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REFLEXIONES
FILOSÓFICAS SOBRE EL ATEÍSMO
Por Heródoto
el Rojo (Septiembre 2002)
Cuando observamos
a las sociedades modernas nos damos cuenta del alto grado de avances científicos
que hemos logrado en los últimos años, es más, se
puede decir que desde el siglo XVII los seres humanos nos lanzamos definitivamente
al encuentro de la verdad científica.
Sin embargo este concepto de la “verdad”
no es igual para todo el mundo. Según encuestas recientes, más
o menos del 85 al 90 % de la población cree en los postulados de
alguna religión o simplemente es creyente de algún dios
o espíritu.
Cuando comparamos estos dos conceptos, verdad científica y verdad
divina, nos damos cuenta que hay algo que no funciona, ¿Cómo
puede ser que en un mundo, en el que se descubren diariamente verdades
científicas, se siga creyendo en espectros o creadores del universo?.
La respuesta no puede ser que grandes lugares del planeta todavía
están muy por debajo del nivel de educación, pues en los
llamados países desarrollados sigue existiendo una gran mayoría
de creyentes. Seguramente existan varias razones para estos datos tan
desconcertantes, pero yo destacaría dos por encima de todos: Las
Iglesias y lo que llamo “el miedo del humano errante”.
LAS IGLESIAS
El término
Iglesia describe realmente un cuerpo o institución en la que con
la coartada de unas creencias en una religión, asume un poder e
influencia sobre una sociedad.
El conocimiento en el que se basa las principales religiones proviene
de una serie de libros escritos en la antigüedad, de los cuales no
existe la más mínima duda de que fueron escritos por personas
que pretendían estructurar sus sociedades de una forma duradera,
a través de símbolos y de la definición del Bien
y el Mal. Prácticamente todas las primeras culturas utilizaron
la religión para darle un significado sagrado, y por tanto inamovible,
a la estructura de su sociedad. Viendo, a través de la perspectiva
histórica, como las clases dominantes siempre estaban en la cúspide
de estas estructuras, es fácil deducir que estas religiones justificaban
el poder establecido.
Hasta hace 300 años tenía cierto sentido que a todo lo inexplicable
se le diera una razón divina, la falta de conocimientos científicos,
las comunicaciones, el analfabetismo de la mayor parte de la población,
etc. , sin embargo, con el avance en todos los campos del conocimiento,
hemos dado explicación a la mayor parte de los fenómenos
de nuestro alrededor; una explicación lógica, basado en
el escepticismo científico, el estudio objetivo y la demostración
mediante experimentos.
Frente a esto todavía existe una gran mayoría de la gente
que cree en el Dios/dioses/creencias de la sociedad en la que vive, ¿Y
cómo es posible? Pues gracias a la llamada Fe.
La Fe no es más que el creerse algo que sabes que no puede ser
verdad pero que, al parecer, te hará sentirte mejor de tus problemas
e inquietudes. Sólo hay que ver cómo han evolucionado las
iglesias monoteístas ante los avances científicos, hasta
hace 40 años todavía se enseñaba como algo cierto
en la escuela que los humanos veníamos de Adán y Eva, así
como todas las tonterías sobre el origen de la naturaleza, ante
la evidencia la Iglesia tuvo que ceder y actualmente se centran en que
su dios es el creador del Universo y sus leyes, crear la primera célula
y darle un “alma” a una pareja de monos para convertirse en
humanos. Realmente patético.
Pero si vivimos en un mundo en el que casi todo tiene explicación,
en el que desde que hay métodos para confirmar apariciones y milagros
no se ha demostrado ni registrado ninguno, ¿cómo es posible
que la gente crea en la Fe? La respuesta es el poder de la Iglesia, de
la secta o del brujo de la tribu que hace creer a sus acólitos
que si confían en ellos tendrán un mundo mejor cuando mueran,
es decir, la gente sabe que la están engañando, pero prefiere
confiar y mantener un culto por el simple hecho de tener miedo a la muerte.
He aquí donde empieza la responsabilidad y culpa del individuo,
en lo que llamo el miedo del humano errante.
EL MIEDO
DEL HUMANO ERRANTE
El ser humano es
el único ser vivo del planeta (no consideraré a chimpancés
y delfines) que tiene conciencia de sí mismo, lo que le permite
reflexionar sobre sí mismo, su entorno, el pasado y el futuro.
Desde el punto de vista de la evolución nos ha sido de gran provecho,
pero parece como si esa reflexión continua nos llevara siempre
a la misma y última pregunta: ¿Qué pasa cuando morimos?,
la respuesta es evidente, lo mismo que al resto de los seres vivos del
planeta, que nos descomponemos totalmente, incluido este cerebro tan complejo.
Sin embargo una respuesta tan evidente, sobre todo ahora, no es aceptada
por la mayoría de la gente. La única explicación
es que desde pequeñitos nos son impuestos unos condicionamientos
que nos hacen creer que cuando muramos iremos a un cielo encantador, en
definitiva que somos inmortales, es decir, llevamos nuestro instinto de
supervivencia a unos extremos que si bien son totalmente absurdos, la
gente los prefiere por sentirse mejor.
El problema es fácil de resolver, con una educación en la
que no entren las religiones o supersticiones que producen esa falsa necesidad,
con la inculcación desde pequeñitos del escepticismo y valorar
la vida real que tenemos, llegaremos a un nuevo mundo en el que por supuesto
seguirá habiendo problemas pero en el que por fin seremos sociedades
libres que aceptarán la realidad tal y como es.
El ateísmo
es necesario, no por dogma sino porque es la verdad

Así lo vi,
así os lo cuento.
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