SIN COMPLEJOS

Por Plinio el Insurrecto (mayo 2002)

Desde el comienzo de este año 2002 hemos podido asistir a ciertos acontecimientos que me llevan a pensar que en el Estado Español (antes España) no caben los complejos.

Acontecimientos como la final de un fenómeno televisivo que ha revolucionado las audiencias: Operación Triunfo. El concurso de marras convierte en héroes nacionales a individuos llorones, con filosofía “buen rollito”, cuya principal ambición es querer ganar mucha pasta sin ningún tipo de complejo.

También hace poco, con motivo de la implantación de la revalida y la LOU, se acusaba a Aznar de franquista, pero Aznar y su ejecutivo no lo desmintieron. El PP ya no se preocupa de parecer de centro. Se han dado cuenta de que en esta España nuestra se puede ser franquista y gobernar sin complejos.

Y claro, por eso no tienen complejos ni el delegado para la Extranjería, Enrique Fernández-Miranda, ni el presidente del Foro para la Integración Social de los Inmigrantes, Mikel Azurmendi, para expresar su peculiar concepto de multiculturalismo. Entre otras cosas, lo relacionan con la silla eléctrica, la ablación del clítoris, la amputación de las manos de los ladrones, el hiyab de la niña Fátima, la lapidación de las adúlteras, la venta de las mujeres en matrimonio y la inyección letal. Que se me lleven los demonios si esto no es fomentar la xenofobia y el racismo sin complejos.

Para más pruebas, con el fin de evitar las molestias de esta juventud (sin complejos, claro), se prohibe beber en la calle. La solución es la represión, sin complejos. Pero me pregunto ¿qué pasaría si todas esas multitudes de jóvenes continuaran reuniéndose en los mismos sitios todas las noches? eso sí, solo para hacer picnic; con tortillita de patatas, filetes empanados y porrón con cocacola o bota de vino con fantanaranja. No me resulta descabellado pensar que se prohibiría, sin complejos, comer tortilla de patatas en la vía publica. Todo sea por el descanso vecinal.

Mientras tanto, ni los sindicatos se acuerdan ya para lo que nacieron, el despido libre está a la orden del día, los contratos basura son moneda de cambio y la explotación del ciudadano se convierte en un distinguido esclavismo. Leer o ver informativos suele convertirse en una inagotable fuente de mentiras, cualquier opinión contraria al pensamiento único es sospechosa de apología del terrorismo y aquellos que se definen como antiglobalizadores son incluidos en el Black-Block (como si el Black-Block fuese peor que el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial).

Y es que un país donde, mientras ocurre esto, se crea un debate social, a nivel nacional, sobre si una niña de 13 años debe ir o no al colegio con un pañuelo en la cabeza, definitivamente, no puede tener complejos.

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