Por Plinio el Insurrecto (junio 2002)
Después de todo el terremoto político de Francia, del actual dominio de la derecha y de la debacle de la izquierda en Europa, este que les escribe confirma que nuestras democracias están agonizando y necesitan un cambio. Lo que las elecciones francesas revelaron es que hay mucha gente enfadada que, aunque no son una mayoría, está altamente motivada, y han tenido mucha más influencia de la que su número podría sugerir. También hay que decir, que en el conjunto de Europa no solamente han entrado en crisis la forma que adoptaron los partidos comunistas y socialistas sino todos los partidos de masas, tanto los de derechas como los de izquierdas.
Sobre todo, se ha desatado una verdadera crisis dentro de los partidos de izquierda, que ya se venía anunciando desde mediados de los noventa. Socialistas y Comunistas eran prácticamente toda la izquierda. Si observamos las cosas más en detalle, vemos que ha surgido en Francia una nueva izquierda, vinculada a los movimientos sociales que han sido los verdaderos protagonistas de los cambios de fondo en estos últimos años.
A mediados del siglo XX, todas las corrientes políticas influyentes en Europa estaban formadas por organizaciones políticas que articulaban en su entorno una multitud de organizaciones sociales de masas, estructuradas, a su vez entre sí, formando un entramado social o civil. Así ocurría con los partidos comunistas y con los partidos socialdemócratas. Pero también sucedía con los partidos demócrata cristianos y con otras fuerzas políticas de derechas. Sin embargo, este tipo de organización política ha desaparecido o esta desapareciendo, lo cual implica que ha desaparecido uno de los pocos instrumentos que permitían la participación de las masas en política, es decir, lo que hacía que existiera de alguna manera la democracia. Puesto que el sufragio universal, aunque sea condición necesaria, no es condición suficiente para la existencia de la democracia.
En el presente, lo único que queda de estos partidos tradicionales o de masas, cuando no se han diluido, son agencias electorales más o menos poderosas, cuyo éxito y vicisitudes depende de su vinculación con los poderes que controlan los medios de comunicación y de su acceso efectivo a los órganos e instituciones de poder en el Estado. Es decir los partidos tradicionales se han convertido en partidos de corrientes y fracciones que representan intereses corporativos o particulares, degenerando finalmente en formaciones electoralistas burguesas. Este es el caso, a mi juicio, de lo que pasó hace ya unos años con los partidos socialistas y es lo esta pasando ahora con la mayoría de los partidos comunistas Europeos, incluyendo Izquierda Unida en España. Pero también es verdad que hay ejemplos actuales de partidos comunistas en Europa, que se han resistido a convertirse en meras agencias electorales como el Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), el Partido Comunista de Grecia (KKE) y el Partido Comunista de Portugal (PCP), tres partidos que en mayor o menor grado han combatido el revisionismo y han aplicado la línea obrera y de masas, lo que explica su gran vitalidad y capacidad de movilización.
De todas formas, uno es optimista. Desde mediados de los 90, conocemos formas de resistencia y de rebelión a nivel mundial que auguran un futuro para la izquierda (quizás no tanto para los partidos herederos o restos del naufragio de los partidos comunistas y socialistas). Estas formas de resistencia se han mostrado en Chiapas, Corea del Sur, Indonesia, en Francia en el 95, en la movilización antiglobalización neoliberal de Seattle, Praga, Niza, Barcelona, Gotemburgo y Génova, así como la reciente movilización antiguerra imperialista en Afganistán. Sin embargo, al menos en Europa, aún son patrimonio de una minoría y, salvo quizás en Francia, aún no afectan a la sala de máquinas del capitalismo. Pero esta minoría aumenta rápidamente y los capitalistas y partidos tradicionales ya están muy asustados por no poder controlarla. Estas futuras formas de organización política son fruto del conjunto de individualidades que participan con la movilización en la calle en la re-constitución del proletariado en clase, para decir lo mismo de siempre solo que con otro utillaje conceptual.
Creo que no hay posibilidad de que, por ejemplo, ni IU, ni EuiA, ni el PCE, el PCC o el PSUC tengan espacio electoral sin que previamente se haya dado un periodo importante de reconstitución transformadora. Pues resulta que las rentas electorales de las luchas de los setenta se han acabado, y me parece, que les queda sólo un ciclo lectoral para llegar a su fin. Creo que ser pragmático no es nada práctico. Dicho en otras palabras: que continuar debatiendo hasta la saciedad el cartel electoral no habiendo espacio socio-político no solo no sirve de nada: es el camino más corto hacia la desaparición. En resumen, que se esta perdiendo la batalla, allí donde, en primer lugar, hay que ganarla, en la calle y con el pueblo.
Ahora bien, mientras el espacio electoral de la izquierda se reduce progresivamente en el camino de la desaparición, ¿qué se puede hacer para recuperarlo?. Quizás cuatro o cinco cosas elementales: reconocer que el terreno privilegiado de la política no es el estado ni las instituciones, sino la sociedad civil; invertir todos los esfuerzos en el desarrollo de una sociedad civil alternativa, en movimientos sociales de contestación al sistema y no en los de integración en el mismo; conservar e innovar el patrimonio teórico; difundirlo entre las nuevas generaciones; renovar el concepto de democracia, de política, de estado y de revolución; practicar fuera (en los movimientos sociales y en las instituciones) y en el interior de las organizaciones (IU, PCE, PSUC, PCC; sindicatos...) la democracia participativa, abandonando las prácticas de delegación que crean, indefectiblemente las burocracias con intereses corporativos. Sencillo, simple... Si todo lo demás ya lo hemos practicado con los resultados que podemos apreciar ¿por qué no le damos una oportunidad al sentido común?.