Este carácter rebelde le hizo
escribir sin morderse la lengua, lo que le costó más de
un exilio y la cárcel. Sin duda la mejor forma de entender su pensamiento
es a través de sus obras, polémicas como ninguna en su época
y que abrieron la mente hacia unos planteamientos nunca antes imaginados.
“DISCURSO SOBRE LAS
CIENCIAS Y LAS ARTES”
En 1750 Rousseau se presenta en la
Academia de Dijón, la cual había creado un concurso de ensayos
(muy típicos de esa época) con el tema de: ”¿Han
sido las ciencias y las artes beneficiosas para la moral de la humanidad?”.
Rousseau ganó el concurso con un ensayo pesimista y que sin duda
marcó sus posteriores obras e ideas. Criticó duramente las
ciencias y artes por haber sido las culpables del abandono por parte del
hombre de su “estado natural”. Esta crítica la planteó
desde una hipótesis que chocaba frontalmente con el pensamiento
imperante de la época, representado por Hobbes
y su famosa frase del “hombre es lobo para el hombre”, y con
la cual se justificaba que existiera un gran monstruo controlador, “El
Leviatán” (un estado todopoderoso), para poder convivir unos
con otros. Este planteamiento fue utilizado para que pareciera necesario
el sistema político imperante: el poder absoluto del monarca. Rousseau,
a diferencia de Hobbes, no pensaba que el hombre fuera malo por naturaleza,
sino todo lo contrario. El hombre es bueno e inocente por naturaleza,
lo que le corrompe es la sociedad. El “buen salvaje”, concepto
que utilizaba mucho, vivía feliz hasta que aparece el egoísmo,
hasta que un buen día aparece el ansia de riqueza, es decir, la
propiedad y con ella la sociedad y la injusticia.
“DISCURSO SOBRE EL
ORIGEN DE LA DESIGUALDAD DE LOS HOMBRES”
En 1754 vuelve a escribir otro ensayo
polémico, una durísima crítica a las instituciones
y sociedad del momento como corruptoras del hombre libre y natural. El
racionalista Voltaire llegó a decir que le parecía
un texto “contra el género humano” y que le
“entraban ganas de andar a cuatro patas” cuando lo
leyó.
En este discurso Rousseau analiza el origen de la transición del
“estado natural”, “al estado social”, un proceso
que considera de degeneración.
Como ya criticó en su anterior discurso, el origen del estado social
es la propiedad. Para proteger la propiedad se crean las leyes, y para
que éstas se cumplan aparece la autoridad, es así como el
hombre pierde su libertad y su bondad natural. La aparición de
la propiedad, y su acumulación, hace que aparezcan dos “tipos”
de personas: las ricas, con propiedades, y los pobres sin propiedades.
Al hacerse las leyes para proteger a los ricos = propietarios, los pobres
= no propietarios se convierten en auténticos esclavos de los primeros,
con leyes injustas y “no naturales”, pues en el estado natural
todos los hombres eran libres e iguales. El propio Rousseau es consciente
de que no puede haber vuelta atrás en el tiempo pero si que cree
que se pueden cambiar las cosas con una sana reconciliación con
la naturaleza y una educación que estimulara el individualismo
y la independencia personal.
Habría que recordar que este
análisis es un planteamiento filosófico y no un estudio
antropológico o histórico, Rousseau no construye más
que una hipótesis, una especie de “sueño” para
intentar explicar la realidad.
En 1762 escribe sus dos mejores obras, el “Contrato social”
y “Emilio”. En ellas establece ya unos planteamientos más
maduros de su visión de la civilización, pero no sólo
eso, aporta las posibles formas para poder cambiar al mundo y sus individuos.
Cree que hay dos soluciones para poder llegar a una nueva sociedad, a
través de la educación y de la transformación del
orden social, una transformación desde el interior de la sociedad
misma y sin violencia.
EL CONTRATO SOCIAL
Rousseau nos plantea
una sociedad en el que volvamos a un estado parecido al que teníamos
en nuestro estado natural. Su pensamiento se resume en su célebre
frase “el hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra
encadenado”. Para evitar esto cree que la mejor forma es crear
un pacto social en el que cada uno se une a todos, el contrato se formaliza
con la comunidad, un pacto entre la comunidad y el individuo. Cada asociado
se une a todos, y no se une a nadie en particular, de esta forma no obedece
más que a sí mismo y permanece tan libre como antes. Este
pensamiento se oponía claramente al contrato entre individuos de
Hobbes, el liberalismo de Montesquie, o el contrato bilateral
de Locke.
Dentro de esta comunidad se creará una “voluntad general”,
distinta a la suma de las voluntades individuales y que es el fundamento
de cualquier poder político. De este poder emana la “Soberanía
popular”, la cual es indivisible (otra vez en contraposición
a los liberales políticos y sus teorías de división
de poderes). Pero ¿cómo puede el hombre ser libre y a la
vez renunciar a parte de su libertad dentro de la comunidad?. La respuesta
se explica con el sometimiento al “interés común”,
a la “voluntad general” y a las leyes “morales”.
La moral, concepto muy analizado en este siglo, es entendido en Rousseau
como lo “justo”, y lo justo es lo que beneficia al interés
común. En ese momento ya no importa ceder parte de nuestra libertad
y derechos personales pues la comunidad nos dará parte de la suya.
Este intercambio entre todos es el “pueblo soberano”, conjunto
de ciudadanos que crean su sociedad o estado libremente.

Portada del ensayo “Contract
Social”
El simple hecho de dudar, en Francia,
de la soberanía total del monarca le costó un nuevo exilio,
terminando finalmente en Inglaterra con su amigo, el empirista, David
Hume.
“EMILIO”
Escrita al mismo tiempo que el Contrato
Social, en el Emilio trata un tema que casi nunca se había escrito
antes, la educación a los niños. Para Rousseau la educación
era imprescindible para lograr el “nuevo estado social del hombre”,
“un nuevo hombre para una nueva sociedad”, y así evitar
que los niños perdieran la inocencia y bondad natural con la que
nacen. Hasta entonces no existía la “Infancia”, es
decir, los niños eran tratados como pequeños adultos, no
había un trato especial para ellos, por no decir que eran los más
marginados. Cualquier niño o niña empezaba a trabajar cuando
era capaz físicamente, mientras que los niños acomodados
eran obligados a estudiar con el mismo método que los adultos.
En este ensayo vuelve a plantear sus ideales a través de la imaginación,
en donde Emilio es un niño, imaginario, al cual le va enseñando
un educador o él mismo. Su idea principal, como dijo literalmente
es que “el niño es un ser sustancialmente diferente al
adulto, y sujeto a sus propias leyes y evolución; el niño
no es ni un animal ni un hombre, es un niño”.
Partiendo de esa base plantea que la educación debe adecuarse a
cada momento de las etapas de crecimiento del niño. Así
nunca hay que atribuirle al niño conocimientos que no tiene o razonamientos
totalmente incomprensibles para él. La mejor manera para empezar
a educar a los niños sería hacerles descubrir el mundo exterior
a través de sus sentidos, y con ellos practicar la observación
y experimentación de forma natural y sin prejuicios, donde además
los juegos tienen una gran importancia en este desarrollo. Lo más
importante no es enseñarle sino estimularles el deseo de aprender.
En esta etapa es absurdo intentar explicar el entorno a través
de libros o explicaciones, pues son incomprendidas por un niño
que todavía no utiliza la razón.
El fin de este método sería crear hombres libres de verdad,
el primer paso para cambiar el mundo. Su pensamiento se podría
resumir en una frase suya: “le acostumbráis a que siempre
se deje guiar; a que no sea otra cosa más que una máquina
en manos ajenas. Queréis que sea dócil cuando es pequeño
y eso es querer que sea crédulo y embaucado cuando sea mayor”.