LA SELECCIÓN ARTIFICIAL: LA DOMESTICACIÓN DEL PERRO

Por Plinio el Insurrecto.

De la fauna de su entorno, el hombre ha elegido, aislado y favorecido, para su uso personal, algunos animales por su docilidad, por la cantidad de carne que producen, o por otras cualidades que le benefician. Además ha intentado mejorar y potenciar estas cualidades. Desde el Neolítico, momento en que hicieron su aparición la domesticación y agricultura, el hombre ha venido practicando la selección, cuya eficacia descubrió de un modo empírico.

La diferencia que existe entre la selección natural y la artificial concierne a sus respectivos fines: la selección natural opera en mayor bien de la especie, la artificial en mayor bien del hombre. Ambas hacen uso del mismo material, las mutaciones y variabilidad fenotípica. La selección artificial, lo mismo que la natural, no crea nada en si misma. Selecciona lo que ya existe y lo potencia.

El perro (Canis familiaris) es probablemente el mamífero domesticado más antiguo, sin duda a causa de su tendencia a adoptar al hombre como compañero social. Se cree que el perro se hizo comensal del hombre hacia finales del Paleolítico, en el transcurso de la última glaciación. A partir de entonces, el perro se afirma como compañero del hombre, sometido a un proceso de transformación gradual. Los agricultores del neolítico ya poseían varias razas diferentes; la más común tenía un tamaño menor que los perros actuales; otra era aun más pequeña, y una tercera era claramente más grande.

No está todavía claro cuales son los ancestros o antepasados del perro. El problema de si el ancestro del perro es el chacal (Canis aureus) o es el lobo (Canis lupus) ha ocupado durante mucho tiempo la atención de los investigadores. Algunos zoólogos designan como antepasados de algunas razas de perros pequeños, más sumisos y obedientes, al chacal, mientras que aquellas razas de animales más grandes y con carácter más desobediente tendrían su origen en el lobo. Por otra parte, también habría que tener en cuenta la posibilidad de que lobo y chacal se hibridan. Pero la hipótesis de un antepasado común para todas las razas de perros es la más defendida por la mayoría de los especialistas, los cuales se apoyan en una serie de rasgos de anatomía estructural (formula dentaria y constitución del esqueleto) que, ciertamente, emparentan más estrechamente al perro con el lobo. Estos autores defienden un origen polifilético del perro, esto es que los ancestros del perro serian no una, sino varias de las razas de lobos que coincidían geográficamente con el hombre. Una de las razas de lobos que originariamente habrían degenerado en perros estaría representado por el lobo de la India (Canis lupus pallipes), animal de pequeño tamaño y que no aúlla, sino que solo ladra. Sin embargo, muchas otras subespecies de lobos han podido contribuir con sus genes a la diferenciación de las razas de perros conocidas.


El lobo, es el ancestro más probable del perro

Esta gama tan extensa de razas, es debida a que desde el principio el hombre ejerció una selección de direcciones diversas, en función de su valor estético o exótico, o de sus aptitudes para cazar, guardar, etc. El perro, ha conservado así muchas mutaciones más desfavorables que útiles para la especie. Sus variaciones morfológicas más importantes conciernen al tamaño, la forma del cráneo, la longitud de los miembros, las orejas, el color y la longitud del pelo. Todas estas razas, por disparatadas que sean, se cruzan entre si (a veces la diferencia de tamaño impide la copula) sin perder nada de su fecundidad. Por lo que se puede decir que todos los perros son una sola especie. Desde un punto de vista ecológico, se puede considerar que los perros son animales con una inoperatividad evidente en el seno del ecosistema natural. Además de sus modificaciones morfológicas, los perros carecen de un cuadro etológico de pautas de comportamiento que sean validas ecológicamente. La domesticación de un animal conlleva la presencia de una serie de rasgos de comportamiento, que impiden que estos animales se desenvuelvan con éxito en los ecosistemas naturales.


Alaskan malamute y York terrier, dos razas de perros que hacen muy difícil creer que ambas pertenezcan a la misma especie

La selección artificial, a pesar de su intensa presión, no ha conseguido dar origen a nuevas especies. Diez mil años de mutaciones, de mestizaje, de selección, han modificado de muchas maneras el patrimonio de una especie pero sin hacerle perder su unidad como especie. Y es que la selección artificial, concretamente reúne las variedades que es capaz de producir un genoma, pero no representa un proceso evolutivo innovador. Lo mismo ocurre con otros animales domésticos como el buey, la gallina o la oveja. La experiencia domesticación-selección no aboca, a pesar de la amplitud de variaciones, a la creación de especies nuevas. La domesticación y el cultivo revelan los límites entre los que una especie es capaz de variar, pero no imprimen un movimiento evolutivo a las especies que afectan.

La selección natural conserva los individuos que se encuentran ecológicamente en equilibrio con el medio. La selección que practica el hombre tiene un efecto diferente. Un ejemplo basta para demostrarlo: los genotipos de un perro y un chacal están muy próximos y sufren las mismas mutaciones, más o menos. Sin embargo, la especie chacal se muestra muy estable, mientras que la especie perro se divide en numerosas razas y subrazas. La primera esta sometida a la selección natural que elimina las variantes y estabiliza la especie, la segunda a la selección artificial que conserva los “anormales” y facilita la supervivencia.

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