VENEZUELA Y CHÁVEZ
Por Aristarco el Bolchevique (junio 2002)
El
13 de Abril asistimos estupefactos a uno de los más graves casos de manipulación
a los que nos hemos enfrentado. Los políticos y los periodistas actuaron
con una sola voz, dando por legítimo un golpe de estado en toda regla
contra un gobierno elegido en las urnas. En la República Bolivariana
de Venezuela un triunvirato constituido por la iglesia, el ejército y
la patronal, derribaba del poder al presidente Hugo Chávez. Hagamos un
poco de historia reciente para comprender como se llegó a esta situación.
En 1989 el Presidente Carlos Andrés Pérez presentó un conjunto de medidas económicas, auspiciadas por el Fondo Monetario Internacional, de marcado carácter neoliberal. Como consecuencia de ellas los precios de los servicios básicos se dispararon muy por encima de los sueldos, y el resultado final fue el de siempre: el aumento desorbitado de las diferencias entre las clases ricas y el pueblo.
En 1992 el comandante de batallón de paracaidistas Hugo Chávez intentó derrocar a Pérez. Lo hizo al frente de una proporción importante del ejército, la cual se hallaba identificada con las llamadas tesis revolucionarias bolivarianas, pero fracasó en su intento. Sin embargo, esta facción de las Fuerzas Armadas y su líder, tras sus declaraciones en el momento de ser arrestados, fueron considerados héroes populares. Chávez comprendió que sólo había sido un primer asalto y que, a no mucho tardar, lograría llegar al poder mediante vías democráticas.
En 1998 Carlos Andrés Pérez había sido encarcelado por malversación de fondos, pero los capitalistas seguían campando a sus anchas por Venezuela y habían conseguido sumir en la pobreza al 80 % de la población. Fue en este escenario de desolación donde Hugo Chávez triunfó en las elecciones presidenciales, con un 56% de los votos. Representaba a un gran conglomerado de fuerzas de izquierda, compuesto por comunistas, socialistas, campesinos, independientes, pequeños propietarios, etc. Había llegado el momento de hacer algo por el pueblo.
Inmediatamente pusieron manos a la obra y organizaron un referéndum
para consultar la
necesidad
de una nueva Constitución, que obtuvo un 90 por ciento de votos favorables.
A continuación convocaron unas nuevas elecciones para formar una Asamblea
Nacional destinada a elaborar dicha Constitución, en la que los partidos
coordinados por Chávez alcanzaron un 80 por ciento de los representantes.
De este modo nació la nueva República Bolivariana de Venezuela.
El siguiente paso consistió en frenar todos los procesos neoliberales, nacionalizaron el petróleo y elaboraron un importante paquete de leyes destinado a invertir la penosa situación. De forma que expropiaron tierras privadas para redistribuirlas, incrementaron significativamente la financiación pública de la educación y la sanidad, el estado se reservó el control de las empresas mixtas, las mujeres vieron garantizado un subsidio pre y postnatal, y así hasta 49 medidas de acentuada naturaleza izquierdista.
De este modo, en el año 2001, la mortalidad infantil había descendido del 28 al 17 por mil, el paro ha pasado del 20 al 13 por ciento y, según la ONU, Venezuela es el único país de América Latina donde está disminuyendo la pobreza.
Sin embargo, y como era de esperar, las fuerzas capitalistas activas en el
mundo no podían
permitir que un país rico en petróleo escapara a su control, y
mucho menos cuando su presidente había iniciado unas excelentes relaciones
con la Revolución Cubana, prohibía vuelos militares de EE.UU.
sobre su territorio, promulgaba un proceso de integración de América
Latina, se entrevistaba con Sadam Hussein y con Gadaffi, y osaba criticar duramente
los bombardeos norteamericanos sobre el pueblo de Afganistán.
Y de esta manera y por estas razones, el 13 de abril se producía un golpe de estado en la Republica Bolivariana de Venezuela. Las reacciones internacionales fueron asombrosas. Los gobiernos de la Unión Europea y de Estados Unidos, que se disfrazan continuamente de defensores de la democracia, no condenaron la atroz acción, e incluso en el caso norteamericano se daba por buena. No puedo dejar de citar a ese enemigo de la izquierda llamado Felipe González quien en esa fecha calificó a Chávez de "golpista" que "liquidaba las libertades" y "estaba montando un autogolpe al estilo Fujimori"
Lo que no sabían ni los políticos degradantes ni los periodistas vendidos, o no nos querían contar aquel día, es que el supuesto "dictador golpista" Chávez ha convocado hasta la fecha siete procesos electorales y no ha cerrado ni un medio de comunicación, a pesar de tener a la mayoría en su contra. Tampoco sabían, o no querían que supiéramos nosotros, que ha impulsado los llamados Círculos Bolivarianos, dispositivos sociales para que el pueblo se organice y participe en la toma de decisiones a todos los niveles.
Por suerte, ese golpe de estado fracasó y Chávez ha vuelto al poder, para seguir siendo ejemplo en América y en el mundo de que un pueblo sólo comenzará a vivir bien cuando se desvincule de la nefasta influencia de los capitalistas norteamericanos y europeos, además de los propios que habitan en su interior. La llamada Revolución Bolivariana sigue en marcha y puede ser germen de movimientos similares, primero en América y después en el mundo.