Por Plinio el insurrecto
(Noviembre 2002)
Casi todos los años podemos
asistir a través de las imágenes de televisión a
las numerosas inundaciones que ocurren en el mundo. Más recientemente
hemos visto como en Cataluña y Levante las trombas de agua arrastran
coches, convierten las carreteras en ríos, inundan casas y destruyen
cosechas.

Es de sobra conocido que en los ambientes
mediterráneos, son frecuentes y normales episodios de lluvias torrenciales,
seguidos de épocas de sequía más o menos prolongada.
Sin embargo, estas imágenes se repiten casi año tras año.
Esto nos hace pensar que de alguna manera la actividad humana tiene mucho
que ver con lo que conocemos como desastres naturales.
España sigue con el enfoque
propio de principios del siglo XX, cuando se pensaba que la naturaleza
se podía dominar mediante aplicaciones de la ciencia y tecnología.
Este enfoque ha contribuido a la construcción de grandes obras
hidráulicas y a una gestión del agua orientada a beneficiar
a determinados sectores económicos. Esto ha llevado a que la inmensa
mayoría de los ríos ibéricos estén regulados
mediante presas y pantanos, cuando no se ha desviado su cauce o se ha
impactado gravemente sobre el mismo.

Además, se construye y urbaniza
sin tener en cuenta ni respetar los cauces naturales de los ríos.
Es muy frecuente ver que en las ramblas mediterráneas (cauces secos
de ríos que son estaciónales), el elemento del paisaje más
habitual dentro de las mismas son las urbanizaciones o las construcciones
humanas. Generalmente y en los últimos años, se han hecho
grandes infraestructuras para que el agua que a veces discurría
por esa rambla en forma de torrente, se canalice hasta el mar por lugares
alternativos. Sin embargo, la experiencia ha demostrado en demasiadas
ocasiones que no siempre la tecnología puede hacerlo, ya que muy
a menudo la naturaleza es impredecible. A esta mala ubicación de
nuestros asentamientos e infraestructuras, podemos añadir que la
mayoría de ríos mediterráneos (y europeos) discurren
por canales construidos por el hombre, donde no existe una llanura de
inundación ni una vegetación natural de ribera que frene
y filtre las subidas naturales de caudal del rió (es el caso de
las inundaciones del agosto pasado en Alemania). También, en el
interior peninsular, no es raro encontrar urbanizaciones humanas en las
cubetas de lagunas desecadas; lagunas que cada cierto tiempo vuelven a
inundarse.
Ejemplos de un río canalizado
y en régimen natural
Los países más solventes
económicamente ya han revisado sus políticas hidráulicas
y se esta invirtiendo mucho dinero en intentar recuperar la mayor naturalidad
en su relación con el agua. Varios estudios y experiencias científicas
han demostrado que, por ejemplo, los ríos en régimen natural
y con buena vegetación de ribera, depuran más fácilmente
los contaminantes y previenen de las inundaciones; es decir, manteniendo
los cauces naturales de los ríos se ahorra más dinero a
largo plazo del que producen las presas y grandes embalses.
Siempre se ha dicho que España
es un país deficitario en agua, lo cual es inexacto. Seria más
exacto decir que en la Península Ibérica las precipitaciones
no son iguales a lo largo de todo el año ni a lo largo de todo
el territorio debido a su posición y características geográficas.
También se ha justificado
que debido a la escasez de agua, necesitamos de grandes infraestructuras
hidráulicas para poder asegurar el suministro y que todo el mundo
pueda hacer uso del agua. Pero la realidad es que el supuesto problema
de la falta de agua en España, no es fruto de la poca disponibilidad
del recurso, sino de la mala gestión del mismo.
Todas las obras hidráulicas
de la actualidad se justifican diciendo que es para asegurar el agua a
las zonas más deficitarias. Pero la verdad es muy distinta. Todas
estas obras de regulación no podrán cubrir las demandas
de agua del arco mediterráneo, que ha sido artificialmente potenciada
y que continúa aumentando. No hay que olvidar que se esta pidiendo
agua para continuar con un modelo de desarrollo y unos usos que, a día
de hoy, son absolutamente insostenibles, como campos de golf, urbanizaciones
de lujo, incremento desmedido del turismo o planes agrícolas de
regadíos abusivos.
Fruto de esta política es
el Plan Hidrológico Nacional (PHN) que el gobierno acaba de aprobar.
El gobierno vende el argumento de que el PHN paliara la falta de agua
de los agricultores mediterráneos. Sin embargo, similares planes
hidrológicos anteriores han causado un aumento vertiginoso en el
déficit de agua (ahora falta más agua que antes). Esto ocurre
porque la expectativa de la llegada de más agua, dispara los regadíos
abusivos, la agricultura de invernadero, la construcción de nuevas
urbanizaciones y de grandes complejos de ocio como Terra Mítica,
etc...con el resultado de que, al final, el margen que hay entre el agua
disponible y la que se demanda no hace más que aumentar.
Pero el PHN va a mover unos 4 billones
de pesetas (muchos euros). De forma directa, este dinero va a ir a parar
a las grandes constructoras, y cuando el agua llegue a las zonas receptoras,
se utilizara para nuevas urbanizaciones y zonas de regadío pertenecientes
a grandes empresas agrícolas. Zonas de regadío e invernaderos
que dejarán de ser rentables en un futuro muy próximo, ya
que la tierra sobre la que se sustentan se empobrecerá y resultara
muy caro fertilizarla de nuevo; además, los productos hortícolas
de países en desarrollo serán mucho más baratos.
La triste realidad es que la actual
gestión y política del agua, proporciona beneficios impensables
para unas pocas familias y grandes empresas y multinacionales, pero compromete
el futuro de la población. Las obras hidráulicas de este
calibre tienen un impacto muy negativo sobre el medio ambiente y la biodiversidad.
Son muchas las especies afectadas y muchos los ecosistemas destruidos,
y también mucho más elevada la probabilidad de provocar
desastres naturales.
Una adecuada gestión del agua
consistiría en limitar y modificar el turismo hacia un modelo más
sostenible, en diseñar planes agrícolas adecuados a las
condiciones naturales del terreno (hace 5000 años que los habitantes
de estas áreas desarrollaron una agricultura en equilibrio con
el medio), en diseñar una política social de ahorro; en
definitiva, se trata de fomentar una política y economía
de desarrollo sostenible