Por Aristarco el Bolchevique.
Un
turbotrén atraviesa el inmenso desierto rojo del planeta. Realiza su
largo recorrido en el interior de un gran cilindro, con el objetivo de proteger
a sus ocupantes de la radiación y falta de presión de la atmósfera
marciana. Uno de dichos ocupantes es Michael Garibaldi, quien ya ha visitado
varias veces Marte y en tres ocasiones ha estado a punto de morir allí.
En su cabeza resuena siempre la misma pregunta: “¿qué
se nos ha perdido a los humanos en Marte?”
Lógicamente se trata de una escena de ciencia ficción, concretamente de Babylon 5, para muchos la mejor serie televisiva que se ha realizado nunca dentro del género. La pregunta de Garibaldi no es ociosa, y nosotros nos la podríamos plantear también. Existen teorías para convertir Marte en un entorno habitable para los humanos, un lugar con condiciones similares a la Tierra y en el que podríamos vivir y expandirnos. El reciente descubrimiento de un enorme mar de hielo bajo su suelo hace que la pregunta cobre más fuerza que nunca y por tanto hay que plantearse dos aspectos: el cómo y el porqué.
Para los no iniciados en el tema puede parecer una especulación absurda, pero hay planteamientos científicos muy avanzados para iniciar un proceso, llamado terraformación, que convertiría a la larga a Marte en un hogar complementario de la Tierra. El planeta rojo es lo suficientemente parecido al nuestro, de hecho, se cree que pudo haber vida en un pasado remoto, y todavía no se ha descartado completamente la existencia de microorganismos. Su día dura 24 horas y media, su año 687 días, el diámetro es aproximadamente la mitad que el de nuestro planeta y su gravedad es algo más de un tercio que la terrestre. Son condiciones adecuadas para convertirlo en habitable.
Los
principales problemas son la baja temperatura, el elevado índice de radiación,
debido a la ausencia de capa de ozono, y la escasa densidad atmosférica.
Por tanto, el primer paso consistiría en calentar el aire marciano, y
de esto sabemos un poco en la Tierra con nuestro pernicioso efecto invernadero.
La NASA tiene un proyecto ya diseñado, bastante viable económicamente,
que consiste en mandar pequeñas fábricas que procesen los materiales
del suelo para crear gases que inducirían un poderoso calentamiento global,
como el metano o el óxido nitroso, al tiempo que aumentarían la
densidad atmosférica. A pesar de los continuos recortes presupuestarios
de la agencia espacial norteamericana se podrían enviar todos los años
un número suficiente de estas fábricas como para calentar Marte
en el plazo aproximado de 100 años, siempre según las previsiones
más optimistas.
Una vez elevada la temperatura, se dispondría de agua líquida, dado que el hielo hallado bajo el suelo consta de aproximadamente un 20 % de agua. Con este agua y estas nuevas condiciones se podría pasar a la segunda fase, que no es otra que la introducción de microorganismos no dependientes de oxigeno, los llamados anaerobios, los mismos que surgieron en nuestro planeta en sus primeras etapas de vida. A partir de aquí ya estaría encendida la mecha y “sólo” sería cuestión de dirigir el desarrollo unos 100000 años para convertir Marte en un segundo hogar.
Claro, que es de suponer que con tecnologías futuras, tales como la ingeniería genética o la nanotecnología, se podría acelerar considerablemente el proceso. Fuera como fuera, ninguno de los actuales terrestres viviría para observar culminado el proyecto, aunque nosotros podríamos ser los pioneros, los que pusimos la primera piedra.
Falta
por analizar el segundo aspecto, el porqué de todo esto. Creo que es
evidente y hay múltiples razones, La principal sería que una humanidad
repartida por el sistema solar primero y por la galaxia después, aumentaría
de manera exponencial sus posibilidades de supervivencia. Pero no hay que olvidar
otras consideraciones, como la cantidad de datos que aportaría a la biología
la creación de un ecosistema o el hecho de que una iniciativa de esta
envergadura contribuiría a que los humanos comprendiéramos lo
aislada que está la Tierra y lo estúpidas que son las rivalidades
nacionalistas y religiosas internas.
Tal vez cometeremos los mismos errores de siempre y los primeros colonos del planeta vecino rápidamente inventarán un falso patriotismo marciano y se querrán independizar, pero esa será otra historia.
De este modo queda contestada la pregunta de Michael Garibaldi. ¿Qué se nos ha perdido a los humanos en Marte? Evidentemente, allí nos espera el futuro.