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TODOS SOMOS FRANCOTIRADORES
Por Aristarco el Bolchevique
(noviembre
2002)
Una vida humana es extremadamente
valiosa, es una combinación genética única que nunca
se ha dado antes y nunca más se dará. Pero para la inmensa
mayoría de nosotros hay vidas importantes y vidas prescindibles,
vidas cuya pérdida merecen ocupar páginas de periódicos
y horas de telediario mientras otras se apagan ante nuestra indiferencia
más absoluta. No se trata de que lloremos más a familiares
y amigos, lo cual es comprensible, se trata de que nos impacta más
la muerte de unos pocos desconocidos en ciertas partes del mundo y por
unas causas concretas que la de millones en otros lugares y por otros
motivos que venden menos.
El último informe de la FAO
nos habla de 9 millones de personas que mueren al año de hambre
en el mundo, entre los cuales 6 son niños menores de cinco años.
Además, se cuentan 840 millones de personas desnutridas, de las
que 799 millones son habitantes de los países pobres, 30 millones
de los países en transición y 11 millones de los países
industrializados. Estas cifras tan devastadoras no abren informativos
ni ocupan primeras páginas, se nos citan de pasada sin que calen
en la conciencia colectiva.

¿A quién le importa?
No hace falta ser un genio de las
matemáticas para calcular a partir del informe de la FAO que perecen
al día de media casi 25000 seres humanos por falta de alimentos,
esto sin contar los niños que caen victimas de enfermedades provocadas
por falta de nutrientes, como ceguera o deterioro irreversible del desarrollo
intelectual.
Mientras, el mundo rico ha seguido
con interés y morbo las correrías de un francotirador en
Washington, quien en sus primeros 20 días de actividad asesinó
a 10 personas. Esas 10 vidas son tan preciosas como todas, pero tampoco
hace falta ser Newton ni Einstein para calcular que en esos mismos 20
días murieron quinientas mil personas de inanición. Cada
una de las víctimas del francotirador ocupa una página en
cualquier periódico y unos 3 minutos en cualquier telediario de
occidente. Si este mundo tuviera lógica habría que editar
periódicos de 25000 páginas y serían necesarios telediarios
de 75000 minutos (unos 52 días) para explicar con el mismo y merecido
detalle cada víctima mundial diaria del hambre.
No nos es difícil ponernos
en la piel de los familiares de los abatidos por el francotirador, y suponer
los momentos de desconsuelo que estarán padeciendo, tampoco nos
cuesta nada imaginarnos siendo asesinados sin ninguna razón, sin
ni siquiera saber de donde vino la bala. Sin embargo, no somos capaces
ni remotamente de experimentar el sufrimiento de cada una de las 25000
personas diarias que no llegan al final del día por no tener nada
que echarse a la boca. Si lo hiciéramos, nuestro umbral de padecimiento
quedaría saturado en pocos segundos y no podríamos pensar
en otra cosa nunca más. Nuestras defensas mentales se activan y
nos obligan a mirar a otro lado.

Típica imagen que nos
hace desviar la mirada
Los 10 abatidos por el francotirador
padecieron una muerte indigna, inútil e inexplicable. No menos
indigna, inútil e inexplicable resulta la de los protagonistas
del informe de la FAO. Podemos señalar con el dedo al francotirador
y decir con convicción: “él es el culpable”,
pero la mayoría de nosotros no nos preguntamos quien es el culpable
de las hambrunas mundiales, si lo hiciéramos tendríamos
también alguien a quien señalar con el dedo, y ese dedo
apuntaría hacia nosotros mismos.
Porque no cabe duda de que la responsabilidad
de los males del mundo la tienen, por acción u omisión,
los gobernantes que elegimos en los países ricos, y por tanto todos
nosotros por permitírselo. No sólo en el pasado esquilmamos
las naciones pobres para después dejarlas a su suerte, además,
en el presente fabricamos y vendemos el armamento que alimenta a los señores
de la guerra locales, quienes usan el hambre como estrategia para sus
oscuros intereses. Por no mencionar la política agrícola
de EE.UU. o la UE, cargada de excedentes y de subvenciones a la improducción,
o los aranceles impuestos a los países pobres.

El acusado de francotirador.
No es más asesino que nosotros
La FAO calcula que harían
falta 24000 millones de euros anuales hasta el año 2015 para reducir
a la mitad el número de cadáveres por inanición.
No es un objetivo demasiado ambicioso y habría que multiplicar
los esfuerzos para acabar cuanto antes con la penosa situación.
Pero no van por ahí las intenciones de los países ricos.
El líder del imperio, ese
inepto llamado Bush, ha emprendido una cruzada paranoica contra el terrorismo,
con un presupuesto militar de 300000 millones de dólares anuales,
cifra que le parece escasa y pretende ampliar de forma que en poco tiempo
se calcula que tendrá más gastos en ejército que
el resto del planeta junto. Todo ello con el apoyo rastrero de una UE
encabezada por Blair, Aznar y Berlusconi.
Queda claro pues que si no hay una
campaña mundial contra el hambre no es por falta de recursos, la
causa es el desinterés de un occidente cuyos habitantes llaman
asesino a quien disparó a 10 personas y a la vez permiten la muerte
de millones. Un occidente en el que todos deberíamos considerarnos
francotiradores, criminales que tenemos en nuestros puntos de mira a una
cifra inmensa de inocentes que mueren en este momento ante nuestra vergonzosa
indiferencia.
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