PARTE 1 -- PARTE 2 -- PARTE 3
Introducción
El mundo, a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, entró en una nueva fase de confrontación bélica que denominamos Nueva Guerra. Es nueva en la medida que supedita el carácter político-militar a los intereses económicos, no confronta a un enemigo en particular, sino que busca apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo; es una guerra no creada para el propósito de contrarrestar a un ejército subversivo que esgrime con proyecto antisistémico, puesto que no existe, más bien su orientación está en confrontar a todo aquello que se opone o resiste a la privatización y usurpación de recursos previamente focalizados (gas, petróleo, agua , biodiversidad y minerales necesarios para la industria tecnológica), lo cual le da el distintivo de guerra privatizadora o expropiadora pero anunciada como guerra antiterrorista y ofensiva contra el crimen organizado y el populismo radical.
Contra el terrorismo porque se han dado cuenta que a partir de la supremacía militar, las combates no se darían en confrontaciones de cara a cara o con acciones bélicas donde los contingentes militares se expusieran, ya que el desarrollo tecnológico había superado la etapa en donde los ejércitos confrontaba y arrojaban muchas bajas. La incorporación de los dispositivos satelitales, la comunicación inalámbrica, expedita, instantánea, las armas de largo alcance teledirigidas por sensores y la ubicación del enemigo de manera exacta, desplazó la confrontación directa y situó la guerra tecnológica militar en el primer plano.
Indudablemente que todo desarrollo tecnológico no puede ser superior a la imaginación e inteligencia humana, de ahí que la contraofensiva de los ejércitos de resistencia y de rebelión no se hizo esperar y la acción directa recuperó el espacio que había tenido, nada más que esta vez con mayor precisión y oportunidad.
Ante la respuesta casi inmediata, los estrategas del imperio esperaban una contraofensiva de esa magnitud, por los registros que en la historia se habían dado y por las prácticas que se mostraban en algunos territorios árabes y grupos insumisos en Latinoamérica, por ello enarbolaron la bandera de la lucha contra el terrorismo, forma inteligente de tipologizar a la acción directa.
Acción Directa
La acción directa la definimos como un recurso que un segmento amplio de los excluidos ha re-creado para resolver sus carencias y re-situarse en la sociedad, lo que nos dice que no es un arma política emocional ni vandalismo disfrazado para entorpecer todo lo que se hacen los demás miembros de la sociedad.
La acción directa la hemos observado en cada comportamiento que los sujetos sin derechos llevan a cabo para expresarse, solos o juntos con otros que comparten sus convicciones o intereses; en cada persona que alguna vez haya planteado alguna cosa y la llevó a cabo resolutivamente, o que posea un plan imaginado y lo presente a los demás y se gane su cooperación para cristalizarla, sin tener la necesidad de recurrir a una instancia orgánica tradicional (partido o sindicato) o a una oficina de gobierno a pedir permiso o favor para que ayudasen.
Se registra la acción directa de manera cotidiana en los sectores marginales al momento en que las comunidades barriales, comunales y marginadas han instrumentalizado un ejercicio de resolución de conflicto para resolver una diferencia, pacífica o de otra modalidad, con un vecino, amigo o miembro de la comunidad a la cual pertenece; también cuando una o varias personas actúan para construir un espacio de recreación, una escuela o desterrar un basurero.
El recurso de la acción directa no es profundamente pensado, tampoco lleva mucho tiempo en la elaboración y ejecución, sino que tiene una naturaleza espontánea y casi siempre la lleva a cabo quien se encuentra en desventaja, se siente oprimido o no ve solución que venga del ámbito externo. Ahora bien, la acción directa puede ser pasiva o violenta, esto está en función del tipo de circunstancia que la engendra, de lo que sí estamos seguros es que la acción directa tiene vocación de cambio, aunque muchos piensan que después de que se lleve a cabo nada bueno resulta de ella, pero lo acontecido en Argentina, Bolivia, Ecuador, México, Venezuela y recientemente en los Estados Unidos y Francia, nos indica que no es así, porque posteriormente a las actuaciones de los pobres o sin derechos, el panorama de la lucha ha cambiado para ellos, para los partidos políticos, los sindicatos, los empresarios y el mismo gobierno.
Un hecho curioso y digno de analizar en la acción directa es que casi siempre parte de una iniciativa individual, aunque también las hay de carácter colectivo o grupal, pero la osadía de un actor agrega una dosis de optimismo, de valentía y de decisión en los demás que lo acompañan, desatándose un acto de rebeldía que termina en un hecho violento que buscan invalidar una ley o el desempeño de un gobierno, una represión o intentona de golpe de estado, desembocando en lo que comúnmente conocemos como rebelión de masas. Lo discutible en este caso sería si la acción directa genera toma de conciencia en los demás, para lo cual afirmo que sí, porque las observadas en los últimos cinco años en América Latina así lo confirman, ya que los hechos repetitivos de saqueos, justicia por su propia mano, bloqueos de calles y de oficinas de gobierno, cacerolazos, quema de bancos, piquetes, corte de rutas, tomas de tierra, presidente depuestos y agresión a medios de comunicación que la juzgan, son síntomas de que hay un comportamiento escalonado que lleva un rostro de rebelión, quizá no apegada a las rebeliones de los años setenta, pero sí con una modalidad distinta, donde las actuaciones no son permanentes, sino cortocircuitante, impredecibles, súbitas e intermitentes.
Otra parte importante de la acción directa es que no requiere hacer un balance posterior después de haberse llevado a cabo, tampoco se mueve bajo la lógica instrumental de costo beneficio, dado que los actores que la protagonizan no tienen nada que perder, son individuos que devienen de una circunstancia donde no tienen asegurada la comida, la vestimenta ni casa habitación funcional, su empleo está en riesgo perpetuo, tampoco su estatus migratorio es definitivo y la incertidumbre de su vida es permanente: Lo poco que poseen es producto de su esfuerzo individual o grupal y lo que pueden ganar es poco en lo que atañe a su vida personal, pero mucho en lo social, aunque en ello no hay dibujado un modelo o imaginario de sociedad alternativa, más bien es resolver en lo inmediato una penuria que le aqueja en la coyuntura que se le ofrece.
La carencia de organización estructurada como las tradicionales no hace visible la trayectoria de la acción directa, puesto que su movimiento está montado sobre un entramado de redes, transita por espacios latentes, acumula experiencia a diario pero el reservorio donde las deposita no son expuestos públicamente, dado que la densidad de sus redes asociativas parten de la vida cotidiana y ello las hace invisible por momentos; sin embargo, son explosiva cuando se revelan ( de dos maneras: revela y rebela) porque la circunstancia le brinda una posibilidad para defenderse ante el agresor, sin embargo la no existencia de un imaginario social y de una ideología preclara , los pone a la orilla de la violencia, no porque ellos la busquen, sino porque ella ha sido el nido de su incubación como sujeto sin derecho o desciudadanizado . Carecer de los medios para vivir y ser reconocido como ciudadanos con derecho es un despojo, según su auto percepción, asimismo es un ejercicio violento contra la dignidad, contra la integridad de la persona, contra su futuro, contra su familia y contra su comunidad. Violenta ha sido su realidad y violenta es la respuesta que ellos dan a todo aquello que se oponen o le impide sobrevivir.
La violencia no sólo de parte de los actores excluidos, también existe en los ciudadanos con derechos, en el gobierno, en los empresarios y en los partidos políticos, vivimos una sociedad cruzada por múltiples coordenadas violentas, las hay desde las quiebras de los bancos para confiscar los ahorros de los ciudadanos hasta el cobro de intereses sobre intereses en los créditos hipotecarios, desde la expropiación de sus tierras para una obra que beneficia a la iniciativa privada hasta la aplicación de la ley contra el terrorismo cuando demandan sus derechos los pobres; desde los empresarios que sacan su dinero para provocar ingobernabilidad al dejar sin recursos al Estado hasta el cierre de varias empresas por declarase en quiebra, desde el desconocimiento de los derechos de los trabajadores hasta la negación de los derechos políticos de pensar, creer y expresarse distinto a la autoridad; en fin, son múltiples los actos de violencia que descargan sobre las espaldas de los sujetos sin derechos. Además, los sujetos sin derechos o desgajados, no tienen muy claro quién es el enemigo, la globalización volatilizó los referentes del burgués, del imperialismo, del saqueador y de los terratenientes y se convirtieron en fantasmas que aplican la violencia pero se esfuman en el mundo global sin frontera, por ello las cadenas de supermercados, los bancos, los automóviles, los monopolios de los medios sean los blancos de los ataques de ira y de impotencia e indignación de los sin derechos.
Siendo así la acción directa, los estrategas del imperio la han tipificado como terrorismo, en la medida que estos actos de violencia defensiva confrontan la imposición del neoliberalismo depredador y la apropiación de los recursos naturales estratégicos. Pero todo no queda ahí, el antiterrorismo norteamericano también liga y envuelve la lucha contra la acción directa bajo el disfraza bajo y el rostro de la lucha contra el crimen organizado (narcotráfico, tráfico de órganos, de humanos y lavado de dinero) con el objeto de desmentalizar a los demás segmentos de las sociedades latinoamericanas al fijar la imagen de que lucha popular insurgente tiene el mismo significado que crimen organizado.
Si nos asumimos como conocedores de las distintas problemáticas que estamos esbozando, es ilógico entrelazar una acción con otra, dado que las intenciones, el sentido y la orientación de cada fenómeno es diferente, son pocos los hilos vinculantes entre ellos, aunque no negamos que puedan darse en una circunstancia específica en alianzas estratégicas para combatir a un enemigo común, en este caso, un agente invasor, una dictadura o golpe de estado, pero no están ligados por naturaleza política o social los fenómeno de lucha emancipatoria con el crimen organizado ni el populismo radical con el narcotráfico.
La liga es un recurso intencional del imperio y sus agentes divulgadores de la ideología neoliberal, con base en que deben encontrar un justificante de carácter político social para demostrar, por la vía de la fuerza y sin razón, que todo aquello que se mueve y se opone a sus intereses es parte del mal, lo diabólico, lo irracional, lo indio, lo negro, el pobre y el excluido.(1)
Si en el mundo bipolar este argumento no tenía asidero por existir el soporte del bloque soviético como fuente apoyo, muro de contención y respaldo de los movimientos armados insumisos, una vez desaparecido el sostén político-ideológico, no cabe en el mundo de las ideas de los estrategas del imperio que los pobres y rebeldes puedan obtener recursos por su cuenta y si lo logran, es porque tienen vínculos con el narcotráfico o el crimen organizado.
Ahora bien, si el crimen organizado está relacionado con desapariciones, secuestros, robos de bienes, trafico de órganos y robo de infantes, prostitución infantil y trata de blancas, es un fenómeno que permea todos los poros de la sociedad y es un producto ideológicamente consumible por grandes segmentos sociales.
Lo que no hemos hecho es detenernos ante el denso mundo de la urdimbre del crimen organizado y en un intento analítico desenredar los hilos de la red, para demostrar cómo los nexos de este fenómenos están más fuertemente construido con asuntos del Estado, los ejércitos, las aduanas, policías, grandes y complejos hospitales, compañías de aviación y banqueros que con los rebeldes; son los dueños del poder y el gran capital quienes lucran con este negocios que redondea en un volumen, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el monto que se lava en un año a nivel mundial representa del 2% al 5% del PBI mundial (US$600,000 millones a US$1'500,000 millones), dinero que si estuviera al servicio de los insurgentes, la revolución habría llegado desde hace años (2)
En la lucha del imperio contra el crimen organizado, lo que está en juego son los 500 mil millones de dólares que los Estados Unidos lava anualmente a través del consumo y no sabe cómo se le escapan; los casi 40 mil millones que se le fugan de la mano y pasa al crimen organizado de México y lo inaudito, a pesar de su alta tecnología, por la fronteras pasan más de 350 toneladas de cocaína anualmente, de las cuales, el 90% se procesan en Colombia.
El hecho de que en Bolivia el precio del kilogramo de cocaína tenga un precio de 880 dólares, en Perú 1.100 y en Colombia 1.500, pero una vez ubicada en territorio norteamericano su precio fluctúa entre 75 mil y 120 mil dólares, dependiendo del lugar y la demanda, el negocio es altamente redituable y circular, puesto que tiene que ver con instancias policiales, militares, aduanales, bancarias para su materialización. (3)
El no poder controlar y hacerse de ese volumen de dinero es lo que hace que su argumento ligue a la insurgencia con el crimen organizado, de esa manera ataca dos males con un solo frente belicoso.
PARTE 1 -- PARTE 2 -- PARTE 3
Opina
sobre este artículo
1/ Galeano Eduardo. 2005, “Los diablos de los diablos”. Le Monde. Agosto, Pág. 12y 13.Volver arriba
2/ Salazar, Robinson, 2006. La nueva militarización en América Latina, en prensa.Volver arriba
3/ ibidem.Volver arriba