nobleza con que se alió en su lucha por el poder (L. Schele, 1991) en forma de participación política y mayor cercanía al rey.

Dirigen pequeños centros subordinados a una cabecera con suficiente prestigio como para aglutinarlos, pero en cualquier momento pudieron invertir su alianza con ella para buscar enlaces más provechosos con otras entidades pujantes. Esto lleva al k’ul ahaw a estar probándose continuamente como hombre carismático capacitado para el liderazgo y mantenedor del bienestar de sus subordinados y, a su vez, conlleva una inestabilidad perpetua para el ahawlel. En la medida que su carisma crece y puede ofrecer beneficios a los sahalob adscritos a sus redes redistributivas estos le serán fieles. Del sitio de Laxtunich, dependiente de Yaxchilán, nos ha llegado una muestra de esta subordinación sahal-ahaw. El sahal Aj Chak Maax ofrece a su señor superior, Itzamnaaj Balam III, tres prisioneros de guerra (Imagen inferior). Esta escena demuestra dos hechos: por un lado, la capacidad militar de los sahalob. Por otro, la subordinación de la figura del sahal con respecto al señor de la cabecera política en nombre del cual realiza las capturas.

Es interesante considerar por qué en esta región aparece este cargo y no en la zona oriental del mundo maya. Obviamente, el que no quede constancia documental en el oriente del Mayab no implica necesariamente la no existencia del sahalato en dicha zona. Quizá no fue lo suficientemente pujante como para elevar estelas y monumentos donde perdurara. Esto indicaría un poder más efectivo, centralizado y concentrado en la figura del ahaw en el área donde no se documentan sahalob. Si esto fuera cierto significaría que en Yaxchilán, así como en toda la zona donde se encuentra inscrita, el poder estuvo más segmentado y los ahawob no obtuvieron la suficiente centralización como para eclipsar a los nobles subordinados. Esta hipótesis, de ser demostrada, conllevaría la debilidad implícita de las entidades del Usumacinta y Chiapas que no pudieron evitar la reduplicación del poder y el alzamiento de unos sahalob lo suficientemente poderosos como para conmemorar su cargo y persona en la piedra.

En la vasija funeraria G1 recuperada en una tumba de Tikal aparecen varios personajes con túnicas y collares de spondylus (crustáceo marino sudamericano muy apreciado ritualmente) que parecen ser identificados como sahalob de la zona del Usumacinta. Sus tocados inhiestos también podían indicar que eran It’ az o “sabios”. Estos emisarios del Usumacinta o Chiapas se están reuniendo con el gobernante de Mutul (nombre maya clásico del reino de Tikal) en un acto que debió ser cotidiano en el complejo mundo político maya: embajadas y audiencias que fomentaban alianzas o comercio, uniones o simplemente para tratar importantes asuntos.

Parece pues bien documentada esta figura para Yaxchilán, ciudad donde debió ostentar un alto rango que puede apuntar, quizá, una debilidad del poder central.

Junto a estos cargos aparentemente bien conocidos, coexiste una constelaciónde epítetos aún carne de debate. Siendo el arte maya, como muchos de sus contemporáneos y predecesores, propaganda del poder cualquier alusión a los gobernados o subordinados es escasa o nula en el supuesto del pueblo llano. De ese ingente cuerpo de supuestos cargos cabe destacar dos, ya sea por su segura relevancia así como por sus preeminentes implicaciones para la continuidad del sistema político maya:

III. III. AH K’U HUN

Este sonoro epíteto se interpretó como el cargo para los escribas. Parece significar “el de los libros sagrados” o “el portador de los libros” traducción que llevó a encuadrarle para tal función. Sin embargo, comparando este título con la palabra yucateca para sacerdote, Ah Kin, y comprobada su proximidad fonética se ha replanteado su función (Lacadena, 1997). Debió existir un alto número de sacerdotes. Dada la gran cantidad de rituales y ceremonias realizadas en todo el ahawlel, el ahaw no podría dirigirlas todas en persona. Es pues más que probable que delegara su rol de máxima autoridad religiosa en parientes y familiares que ostentarían el rango de Ah K’u Hun o Ah Kin y vendrían a ser sacerdotes que conocedores de todo el ritual dirigieran las ceremonias. Estos ritos, justificadores del orden social y cósmico (ver apartado VI. IV), debían ser realizados con gran frecuencia para favorecer la fertilidad del suelo, las lluvias, obtener la complacencia de los dioses para con los humanos, para propiciar caza abundante, victorias guerreras, conmemorar jubileos, festividades astrológicas, ciclos calendáricos... que estos Ah Kin sabrían interpretar a la perfección. Poco se conoce de estos personajes en Yaxchilán. Solo referencias veladas en ciertos nombres que van precedidos del glifo para este cargo.

III. IV. ESCRIBAS

El arte de escribir fue altamente valorado por la sociedad maya. Es pues de suponer, amparados por unas representaciones iconográficas acompañadas de glifos de alta calidad, que existieran personajes especializados en ello. Seguramente ostentaran un rango elevado en el entramado social.Conforme avanzó el clásico y la escritura fue tomando mayor relevancia en la legitimación y afianzamiento de la figura regia, el escriba elevó su posición; posiblemente, familiares del propio ahaw ocupaban este cargo que proliferó en gran medida conforme el Clásico languidecía. Es difícil no suponer que además del registro en piedra llevaran a cabo notaciones más mundanas en materiales perecederos: cálculos, impuestos, documentos,

En Yaxchilán no está muy estudiada esta figura, pero teniendo en cuenta la riqueza artística del centro acompañada de grafías propagandísticas, es obvia la suposición de la existencia de estos profesionales del arte de escribir. Así parece demostrarlo el dintel 18, el cual datando del Clásico Temprano muestra ya el cargo Ah Tz’ib, escriba (F. Fahsen Ortega,1992).

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