Por Aristarco el Bolchevique
(Enero 2003)
El mes de diciembre ha sido copado
informativamente por la catástrofe ecológica sufrida en
la costa norte de la Península Ibérica. Ha sido un tema
digno de ocupar portadas, pero han ocurrido algunos otros asuntos en el
plano internacional que no podemos dejar caer en el olvido. Quiero aquí
referirme a dos de ellos relacionados entre sí.
Desde la capital del Imperio nos
han llegado de manera simultánea dos muestras de los extremos a
que están llegando los gobernantes de la única superpotencia
mundial. Por un lado, George W. Bush, o quien sea que asesore a ese descerebrado,
ha decidido dar carta blanca a la CIA para asesinar impunemente a los
que consideran terroristas extremadamente peligrosos. Por el otro, el
Pentágono ha preparado una partida presupuestaria con el fin de
contaminar la prensa extranjera mediante sobornos, para de este modo conseguir
que su política brutal y salvaje reciba el visto bueno de los medios
internacionales.
El gobierno del país que se
define a sí mismo como guardián de los derechos humanos,
como adalid de las libertades, como campeón de la democracia, va
a utilizar su poder militar y económico para que la justicia y
la verdad sean eliminadas de un plumazo allí donde pise.
Los CIA tienen a partir de ahora
plenos poderes para decidir sobre la vida y la muerte de los sospechosos
de terrorismo. Pretenden hacernos creer que esa misma agencia norteamericana,
que no fue capaz de prever el ataque a las torres gemelas, cuenta ahora
con informes fiables al cien por cien sobre quién es y quién
no es terrorista. Lógicamente, tienen derecho a actuar en cualquier
parte del mundo, riéndose de la legislación internacional
y dando un paso más en la Hegemonía Imperial.

El logotipo del nuevo crimen
organizado
A partir de ahora los sospechosos
de terrorismo no cuentan con opción a un juicio justo, se hallen
donde se hallen. Las huestes del Tío Sam irán, verán
y matarán a quien consideren indeseable. El derecho a juicio es
un fantasma obsoleto del pasado, y aquella vieja máxima que decía:
“todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario”
se sustituye por “todo el mundo es culpable hasta que sea asesinado”.
Es más sangrante si cabe la
tremenda hipocresía manifestada cuando aseguran que se minimizará
el número de bajas de civiles inocentes en estas operaciones. No
es difícil preguntarse cuantos inocentes exterminados se consideran
una cifra razonable. También cabe plantearse qué ocurriría
si George W. Bush pudiera ser uno de dichos civiles. La respuesta a esta
última cuestión es clara, puesto que en este mundo idílico
resultante de la victoria capitalista en la guerra fría hay personas
prescindibles cuando así lo deciden otros que se consideran a sí
mismos imprescindibles. Tras la caída de la Unión Soviética
hemos vuelto al feudalismo medieval, de forma que los Señores deciden
sobre la vida y la muerte de los súbditos sin encomendarse a nadie
más que a esa entelequia llamada Dios.
No podemos caer en la ingenuidad
de pensar que la CIA no ha venido practicando estos asesinatos las últimas
décadas, la diferencia se encuentra en que ya no necesitan ocultarlo.
Lo claman a los cuatro vientos y están orgullosos de ello. Por
ello, y para atenuar las críticas de las pocas voces cuerdas que
tienen acceso a los medios de comunicación, han presentado ese
otro plan con el fin acabar con la ya dudosa credibilidad de la prensa
mundial
Es sencillo imaginarse a los corruptos
y farsantes periodistas occidentales haciendo cola en las embajadas norteamericanas
para recibir ese soborno. Al fin y al cabo, casi ninguno de ellos ha oído
hablar del principal axioma del periodismo honrado, el cual exige informar
con objetividad, separando claramente la opinión de la información.
Pueden hacer lo mismo que hasta ahora y además llevarse un jugoso
plus económico. Lejos quedan los tiempos en que la prensa era el
guardián de la democracia, la justicia y la verdad, si es que realmente
esos tiempos han existido alguna vez.

Claros candidatos a ser sobornados
Dice literalmente el New York Times:
"los militares puedan pagar a periodistas para que escriban artículos
favorables a las políticas estadounidenses o paguen a contratistas
externos sin vínculos obvios con el Pentágono para que organicen
manifestaciones en apoyo de la política de Washington".
Sería lo último que
me faltaría por ver, una manifestación en las calles de
Madrid apoyando la política de EE.UU. Espero que el tradicional
antiamericanismo español se mantenga firme a pesar de los oscuros
manejos imperiales, y confio en que las únicas manifestaciones
que contemplen mis ojos sean contra la globalización neoliberal.
Son tiempos duros sin duda para la
justicia en el mundo, pero sigamos luchando contra el pensamiento único
y al final la razón habrá de imponerse.