En esta
segunda parte continuamos con la historia política
de la Revolución Inglesa. Como vimos en el anterior
capítulo, el rey se alejó de Londres a comienzos
de 1642, al tomar ésta partido por el “Parlamento
Largo”. La propuesta de ley de Pym,
de quitarle al monarca el mando militar, llevó a
Carlos a ponerse a la defensiva y empezó una campaña
de manifiestos contra el parlamento, a lo que unió
un viaje por el centro y norte del país (las zonas
menos desarrolladas), de donde dedujo que tenía bastante
apoyo popular. El parlamento convirtió la ley Pym
en “ordenanza”, lo que le facultaba para acusar
de insubordinación a quien lo desobedeciera, además,
se hizo con el poder de la flota. Por último, el
parlamento expuso al rey las llamadas “Diecinueve
propuestas”, que le convertirían prácticamente
en un títere. Carlos las rechazó y mandó
las tradicionales órdenes de movilización
por todo el país para luchar contra los rebeldes.
A su vez el parlamento utilizó las revolucionarias
“ordenanzas” con el mismo motivo, crear un ejército.

Carlos I
3)
La Guerra Civil (1642-1648)
La
usual confusión y argumentos oscuros que caracteriza
esta revolución hizo que en ambos ejércitos
existieran prácticamente las mismas clases sociales,
la afiliación venía determinada por un cambiante
y complejo sistema de opiniones, intereses e incluso emociones.
Aún así, el rey tuvo más aceptación
en las zonas del oeste (incluido Gales) y norte del país,
mucho menos desarrollado que el resto y con formas de vida
semifeudales, mientras que el sur y este, mucho más
rico y desarrollado, se inclinó en general hacia
el parlamento. Sin embargo, en ambas zonas existían
muchos condados que rompían estos límites,
así como también fuerzas económicas
mercantiles e industriales que permanecieron fieles al rey.
Incluso las ideas y personalidades cambiaban a veces de
bando sin mucha dificultad. Y todo esto en el ámbito
político, pues en el ámbito social todo era
todavía más confuso, como veremos en capítulos
posteriores, aunque sin duda los elementos más radicales
estaban más cerca de los parlamentarios.
Carlos
intentó tomar Londres rápidamente pero no
pudo sobrepasar sus defensas, instalando su capital en Oxford.
Ya en 1643 obtuvo algunas victorias en el norte y oeste,
aunque no fueron decisivas. El rey no aprovechó estos
momentos de superioridad, frente a un ejército parlamentario
mal organizado y dirigido por grandes terratenientes y Pares
fieles a la Cámara. Pronto se dieron cuenta que los
antiguos métodos del ejército no les eran
efectivos, y así, aparecieron Thomas Fairfax
y Oliver Cromwell, representantes de la
pequeña nobleza rural, y convencidos “puritanos”,
que crearán un ejército eficiente, fruto de
la habilidad demostrada por Pym en la gestión de
la nueva administración, en donde una nueva ordenación
fiscal les daría una regularidad administrativa suficiente
para derrotar a Carlos.
Sin embargo, el rey intentó financiarse de la forma
tradicional, es decir, por medio de concesiones de privilegios,
tasas arbitrarias y confiscaciones caprichosas, que no hicieron
más que quitarle apoyos.

Fairfax Cromwell
New
Model Army
La
creación del nuevo ejército parlamentario
tuvo unas consecuencias mucho mayores que el simple hecho
de conseguir una futura victoria militar.
Nunca antes se había formado un ejército así,
en esta época los ejércitos europeos se habían
nutrido de mercenarios, presidiarios o busca fortunas, sin
embargo, en los ejércitos parlamentarios la gran
mayoría eran voluntarios “civiles”, un
grupo muy heterogéneo de pequeña nobleza,
comerciantes, de la incipiente burguesía (tanto rural
como urbana), artesanos y campesinos.
No
hay que olvidar también la gran influencia de los
presbiterianos y creencias de ética protestante,
que llamamos puritanos, que si bien por un lado estaban
muy unidos a la latente y futura economía liberal,
también fue una caja de Pandora en la reinterpretación
de la relación Dios-hombre, y que en su lectura más
popular se convirtieron en auténticas ideologías
revolucionarias.
Otro factor muy importante era que este ejército
se convirtió en un auténtico hervidero de
ideas políticas y sociales. Recordemos que la abolición
de la censura produjo la publicación de pensamientos
y opiniones impensables en esa época, así
, sumado a la movilidad de las tropas por todo el país,
hizo extenderse a muchas regiones las nuevas ideas revolucionarias
llevadas por los soldados.
Pronto,
tanto en el plano socio-político como religioso,
los dirigentes parlamentarios (que en la práctica
eran poderes económicos sin la menor intención
de ceder su futuro poder político) se dieron cuenta
de que en el ejército se estaban extendiendo ideas
de soberanía popular y democracia, elemento con el
que no habían contado y que después de la
guerra tendría sus consecuencias.
Como hemos visto, la reorganización del ejército
y la administración hizo mover la balanza de la guerra
hacia los parlamentarios. En 1644 Carlos, desesperado, firma
una alianza con Escocia, que no resultó eficiente.
En verano de 1645, en la batalla de Naseby,
la derrota de los realistas decidió la contienda.
Carlos se rinde en Newcastle e intenta negociar una salida
honrosa, aprovechando la desunión y rivalidades internas
del frente parlamentario.
Así, y a pesar de tener a Carlos derrotado, empiezan
los problemas entre los ganadores de la guerra.

Batalla de Naseby
En el ejército
se extendían ideologías más progresistas
y radicales que las defendidas por los propios parlamentarios.
Empiezan las reivindicaciones, por parte de los soldados,
de nuevas reformas, sobre todo la modificación de
los monopolios comerciales, y la abolición de los
nuevos y odiados impuestos indirectos, es decir, los que
gravaban los productos básicos de consumo. Pero también
se exigía unas reformas políticas, sociales
y legislativas que dieran el derecho de participar en la
elección de los representantes en la cámara,
así como una mayor tolerancia religiosa.
Al frente de este
movimiento se puso el grupo de los Levellers,
literalmente traducido como los “niveladores”,
dirigidos por John Lilburne y William
Walwyn. No era un grupo homogéneo, y aunque
sus opositores les veían mucho más radicales
de lo que eran, en realidad, representaban en gran parte
a la pequeña burguesía (entendiendo siempre
burguesía dentro de los límites del capitalismo
primitivo), comerciantes y artesanos. Aunque estudiaremos
más ampliamente estos movimientos en capítulos
posteriores, en su ideario común nunca se puso en
entredicho la propiedad privada ni el sufragio universal,
sino que pedían que los pequeños propietarios
también pudieran participar en política, y
no sólo los grandes propietarios.
También existían
grupos a la “izquierda” de los levellers, como
los llamados Diggers, literalmente los
“cavadores” (no reconocían la propiedad
privada), así como también nuevas sectas religiosas,
herencia de la expansión presbiteriana, como los
Seekers y Cuáqueros.
Los problemas con los
soldados venían sobre todo determinados por la falta
de ocupación de éstos, así se empezó
a amenizar a las tropas con envíos masivos a Irlanda,
o incluso la disolución del ejército. A esto
se unió las conversaciones con Carlos, que indignaron
más al ejército, pues pedían más
oportunidades de intervenir en política (presentaron
un proyecto de constitución) y de influir más
en las negociaciones con los realistas, al no recibir respuesta
hacían que se unieran más a los levelliers
y otros grupos radicales.
Todo esto justo en
un momento de una escasísima capacidad de los dirigentes
parlamentarios del momento, pues Pym había muerto,
y que no se veían capaces de controlar la situación.
La suma de todos estos acontecimientos hacía la situación
insostenible.
En este momento crítico
aparece Cromwell, que si bien pertenecía a la mayoría
“puritana” conservadora que realmente existía
en el parlamento, su solidaridad con las reclamaciones y
malestar del ejército le habían hecho muy
popular. Era el hombre perfecto para controlar la situación,
a lo que se sumó un acontecimiento que inclinó
más el panorama a su favor, a finales de 1647 el
rey Carlos huyó a la Isla de Wight, aprovechando
el descontrol en los parlamentarios, con la intención
de volver a la lucha.
Era la oportunidad
perfecta, Cromwell, con todo el apoyo del parlamento apeló
a la unidad para volver a luchar contra los realistas, los
radicales fueron apaciguados ante esta nueva amenaza, y
los regimientos más rebeldes fueron reprimidos sin
contemplaciones. Cromwell se había hecho de facto
con el poder.
La segunda
guerra civil fue un auténtico don de la
providencia para Cromwell. La inactividad del ejército
era proporcional a sus inquietudes políticas radicales,
y tenerles ocupados con una nueva guerra era la mejor medicina
contra las revueltas democráticas.
Los nuevos frentes
abiertos por Carlos no eran ni continuos, ni coordinados,
por lo que las contraofensivas parlamentarias terminaron
la guerra hacia septiembre de 1648, después de encarnizadas
batallas.
Un nuevo parlamento, “depurado”
por los militares que controlaban ahora el poder, llevó
un proceso contra Carlos por alta traición. El 29
de enero de 1649 el rey era ejecutado por su propio parlamento.
Desde este momento
Inglaterra se convierte de hecho en una república,
será la llamada Commonwealth.

Ejecución de Carlos I
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